El problema para los negocios es que una reducción del suministro no necesariamente elimina los riesgos asociados a la calidad del agua. Incluso cuando el servicio se mantiene, las empresas necesitan verificar que cumpla con las condiciones requeridas para cada actividad. De lo contrario, deben recurrir a fuentes adicionales, sistemas de filtración o almacenamiento, inversiones que pueden convertirse en gastos permanentes si la infraestructura pública no recupera su confiabilidad.
Efraín Garza, gerente senior de Desarrollo de Negocios Agua de Veolia en México, explica que la crisis responde a una combinación de factores: infraestructura envejecida, fuentes de abastecimiento con problemas de calidad, presión sobre las plantas potabilizadoras y una red de distribución que requiere modernización.
Según el especialista, las precipitaciones extraordinarias, como las que se vivieron en septiembre, incrementan el arrastre de sólidos y contaminantes hacia los cuerpos de agua, modificando las características del recurso que llega a las instalaciones de tratamiento. Algunas de estas plantas fueron diseñadas para condiciones distintas a las que enfrentan actualmente.
A ello se suman los resultados de monitoreos realizados entre marzo y junio de 2026 en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco en los que se reportó ausencia de cloro residual en gran parte de las muestras, presencia de bacterias y detección de metales como plomo, mercurio y aluminio, además de nitratos y nitritos.
La regulación mexicana establece parámetros específicos para determinar la seguridad del agua bajo la NOM-127-SSA1-2021, que está vigente desde abril de 2023 y que fija límites físicos, químicos y microbiológicos que deben cumplir los sistemas públicos y privados de abastecimiento. Entre ellos se encuentran los relacionados con turbiedad, presencia de sustancias químicas y microorganismos.
Para una empresa, incumplir estos estándares en el agua destinada al consumo humano implica consecuencias operativas, pues por ejemplo un restaurante necesita agua segura para preparar alimentos, lavar utensilios y mantener condiciones de higiene. Los hoteles la requieren para habitaciones, lavandería y servicios de alimentos, mientras que los hospitales dependen de suministros de calidad controlada para limpieza, esterilización y determinados procedimientos médicos.
En la industria, una alteración en la composición del agua puede afectar equipos, sistemas de enfriamiento o la calidad del producto final. En estos casos, las empresas deben evaluar si resulta necesario incorporar etapas adicionales de tratamiento o sustituir temporalmente el suministro.
El impacto económico también comprende el transporte, almacenamiento, análisis de laboratorio, mantenimiento de filtros y posibles interrupciones de actividades. Sin embargo, todavía no existe una estimación pública consolidada que permita cuantificar cuánto está costando esta contingencia al conjunto de las empresas de Guadalajara.