En ciudades como Hermosillo, Mexicali o Villahermosa, los más de 40 grados ya forman parte de la operación cotidiana de industrias, comercios y oficinas. El problema, advierten especialistas, es que buena parte de la infraestructura urbana y laboral del país fue diseñada bajo condiciones climáticas distintas a las actuales. Muchos espacios productivos todavía carecen de aislamiento térmico, ventilación adecuada o sistemas eficientes de enfriamiento.
“La exposición prolongada al calor extremo ya no solo representa un problema de salud pública, sino también un desafío económico y laboral de gran escala. Cuando las temperaturas superan ciertos umbrales, los trabajadores reducen naturalmente el ritmo de actividad para evitar agotamiento o golpes de calor, lo que impacta directamente en la productividad. Sectores como la construcción, la agricultura, la manufactura y la logística son especialmente vulnerables porque dependen de actividades físicas intensivas y, en muchos casos, de jornadas al aire libre”, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
En México, las actividades con mayor exposición física también concentran altos niveles de informalidad laboral y menores ingresos. Esto provoca que millones de trabajadores continúen operando bajo temperaturas extremas sin acceso a espacios climatizados, periodos adecuados de descanso o esquemas de protección frente al calor.
Los datos del Indicador Global de Productividad Laboral (IGPLE) del Inegi muestran señales recurrentes de desaceleración durante el segundo trimestre del año, periodo que coincide con el incremento de temperaturas en gran parte del país. En actividades secundarias, como manufactura y construcción, donde se concentran más los trabajos físicos, la productividad registró caídas anuales de 6.7% en el segundo trimestre de 2021 y de 1.7% en el mismo periodo de 2024.
En actividades relacionadas con comercio, turismo y transporte también se observan retrocesos en algunos segundos trimestres. En 2020, por ejemplo, la productividad cayó 3.3%, mientras que en 2025 disminuyó 0.5%. Aunque estos resultados responden a distintos factores económicos, coinciden con los meses de mayor calor, cuando las jornadas laborales se vuelven más pesadas para quienes trabajan expuestos a altas temperaturas.
El informe “El mercado laboral y el cambio climático”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advierte que el estrés térmico reducirá las horas de trabajo a nivel mundial en 2% hacia 2030. Además, estima que en la región podrían perderse hasta 2.5 millones de empleos, principalmente en actividades expuestas al calor, como agricultura, construcción y manufactura.
“El aumento de las temperaturas hace que el estrés térmico sea más común, llevando a pérdidas significativas en horas de trabajo, empleos y productividad laboral, especialmente para los más vulnerables”, señala el BID.
El BID agrega que eventos climáticos extremos, como sequías, huracanes e inundaciones, generan pérdidas de empleo y productividad debido a la destrucción de infraestructura y activos productivos. En América Latina y el Caribe, los años de vida laboral perdidos por riesgos ambientales aumentaron de 138 a 197 por cada 100,000 trabajadores entre los periodos 2000-2007 y 2008-2015, por lo que el organismo considera prioritario fortalecer políticas laborales y programas de adaptación para reducir el impacto económico y social del cambio climático.