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De las canchas de futbol al tratamiento de agua: La lección de Países Bajos para utilizar el agua pluvial

En Países Bajos, canchas y espacios deportivos incorporan sistemas para captar, filtrar, almacenar y reutilizar agua de lluvia, con participación de gobiernos, clubes, empresas y centros de investigación.
Jugadora de futbol en una cancha mojada
La infraestructura deportiva puede convertirse en una herramienta para enfrentar lluvias intensas y sequías. Países Bajos ya utiliza canchas para gestionar agua pluvial y México comienza a experimentar con modelos similares. (Maja Hitij/Getty Images)

La resiliencia hídrica exige diversificar las fuentes de abastecimiento ante el cambio climático, la irregularidad de las precipitaciones, el creciente estrés hídrico y los riesgos de contaminación urbana. En Países Bajos, algunos espacios deportivos se han convertido en parte de la infraestructura para enfrentar dos fenómenos que ocurren de manera simultánea: lluvias intensas y periodos de sequía. La estrategia consiste en aprovechar el subsuelo de estas instalaciones para captar, filtrar, almacenar y posteriormente reutilizar el agua pluvial.

En las ciudades neerlandesas, las lluvias son frecuentes y, en algunos períodos, más intensas que en otras regiones de Europa. La urbanización ha reducido las superficies disponibles para la infiltración del agua, lo que aumenta la presión sobre los sistemas de drenaje. De acuerdo con datos de la International Climate Initiative (ICI), las zonas de infiltración en ese país pasaron de representar alrededor de 25% a 10%, mientras que los escurrimientos aumentaron de 10% a 55%. Al mismo tiempo, la evaporación disminuyó de 40% a 30%.

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Ante este escenario, investigadores de KWR Water Research Institute y Wageningen University & Research han estudiado sistemas capaces de almacenar agua de lluvia debajo de canchas de césped artificial y utilizarla posteriormente para enfriar sus superficies mediante evaporación. En pruebas realizadas en Ámsterdam, la solución alcanzó tasas de evaporación de hasta cuatro milímetros diarios durante el verano y contribuyó a reducir la temperatura de las superficies deportivas.

Una cancha que también funciona como reserva de agua

Uno de los casos más representativos se encuentra en Rotterdam, junto al estadio del Sparta Rotterdam, club de la Eredivisie. Ahí se desarrolló el proyecto Urban Waterbuffer, que incorporó infraestructura hidráulica debajo de un Cruyff Court, una cancha deportiva de césped artificial.

El sistema recibe agua de lluvia proveniente de calles, techos y otras superficies pavimentadas. Antes de llegar al subsuelo, el agua pasa por un proceso de pretratamiento que utiliza vegetación, arena y filtros naturales. Posteriormente, es infiltrada a unos 20 metros de profundidad, donde queda almacenada en un acuífero para su recuperación.

La infraestructura puede captar alrededor de 30 milímetros de lluvia procedentes de una superficie cercana a cuatro hectáreas. Esto representa unos 1,200 metros cúbicos de agua, equivalentes a aproximadamente 120 pipas de capacidad estándar.

El beneficio se produce en dos momentos. Durante las lluvias intensas, el sistema disminuye el volumen de agua que llega al drenaje y, con ello, contribuye a reducir el riesgo de inundaciones. Durante los periodos secos, el agua almacenada puede recuperarse para el riego de la cancha del Sparta Rotterdam y el mantenimiento de las áreas verdes cercanas.

“Se crea un sistema completamente circular, en el que los residentes pueden mantener los pies secos y el agua de lluvia se recicla”, señala un reporte de KWR Water Research Institute, organismo que participó en el desarrollo y monitoreo del proyecto.

La experiencia de Rotterdam también muestra que este tipo de infraestructura requiere más que una solución tecnológica. El Urban Waterbuffer fue desarrollado mediante un consorcio en el que participaron autoridades municipales, organismos de gestión del agua, empresas y centros de investigación. Compañías como FieldFactors y Codema aportaron tecnologías relacionadas con el tratamiento y almacenamiento del recurso.

El modelo plantea así un cambio en la manera de diseñar la infraestructura urbana: las superficies deportivas dejan de funcionar únicamente como espacios de recreación y pueden convertirse en componentes de sistemas para gestionar el agua de las ciudades.

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México comienza a llevar la idea a sus canchas

En México ya existen iniciativas que se aproximan a esta lógica, aunque bajo modelos distintos. Una de ellas es Rainmakers, desarrollada en Teotihuacán por love.fútbol, en colaboración con Manchester City y Xylem. El proyecto incorporó una cancha de futbol de 20 por 40 metros diseñada para captar, almacenar y reutilizar agua de lluvia, además de un sistema de purificación.

Manchester City señala que la infraestructura fue desarrollada como parte de su colaboración con Xylem y love.fútbol para generar una nueva fuente de agua para la comunidad. El proyecto busca atender la disponibilidad del recurso y, al mismo tiempo, recuperar un espacio público para actividades deportivas.

El aprovechamiento del agua de lluvia adquiere relevancia en un país donde la mayor parte de la precipitación no termina incorporándose a los acuíferos, ya que 73% de la lluvia se evapotranspira y regresa a la atmósfera, mientras que 20% escurre hacia ríos y arroyos y apenas 6% se infiltra en los mantos acuíferos, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Otra iniciativa es Rotogotas por el Gol, impulsada por Grupo Rotoplas y bebbia, en conjunto con Fundación Placemaking. El programa contempla instalar sistemas de captación de agua de lluvia en centros deportivos públicos de la Ciudad de México, con el objetivo de utilizar el recurso en actividades que no requieren agua potable y reducir la dependencia de la red hidráulica.

Estos proyectos todavía presentan diferencias frente al modelo neerlandés, porque mientras las iniciativas mexicanas están enfocadas principalmente en la captación, almacenamiento y aprovechamiento local del agua para usos no potables, en Países Bajos algunas soluciones incorporan almacenamiento subterráneo, tratamiento, infiltración, recuperación y reutilización dentro de un mismo sistema.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reconoce los avances de Países Bajos en materia de gestión y resiliencia hídrica, aunque advierte que el país continúa expuesto a sequías, temperaturas elevadas y lluvias extremas. En ese sentido, el organismo identifica la gestión adaptativa y las soluciones basadas en la naturaleza como herramientas para reducir la vulnerabilidad de las ciudades frente al cambio climático.

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