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FIRA busca reducir 30% el uso de fertilizantes dañinos a la biodiversidad de 100,000 hectáreas

A través de un bono de biodiversidad, la financiará prácticas agrícolas que buscan disminuir la degradación del suelo, reducir costos de producción y mantener los rendimientos del maíz.
Agricultor en su siembra de maíz
La institución plantea llevar el financiamiento sostenible más allá de la mitigación climática, con créditos que incentivan el cuidado de los microorganismos del suelo y la eficiencia en el uso de fertilizantes. (Mario Jasso)

Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) buscan demostrar que reducir el uso de fertilizantes químicos puede mejorar la rentabilidad de los productores y conservar la productividad agrícola, ya que la recuperación de los microorganismos del suelo comienza a convertirse en una variable económica para el campo mexicano y que se puede recuperar mediante un esquema de crédito que vincula los incentivos financieros con prácticas favorables para la biodiversidad.

Jesús Elizondo, director general de FIRA, explica que la estrategia del bono de biodiversidad por 6,297 millones de pesos parte para atender un problema productivo: la dependencia de insumos químicos que elevan los costos y pueden agravar la degradación del suelo. El organismo identificó una oportunidad para incorporar la biodiversidad al financiamiento agrícola a partir de una práctica concreta como disminuir la aplicación de nitrógeno sin reducir las toneladas cosechadas.

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“Una hectárea de maíz en nuestros experimentos puede lograr las mismas 12 toneladas que se obtienen en Sinaloa, pero bajando la dosis de fertilizante químico un 30%. El productor aplica alrededor de 400 unidades de nitrógeno, cuando debería utilizar 280, de acuerdo con la literatura y los análisis de nuestros técnicos”, explica Elizondo.

El incentivo económico busca facilitar el cambio de prácticas en un sector donde el uso intensivo de fertilizantes forma parte de los métodos de producción desde hace décadas. A través del programa Sustenta+, FIRA ofrece un descuento de tres puntos porcentuales en la tasa de interés del crédito y 2,800 pesos para la compra de biofertilizantes registrados ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

La lógica es reducir la dependencia de un insumo cuyo precio puede aumentar de forma abrupta. Elizondo señala que el costo de los fertilizantes se incrementó 40% durante el ciclo agrícola al que se refirió en la entrevista. En ese contexto, bajar su utilización permitiría contener los gastos por hectárea, siempre que se mantengan los rendimientos.

“Lo más difícil es convencer a un productor de que debe aplicar menos fertilizante químico cuando lleva haciéndolo 60 años, no solamente él, sino toda su familia y sus antecesores. El incentivo económico es un factor potente de convencimiento, pero también necesitamos acompañarlo con asistencia técnica para que no pierda toneladas”, señala el director general de FIRA.

El programa comenzó con una prueba piloto durante el ciclo otoño-invierno 2025-2026, con una cobertura aproximada de 20,000 hectáreas. Después de realizar ajustes operativos durante esa primera etapa y en el ciclo primavera-verano, la institución busca ampliar su alcance durante el otoño-invierno 2026-2027 a 100,000 hectáreas, periodo al que se destinarán los recursos asociados con su bono de biodiversidad.

Elizondo destaca que el desafío consiste en extender el modelo sin comprometer la seguridad económica de los agricultores, especialmente en un contexto de mayor presión climática y volatilidad en los precios de los granos.

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Medir la biodiversidad desde el crédito

Uno de los elementos que distingue al programa es la incorporación de mecanismos de seguimiento para evaluar si las prácticas financiadas producen beneficios ambientales. Los agricultores deben comprometerse a reducir la aplicación de nitrógeno, recibir supervisión técnica y reportar información sobre sus parcelas, incluidas sus coordenadas geográficas.

FIRA prevé combinar esa información con herramientas satelitales y muestras de suelo para evaluar los cambios en sus condiciones biológicas. La intención es generar evidencia sobre la evolución de los microorganismos y otros componentes que contribuyen a la fertilidad, la absorción de nutrientes y la resistencia de los cultivos ante condiciones climáticas adversas.

“Nos están dando sus georreferencias y, con eso, podemos observar mediante herramientas satelitales cómo avanza el programa. También estamos tomando muestras de suelo para tener información que permita demostrar estadísticamente si se está reduciendo la presión sobre estos ecosistemas”, destaca Elizondo.

La institución busca que la medición forme parte de la evaluación del financiamiento, en lugar de limitarse a contabilizar los recursos colocados o las hectáreas incorporadas. De acuerdo con el directivo, los resultados también se darán a conocer si la reducción de la presión sobre el suelo no alcanza las expectativas iniciales.

Elizondo explica que este financiamiento es relevante para el campo y la sostenibilidad de los productores agrícolas ya que, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el 63% de los suelos mexicanos presenta algún grado de degradación por temas de acidificación, la salinización y la pérdida de vida biológica.

La degradación también puede incrementar la vulnerabilidad de los cultivos, ya que un suelo con menor actividad biológica puede limitar el desarrollo de las raíces y la capacidad de las plantas para aprovechar el agua disponible. Para FIRA, recuperar esas condiciones puede contribuir a que los productores enfrenten mejor los episodios de calor y la reducción de las precipitaciones, aunque los resultados deberán comprobarse en campo.

El directivo destaca que el siguiente paso será demostrar que el ahorro en fertilizantes y los rendimientos agrícolas pueden mantenerse a una escala mayor. Si el modelo logra resultados consistentes, FIRA espera que su adopción se extienda entre productores de granos del noroeste y otras regiones, incluso sin incentivos adicionales.

“La apuesta es que la conservación de la biodiversidad deje de percibirse como un costo separado de la actividad agrícola y se incorpore a las decisiones de producción y financiamiento”, agrega.

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Lograr financiamiento de 280,000 mdp

Durante 2025, FIRA reportó un saldo total de financiamiento apoyado de 277,370 millones de pesos. De acuerdo con el flujo de recursos canalizados, la industrialización concentró 169,790 millones de pesos, equivalentes al 36% del total; seguida de la comercialización, con 116,131 millones que representan el 25%; los servicios, con el 21%, con un valor de 99,410 millones, y la producción primaria, con 86,848 millones de pesos, que figuran con el 18%.

Elizondo prevé que el saldo alcance alrededor de 280,000 millones de pesos al cierre de 2026, lo que representaría un incremento nominal cercano a 5% respecto al cierre del año pasado y que hasta octubre se muestran con un avance de financiamientos entregados por un valor de 269,000 millones de pesos.

“Va a ayudar mucho ver cómo arranca el ciclo otoño-invierno, que es lo que nos falta. Nuestro saldo está en 269,000 millones de pesos ahorita. La perspectiva es positiva, porque las empresas ya están en un mejor nivel. Eso va a motivar mucho la siembra de maíz, trigo, garbanzo y otros cultivos del noroeste”, agrega Elizondo.

Por regiones, Elizondo explicó que Occidente, donde destacan Jalisco y Guanajuato, concentra el mayor volumen de recursos, impulsado tanto por la actividad agrícola como por la pecuaria, incluidos los sectores porcino, lechero, bovino y avícola. El Noroeste y el Norte ocupan posiciones relevantes, con una actividad vinculada a cultivos como maíz, trigo y garbanzo, mientras que el Sur destaca por el número de personas atendidas, aunque con montos de financiamiento menores.

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