Finalmente, una vez que se han retirado los minerales y degradado la materia orgánica, el líquido restante pasa por una etapa de clarificación para eliminar las partículas que aún permanecen en el agua. El resultado es agua tratada que, al cumplir con los parámetros establecidos por la normativa, puede reutilizarse en actividades que no requieren agua potable, como el riego agrícola o el lavado de pisos e instalaciones.
"En las comunidades, el nejayote generalmente se tira y se esparce sobre la tierra. Quienes tienen jardines o huertas suelen utilizarlo para regar, pero los propios productores reconocen que no pueden aplicar demasiado porque el suelo se vuelve más duro y alcalino. Incluso señalan que, durante la temporada de secas, la tierra llega a adquirir una coloración blanca”, agrega Cervantes.
Los retos de implementación
El investigador del Tecnológico de Monterrey indica que uno de los principales retos para llevar esta tecnología a las tortillerías es la diversidad de procesos con los que se produce el nejayote, pues explica que en los pequeños establecimientos, la cantidad de cal, agua y maíz utilizada puede variar según el método de cada productor y la variedad de grano. A esto se suma la falta de espacio para instalar el sistema en negocios que procesan menos de 500 kilogramos de maíz al día.
En la industria a gran escala, el desafío es distinto, ya que empresas como Gruma y Minsa tienen procesos más estandarizados, pero generan grandes volúmenes de nejayote, lo que requiere sistemas capaces de operar de manera continua y con mayor control. Además, el marco regulatorio limita las posibilidades de reutilizar el agua tratada, ya que actualmente permite principalmente usos de contacto indirecto, como el riego agrícola o el lavado de instalaciones.
Otro reto es encontrar un modelo de implementación que funcione para cada tipo de usuario, ya que mientras algunas tortillerías podrían buscar principalmente evitar problemas por el manejo del nejayote, otras estarían interesadas en recuperar energía o aprovechar comercialmente la hidroxiapatita. Por ello, indica, el proyecto requiere soluciones adaptables y financiamiento para pasar de los prototipos a sistemas comerciales, así como vincular la tecnología con compradores interesados en los materiales recuperados.
"Otra de las cosas que estamos esperando son oportunidades de venture capital para llevar estos pilotos a escenarios reales. Nos estamos acercando cada vez más a una lógica emprendedora; es, en buena medida, un cambio de mentalidad", apunta Cervantes.