Medir la biodiversidad desde el crédito
Uno de los elementos que distingue al programa es la incorporación de mecanismos de seguimiento para evaluar si las prácticas financiadas producen beneficios ambientales. Los agricultores deben comprometerse a reducir la aplicación de nitrógeno, recibir supervisión técnica y reportar información sobre sus parcelas, incluidas sus coordenadas geográficas.
FIRA prevé combinar esa información con herramientas satelitales y muestras de suelo para evaluar los cambios en sus condiciones biológicas. La intención es generar evidencia sobre la evolución de los microorganismos y otros componentes que contribuyen a la fertilidad, la absorción de nutrientes y la resistencia de los cultivos ante condiciones climáticas adversas.
“Nos están dando sus georreferencias y, con eso, podemos observar mediante herramientas satelitales cómo avanza el programa. También estamos tomando muestras de suelo para tener información que permita demostrar estadísticamente si se está reduciendo la presión sobre estos ecosistemas”, destaca Elizondo.
La institución busca que la medición forme parte de la evaluación del financiamiento, en lugar de limitarse a contabilizar los recursos colocados o las hectáreas incorporadas. De acuerdo con el directivo, los resultados también se darán a conocer si la reducción de la presión sobre el suelo no alcanza las expectativas iniciales.
Elizondo explica que este financiamiento es relevante para el campo y la sostenibilidad de los productores agrícolas ya que, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el 63% de los suelos mexicanos presenta algún grado de degradación por temas de acidificación, la salinización y la pérdida de vida biológica.
La degradación también puede incrementar la vulnerabilidad de los cultivos, ya que un suelo con menor actividad biológica puede limitar el desarrollo de las raíces y la capacidad de las plantas para aprovechar el agua disponible. Para FIRA, recuperar esas condiciones puede contribuir a que los productores enfrenten mejor los episodios de calor y la reducción de las precipitaciones, aunque los resultados deberán comprobarse en campo.
El directivo destaca que el siguiente paso será demostrar que el ahorro en fertilizantes y los rendimientos agrícolas pueden mantenerse a una escala mayor. Si el modelo logra resultados consistentes, FIRA espera que su adopción se extienda entre productores de granos del noroeste y otras regiones, incluso sin incentivos adicionales.
“La apuesta es que la conservación de la biodiversidad deje de percibirse como un costo separado de la actividad agrícola y se incorpore a las decisiones de producción y financiamiento”, agrega.