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Dalus Capital quiere que las startups también sean motores de impacto

Diego Serebrisky, cofundador de Dalus Capital, explica que ahora busca compañías que, además de generar retornos financieros, contribuyan a resolver problemas sociales y ambientales.
Diego Serebrisky, cofundador de Dalus Capital y logo de Game Changers
Para Diego Serebrisky, cofundador de Dalus Capital, dijo que financiar soluciones sociales y ambientales no implica renunciar al retorno financiero que buscan los inversionistas de venture capital. (Anylú Hinojosa-Peña)

Diego Serebrisky ha visto nacer empresas tecnológicas en América Latina durante más de una década. Ha acompañado a los fundadores y ha participado en el desarrollo del venture capital. Pero, en los últimos años, su conversación dio un giro: si antes se preguntaba qué startup podía convertirse en la siguiente gran empresa tecnológica, ahora también busca las que contribuyan a resolver desafíos sociales y medioambientales.

Ese cambio surgió desde la convicción del equipo que lidera en Dalus Capital, firma que nació en 2011, cuando el ecosistema del emprendimiento tecnológico apenas se formaba. “Somos de los fondos pioneros de venture capital en México y Latinoamérica”, cuenta Serebrisky, quien en ese momento inició dispuesto a mirar cualquier inversión con la tesis de que las startups podían convertirse en un motor de desarrollo económico.

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“El crecimiento en las economías alrededor del mundo viene, principalmente, por las empresas tecnológicas, que son las que generan productos y empleos”, recuerda.

En aquel momento, el fondo se mantenía sin especializarse en un sector; pero, a finales de 2018, la conversación del equipo giró hacia un tema del que poco se hablaba aún en la industria. “Algunos dijimos: ‘Oye, nos preocupa esto del cambio climático y las implicaciones que va a tener y no estamos viendo, sobre todo, en México y en Latinoamérica’”, detalla Serebrisky, quien decidió dirigir la inversión a startups que buscaran soluciones para retos ambientales y sociales.

Así, estructuró toda su estrategia alrededor del concepto de inversión de impacto y se definieron tres grandes ejes: inclusión, productividad empresarial y clima. La primera categoría reúne compañías enfocadas en ampliar el acceso a servicios financieros, salud y educación mediante la tecnología. La segunda busca aumentar la competitividad de las pymes a través de herramientas digitales e inteligencia artificial. La tercera concentra startups que desarrollan soluciones para reducir emisiones o facilitar la adaptación al cambio climático.

En acción

Clip es uno de sus casos de éxito más conocidos. Dalus Capital apostó por la fintech cuando el acceso a medios digitales de pago para pequeños negocios era limitado, de modo que simplificó ese proceso al ofrecer soluciones fáciles de contratar y operar, y eso permitió incorporar a miles de comercios al sistema financiero formal.

“Lo interesante es que Clip tiene millones de comercios y el 80% de ellos no tenía una solución de pagos antes de Clip”, explica el directivo. “Eso está generando inclusión financiera”. De acuerdo con su ‘Reporte de impacto’, la mitad de las empresas financieras en las que invierte amplió el acceso a sus productos y servicios durante 2023, incorporando 425,000 nuevos usuarios. Además, sus fintech enfocadas en consumidores facilitaron 33 millones de dólares en financiamiento, un crecimiento del 322% respecto al periodo anterior.

Enfocarse en startups de impacto transformó la operación de Dalus, que no solo desarrolló una política de ESG (ambiental, social y de gobernanza) que hoy forma parte de su proceso de inversión, sino que generó reportes anuales de impacto sobre las empresas de su portafolio. También se adhirió al 2X Challenge, una iniciativa lanzada en la Cumbre del G7 de 2018 para impulsar el acceso de las mujeres al liderazgo empresarial, el empleo y el financiamiento, además de incorporar una serie de cláusulas tanto en sus contratos de inversión como en las start-ups de su portafolio, incluso para las que no las tenían cuando recibieron el capital.

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“Es cómo evangelizar. No todos los emprendedores están pensando en estos temas”, afirma Serebrisky. “Lo que queremos es destacar la importancia que tienen y que los implementen”.

La lógica de este acompañamiento es que, si incorporan estas políticas desde sus primeras etapas, estarán mejor preparadas para acceder a alianzas estratégicas, clientes corporativos, financiamiento o crédito bancario, que cada vez exigen más estándares ESG, si bien Serebrisky explica que, aunque Dalus Capital busca impulsar empresas con impacto, nunca ha planteado sustituir la disciplina financiera por esos criterios. “Tenemos que generar un retorno financiero atractivo, porque si no lo hacemos, no va a haber inversionistas. Pero, asumiendo que vamos a generar retorno, queremos inversiones que generen este impacto positivo”.

La forma de evaluar las inversiones ha redefinido la composición del portafolio del fondo y la manera en que Serebrisky entiende al inversionista. Desde su perspectiva, financiar una start-up no consiste solo en aportar capital, sino en participar desde el inicio en la construcción de empresas que, conforme escalan, puedan transformar industrias completas.

Para él, el impacto no es un concepto abstracto ni una etiqueta dentro del discurso corporativo. Debe traducirse en la capacidad de resolver un problema y demostrar que su solución puede escalar.

El siguiente reto, más allá de convencer de que las start-ups pueden generar impacto, es lograr que más capital apueste por ellas. Si bien el mercado de inversión de impacto ha ido ganando adeptos, aún es incipiente y hay pocos datos de su tamaño. La Red Aspen de Emprendedores para el Desarrollo (ANDE) estima que el mercado ronda entre 1,390 y 1,720 mdd de activos bajo gestión, lo que representa menos del 1% del total de activos de los fondos de inversión en México.

Aun así, Serebrisky señala que el país ya cuenta con emprendedores más experimentados, fondos especializados y corporativos dispuestos a colaborar; lo que falta, más bien, es que los inversionistas de mayor escala aceleren el paso. “Si quieres tener un impacto mayor como sociedad, como institución o como gobierno, sí deberías empujar un poco más a esa parte”, sostiene.

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