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El calor por encima de 35 °C reduce al 50% la productividad de los trabajadores

El calor extremo impacta la productividad, la competitividad y la infraestructura en estados donde las temperaturas superan los 40 grados durante semanas.
lun 01 junio 2026 12:00 PM
empleo y calor
El informe “El mercado laboral y el cambio climático”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advierte que el estrés térmico reducirá las horas de trabajo a nivel mundial en 2% hacia 2030. (Jesús Almazán)

Las olas de calor son cada vez más frecuentes y prolongadas, y sus efectos ya comienzan a reflejarse en la economía. Las altas temperaturas reducen las horas efectivas de trabajo, elevan los costos operativos y obligan tanto a empresas como a gobiernos a replantear inversiones en infraestructura, energía y adaptación climática.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte que la productividad laboral empieza a deteriorarse cuando la temperatura supera los 24 o 26 grados centígrados, mientras que, por encima de los 35 grados, el rendimiento puede disminuir hasta 50%.

En México, donde gran parte de la actividad económica depende del trabajo presencial y de labores al aire libre, el aumento de temperatura ya modifica horarios de operación y afecta la competitividad de distintas regiones, pues de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), mayo, junio y agosto suelen concentrar las temperaturas máximas más altas del año; sin embargo, en entidades del norte y sureste el calor extremo puede extenderse desde marzo hasta octubre. Estados como Sonora, Sinaloa, Tamaulipas, Campeche, Tabasco y Yucatán registran durante varios meses consecutivos temperaturas promedio superiores a los 35 grados centígrados.

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En ciudades como Hermosillo, Mexicali o Villahermosa, los más de 40 grados ya forman parte de la operación cotidiana de industrias, comercios y oficinas. El problema, advierten especialistas, es que buena parte de la infraestructura urbana y laboral del país fue diseñada bajo condiciones climáticas distintas a las actuales. Muchos espacios productivos todavía carecen de aislamiento térmico, ventilación adecuada o sistemas eficientes de enfriamiento.

“La exposición prolongada al calor extremo ya no solo representa un problema de salud pública, sino también un desafío económico y laboral de gran escala. Cuando las temperaturas superan ciertos umbrales, los trabajadores reducen naturalmente el ritmo de actividad para evitar agotamiento o golpes de calor, lo que impacta directamente en la productividad. Sectores como la construcción, la agricultura, la manufactura y la logística son especialmente vulnerables porque dependen de actividades físicas intensivas y, en muchos casos, de jornadas al aire libre”, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En México, las actividades con mayor exposición física también concentran altos niveles de informalidad laboral y menores ingresos. Esto provoca que millones de trabajadores continúen operando bajo temperaturas extremas sin acceso a espacios climatizados, periodos adecuados de descanso o esquemas de protección frente al calor.

Los datos del Indicador Global de Productividad Laboral (IGPLE) del Inegi muestran señales recurrentes de desaceleración durante el segundo trimestre del año, periodo que coincide con el incremento de temperaturas en gran parte del país. En actividades secundarias, como manufactura y construcción, donde se concentran más los trabajos físicos, la productividad registró caídas anuales de 6.7% en el segundo trimestre de 2021 y de 1.7% en el mismo periodo de 2024.

En actividades relacionadas con comercio, turismo y transporte también se observan retrocesos en algunos segundos trimestres. En 2020, por ejemplo, la productividad cayó 3.3%, mientras que en 2025 disminuyó 0.5%. Aunque estos resultados responden a distintos factores económicos, coinciden con los meses de mayor calor, cuando las jornadas laborales se vuelven más pesadas para quienes trabajan expuestos a altas temperaturas.

El informe “El mercado laboral y el cambio climático”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advierte que el estrés térmico reducirá las horas de trabajo a nivel mundial en 2% hacia 2030. Además, estima que en la región podrían perderse hasta 2.5 millones de empleos, principalmente en actividades expuestas al calor, como agricultura, construcción y manufactura.

“El aumento de las temperaturas hace que el estrés térmico sea más común, llevando a pérdidas significativas en horas de trabajo, empleos y productividad laboral, especialmente para los más vulnerables”, señala el BID.

El BID agrega que eventos climáticos extremos, como sequías, huracanes e inundaciones, generan pérdidas de empleo y productividad debido a la destrucción de infraestructura y activos productivos. En América Latina y el Caribe, los años de vida laboral perdidos por riesgos ambientales aumentaron de 138 a 197 por cada 100,000 trabajadores entre los periodos 2000-2007 y 2008-2015, por lo que el organismo considera prioritario fortalecer políticas laborales y programas de adaptación para reducir el impacto económico y social del cambio climático.

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Por su parte, el El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), menciona que las grandes compañías cuentan con mayor capacidad financiera para adaptar procesos mediante automatización, rediseño de horarios o instalación de sistemas de eficiencia energética para mitigar los efectos del cambio climático. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas enfrentan mayores dificultades para absorber esos costos sin comprometer su rentabilidad, lo que amplía las diferencias de productividad entre negocios de un mismo sector.

El estudio “Cambio climático, estrés por calor y trabajo”, elaborado por el Grantham Research Institute y la London School of Economics, advierte que el aumento de temperatura tiene efectos directos sobre la productividad urbana y genera presiones adicionales sobre la infraestructura energética de las ciudades, ya que son especialmente vulnerables al efecto de isla de calor debido a la concentración de superficies construidas, materiales que retienen temperatura y la falta de vegetación y humedad natural.

Aunque el estudio sugiere que las medidas como el aire acondicionado ayudan a reducir pérdidas laborales asociadas al calor, también incrementan el consumo eléctrico y pueden elevar aún más la temperatura urbana, creando tensiones entre adaptación climática y mitigación de emisiones.

El WEF advierte que el calor comienza a convertirse en un factor que redefine la competitividad territorial. Mientras algunas ciudades aceleran inversiones en infraestructura resiliente y eficiencia energética, otras enfrentan limitaciones fiscales que dificultan responder a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes.

Los organismos internacionales coinciden en que el aumento de temperatura ya impacta la productividad, los costos laborales, la infraestructura y el crecimiento económico. Para empresas y gobiernos, el desafío ya no solo consiste en resistir las olas de calor, sino en evitar que el cambio climático profundice las desigualdades económicas y productivas del país.

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