Sin embargo, el crecimiento de las energías limpias no elimina automáticamente las tensiones que generan las olas de calor sobre el sistema eléctrico. El consumo de electricidad asociado al enfriamiento presenta un patrón muy concentrado en determinadas horas del día, precisamente cuando millones de personas encienden simultáneamente sus equipos de aire acondicionado. Esa demanda adicional obliga a los operadores de los sistemas eléctricos a recurrir a plantas de respaldo que, en muchos países europeos, todavía funcionan con gas natural o carbón.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que la demanda de electricidad de la Unión Europea aumentó 1.4% en 2024 y se estima que en 2025 el aumento fue de 0.9%, debido al crecimiento del uso de bombas de calor, vehículos eléctricos y centros de datos, además de una mayor demanda de enfriamiento durante los episodios de calor extremo.
La Red Europea de Operadores de Sistemas de Transmisión de Electricidad (ENTSO-E) prevé que la demanda durante el verano de 2026 sea 2.5% superior a la del año anterior. El organismo explica que los países del sur de Europa, como Italia, Grecia, Malta y Chipre, registran sus mayores niveles de consumo hacia la mitad del verano debido a la combinación de altas temperaturas, mayor uso de aire acondicionado y el incremento de la actividad turística.
La IEA advierte que el sector del calor continúa siendo uno de los mayores desafíos para la descarbonización. En su reporte Renewables 2025, el organismo señala que el calor representa casi la mitad del consumo final de energía y 37% de las emisiones energéticas globales de dióxido de carbono. Aunque el uso de energías renovables para cubrir necesidades de calefacción y refrigeración continúa aumentando, el ritmo sigue siendo insuficiente frente al crecimiento de la demanda.
Las olas de calor también afectan la capacidad de generación eléctrica. Las centrales térmicas y nucleares dependen de grandes volúmenes de agua para refrigerar sus instalaciones y, cuando los ríos alcanzan temperaturas elevadas o presentan caudales reducidos, algunas plantas deben disminuir su producción para cumplir con las regulaciones ambientales o por razones de seguridad operativa. Al mismo tiempo, la disponibilidad de energía hidroeléctrica puede disminuir debido a las sequías prolongadas, mientras que las altas temperaturas también afectan la eficiencia de algunos equipos eléctricos y líneas de transmisión.
Las instituciones europeas reconocen que alcanzar la neutralidad climática requerirá acelerar la instalación de energías renovables, reforzar las redes eléctricas, ampliar el almacenamiento, mejorar la eficiencia de los edificios y reducir la vulnerabilidad de las ciudades frente al calor extremo. Especialmente si se quiere cumplir con las metas establecidas como reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para 2023 y ser net zero para 2025.