Su planteamiento implica incorporar información sobre las dependencias ambientales de los proyectos y evaluar sus consecuencias a cinco, 10 o 15 años, en lugar de limitar el análisis a los resultados financieros del siguiente trimestre.
Calvet también propuso utilizar las tasas de interés como incentivo. La directiva explicó que existen créditos vinculados al desempeño sostenible en los que las condiciones financieras mejoran si las empresas cumplen metas verificables, por ejemplo, de reducción en el consumo de agua, y se encarecen cuando incumplen.
"Un banco se vuelve cómplice cuando da la misma tasa al que destruye y al que conserva", señaló Calvet.
El financiamiento, sin embargo, es solamente una parte de la transformación. Julia Carabias, bióloga e investigadora de la UNAM, identificó la producción de alimentos como una de las prioridades para México, debido a la presión que ejerce la expansión agrícola sobre los ecosistemas.
A su juicio, el país necesita replantear toda la cadena alimentaria, desde qué produce y cómo utiliza el territorio hasta la distribución y el consumo. También propuso concentrar inicialmente los esfuerzos de conservación en zonas prioritarias por su biodiversidad y riqueza cultural.
Martha Delgado, presidenta de APCO México, identificó también como contradicción económica los beneficios de conservar bosques, agua y biodiversidad alcanzan a toda la sociedad, mientras que buena parte de los costos recaen sobre las comunidades que habitan esos territorios.
Delgado advirtió que, sin mecanismos de compensación suficientes y políticas públicas que trasciendan los cambios de gobierno, será difícil ampliar los proyectos que ya han demostrado resultados.
Desde la perspectiva comunitaria, Eduardo Chankin, naturalista maya y miembro de la Comisión de Educación y Comunicación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, sostuvo que los pueblos indígenas no deben participar únicamente como aliados de proyectos diseñados fuera de sus territorios.
"Nosotros los pueblos originarios somos modelos de coexistencia con la naturaleza que puede guiar el futuro de la conservación global", dijo Chankin.