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DiDi Shop, Bioelements y la UNAM colocan 3.5 millones de bolsas compostables en México

Las bolsas compostables de DiDi Shop llegarán en su primera etapa en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Mexicali y Tijuana, dónde se evitará 74 toneladas de dióxido de carbono (CO2).
Repartidores de DiDi Shop utilizando bolsas compostables en entregas
La plataforma sustituye bolsas de plástico por empaques elaborados con subproductos de maíz, validados por la UNAM. El reto será garantizar su tratamiento adecuado y medir los beneficios ambientales de la iniciativa. (Gemini/Bioelements)

DiDi Shop busca sustituir 3.5 millones de bolsas de plástico convencional por empaques compostables en México, en una estrategia que combina innovación en materiales de Bioelements, la validación técnica del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una mejora en la distribución a través de su red de entregas.

El proyecto busca reducir el impacto de los plásticos de un solo uso en un país donde se generan 3.6 millones de toneladas de residuos de bolsas de plástico al año, equivalentes a 8.7% de los residuos sólidos, según cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

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Andreas Macher, director de DiDi Shop Latinoamérica, explica que la compañía ya distribuye 500,000 bolsas compostables al mes y busca alcanzar la meta de 3.5 millones al cierre del año. De acuerdo con las estimaciones de la empresa, la sustitución evitaría que 38 toneladas de plástico convencional entren en circulación y reduciría hasta 60% las emisiones asociadas a la disposición de los empaques, equivalente a 74 toneladas de CO2.

“Sabemos que el reto no termina en el material. El tratamiento adecuado de residuos compostables en México todavía depende de infraestructura que no existe en todas las ciudades”, señala Macher.

Las bolsas están elaboradas con subproductos agrícolas e incorporan entre 20% y 40% de almidón de maíz. Según la información técnica proporcionada por las compañías, cumplen con las normas NMX-E-273, ISO 14855 y EN 13432, y en las pruebas reportadas se compostaron en un periodo máximo de seis meses. Bajo las condiciones de ensayo correspondientes, el material se transforma en composta o biomasa, agua y dióxido de carbono, sin dejar microplásticos en un periodo de seis meses.

El uso de subproductos agrícolas permite aprovechar materiales existentes sin competir directamente con la cadena de suministro destinada a la producción de alimentos. Sin embargo, la composición de los empaques no determina por sí sola su impacto ambiental: también deben evaluarse su fabricación, transporte, desempeño y disposición final.

“Realizar una transición ecológica a nivel global con resultados medibles debe ser un compromiso conjunto entre instituciones, empresas y autoridades”, afirma Neftalí Rojas, de la Coordinación de Ingeniería Ambiental del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

La iniciativa tiene alcance nacional y aprovecha la infraestructura de DiDi Shop, presente en 60 ciudades. Entre los mercados mencionados por la compañía están Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Mexicali y Tijuana, aunque no se han detallado objetivos de distribución específicos para cada localidad.

DiDi Shop asume el costo de los empaques y los entrega sin cargo a sus repartidores. La empresa busca demostrar que una alternativa compostable puede operar a gran escala con un costo viable, con la posibilidad de incorporar posteriormente a los más de 13,000 comercios conectados a la plataforma sin generar sobrecostos.

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Los retos y el impacto de las bolsas compostables

Ignacio Parada, director general de Bioelements, reconoce que México mantiene brechas en infraestructura para la separación, recolección y tratamiento de residuos. Sin embargo, considera que la transición hacia materiales alternativos debe avanzar en paralelo con el desarrollo de esa infraestructura. A su juicio, las operaciones de gran escala, como la de DiDi Shop, pueden contribuir a impulsar la demanda y facilitar la adopción de nuevas soluciones.

“En Bioelements creemos que el desafío no es solo desarrollar un mejor material. También es conseguir que, después de usarse, ese material llegue al lugar correcto. La innovación funciona cuando se conecta con la realidad de la gestión de residuos. No queremos prometer que una bolsa desaparece mágicamente en cualquier lugar. Queremos ofrecer alternativas al plástico tradicional con un desempeño que podamos demostrar”, agrega Parada.

El directivo señala que Bioelements ha reportado reducciones de hasta 60% en la huella de carbono de sus productos. No obstante, precisa que estos beneficios deben evaluarse mediante un análisis del ciclo de vida completo, que considere desde la obtención de las materias primas hasta la fabricación, el transporte y la disposición final, para comparar los resultados con los de una bolsa convencional equivalente.

“A mí me interesa que este tipo de proyectos se mida por el cambio que generan, no solo por el volumen que alcanzan. Porque el gran objetivo no es reemplazar una bolsa en una operación puntual; es demostrar que podemos transformar industrias enteras con soluciones que funcionan y que se pueden medir”, recalca.”, agrega Parada.

Para medir los resultados de la alianza, el directivo identifica cinco indicadores: el número de bolsas convencionales sustituidas y la cantidad de material reemplazado; la trazabilidad de las materias primas; la proporción de empaques que ingresa a sistemas adecuados de recuperación y tratamiento; la huella de carbono frente a un producto equivalente, y la validación técnica independiente de las propiedades del material.

La recuperación y el tratamiento de las bolsas representan uno de los principales desafíos del programa. Aunque las pruebas de laboratorio permiten evaluar la compostabilidad del material bajo condiciones específicas, esto no garantiza que todos los empaques reciban ese tratamiento después de su uso. Por ello, la disponibilidad de sistemas de compostaje y la correcta separación de los residuos serán factores relevantes para determinar el impacto efectivo de la iniciativa.

En el caso de DiDi Shop, la compañía prevé consolidar el programa durante 2027 y utilizar sus resultados operativos para evaluar una posible expansión a más comercios. La iniciativa forma parte de su estrategia global para alcanzar la neutralidad de carbono en toda su cadena de valor en 2045.

Como parte de sus acciones para reducir el impacto de las entregas, DiDi reporta que sus repartidores en Hispanoamérica utilizan alrededor de 20,000 bicicletas eléctricas y 10,000 motocicletas eléctricas.

Para Parada, el objetivo es que este tipo de proyectos se evalúe por los cambios ambientales que consigue y no únicamente por el volumen de empaques distribuidos. La escalabilidad de la solución dependerá de su viabilidad económica, su desempeño técnico y la capacidad de demostrar que la sustitución de materiales se traduce en una reducción efectiva de los impactos ambientales.

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