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Lo que el mercado ya distinguió del ESG

La disminución de los montos colocados en el mercado de bonos puede ser el inicio de un mercado mucho más ordenado, transparente y exigente.
distinción ESG
Las juventudes enfrentarán durante más tiempo las consecuencias de las decisiones que México tome hoy en materia ambiental y energética, por lo que su participación en estos debates cobra especial relevancia. (Galeanu Mihai/Getty Images)

Durante el último año, se ha escuchado bastante que “el ESG está muerto” en el sector de finanzas sostenibles. Mucho de esto puede ser resultado del primer decremento fuerte que se ha observado, tanto a nivel global como en México, en el mercado de bonos etiquetados. En 2025, los bonos etiquetados disminuyeron a nivel global alrededor de 17.0% en el monto colocado. En México, el mercado de bonos etiquetados presentó un comportamiento similar, con un decremento en 2025 de 25.0%. Observando estas cifras es fácil creer que este mercado fue una moda y ya está muriendo; sin embargo, también puede ser el principio de un mercado mucho más ordenado, transparente y exigente.

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México en 2026 está demostrando este último comportamiento. Durante el primer semestre de 2026, se ha mostrado una fuerte recuperación en el mercado de deuda etiquetada. De enero a junio de 2026, en México se han colocado cerca de 198,000 millones de pesos, lo que representa un incremento de 132% con respecto al mismo periodo de 2025. Ese incremento se ve respaldado por los emisores recurrentes, principalmente el Gobierno Federal con los bonos soberanos. En enero, México emitió 4,750 millones de euros en bonos sostenibles, convirtiéndose en una de las mayores colocaciones etiquetadas hecha por un soberano fuera de Europa. El punto relevante para analizar aquí no es la recuperación del mercado de bonos etiquetados, mientras que otros mercados, como los fondos ESG, disminuyen, sino analizar la razón por la cual uno crece mientras que el otro disminuye.

En mi consideración, no estamos en una contradicción, sino en un momento del ciclo de vida del sector de limpieza. Esto debido a que no está disminuyendo el apetito por financiar la transición, sino que se está cambiando la estructura del sector. Durante años, las etiquetas ESG en los bonos se convirtieron en un aditivo que se agregaba a cualquier instrumento con solo quitar tabaco y armas de la lista; con esto quedaba clasificado como sostenible. Sin tener información y datos duros, sin tener un castigo por incumplimiento, estas etiquetas se convirtieron en el aditivo perfecto para vender rápido. Pero por esa misma razón, el mercado de bonos etiquetados fue el primero en desplomarse cuando los inversionistas se cansaron de la falta de transparencia, el greenwashing, y se pusieron más exigentes.

Y sobre este tema del greenwashing es relevante detenerse a analizar algo que durante el Expansión ESG Summit se habló mucho por primera vez: la mayoría de los casos de greenwashing no nacen de la mala fe, sino del desconocimiento. En la mayoría de los casos, las empresas lanzan metas o estrategias sostenibles, sin haber evaluado por completo el ciclo de vida, las posibles externalidades, cometiendo errores de gobernanza y sin una estrategia correcta y de total transparencia en la comunicación. En muchos casos, los casos de greenwashing no son intencionados; más bien son procesos mal hechos que se comunicaron como si estuvieran bien estudiados.

Algo importante a considerar es que no sobrevive la empresa perfecta, sino la que se adelanta a los posibles riesgos y errores, los detecta y los corrige antes de que alguien más lo saque a la luz. Eso demuestra compromiso al objetivo central de las finanzas sostenibles. Para mí, esa es la verdadera transparencia, el riesgo a errores existe, mitigarlos es responsabilidad de las entidades y, en caso de que sucedan, ser rápidos y transparentes para repararlos es parte de la estrategia ESG.

Esa misma lógica es la que debería separar a la deuda etiquetada que se ha recuperado con respecto a otros instrumentos ESG, como los fondos. Aunque es importante recalcar algo: el mercado de deuda etiquetada aún tiene mucho trabajo que hacer. El mercado de bonos etiquetados en México, igual que el de fondos, sigue sin estar bien regulado, y eso deja un riesgo grande; el poder etiquetarlos sin tener un marco de referencia bien estructurado ni verificación externa real detrás. La diferencia no es que la deuda etiquetada ya sea transparente, sino que, actualmente, con presión de inversionistas y una buena estructuración, existe la posibilidad para exigirlo, considerando metas específicas, cupones atados a resultados y reportes de seguimiento. No obstante, sin ser regulado, que exista la estructura no significa que ya se esté usando bien; significa que le da la posibilidad a calificadoras y verificadores de exigir y revisar, y eso todavía es trabajo pendiente, no un logro.

Ahí está, de hecho, el papel que nos toca a calificadoras, verificadores, inversionistas y bancos estructuradores, no certificar al 100% en el momento previo a la colocación, sino ayudar a las empresas a construir el proceso transparente. Esto se realizaría integrando revisiones periódicas post-colocación, de tal manera que esto se convierta en el proceso de algo real y no en otra promesa.

Si el ESG como etiqueta de marketing se ha muerto, démosle la bienvenida. Lo que debería preocuparnos no es que eso ya no exista, sino que lo que lo está sustituyendo no termine repitiendo el mismo error. México ya tiene el instrumento que funciona, comprobado por la recuperación, emisores recurrentes y la demanda. Lo que falta es que toda la industria aprenda, como en cualquier ciclo de vida, a encontrar sus propios errores primero.

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Nota del editor: Luisa Adame cuenta con experiencia en el sector financiero desde el 2014 e inició su carrera profesional dentro de HR Ratings.

Desde el 2016, se ha especializado en Finanzas Sustentables. Luisa es Certified Environmental, Social and Governance Analyst (CESGA) por la European Federation of Financial Analysts Societies (EFFAS) y cuenta con el Certificado en Inversión ESG otorgado por el CFA Institute.

Actualmente, es Directora de Sustainable Impact en HR Ratings, donde analiza estructuras financieras temáticas y ligadas a la sustentabilidad, así como el impacto sustentable de los proyectos financiados y el impacto de los objetivos de desempeño sustentable al que las entidades se han comprometido. Asimismo, analiza las entidades desde un punto ambiental, social y de gobernanza (ASG).

Luisa es Licenciada en Finanzas por la Universidad Iberoamericana.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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