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El cambio climático pone en riesgo la productividad de 2,400 millones de trabajadores

Empresas y gobiernos aceleran medidas de adaptación ante olas de calor, enfermedades y fenómenos extremos que amenazan sectores clave de la economía mundial.
El cambio climático ya es un riesgo laboral para 6 de cada 10 mexicanos: los sectores más afectados
En la agricultura han adelantado el inicio de las jornadas y aumentado los periodos de descanso para disminuir el riesgo de golpes de calor. (Mario Tama/Getty Images)

Las olas de calor, la contaminación del aire, los incendios forestales, las inundaciones y la propagación de enfermedades están transformando las condiciones en las que laboran 2,400 millones de personas, equivalentes al 70.9% de la fuerza laboral mundial, frente al 65.5% registrado en 2000. La falta de medidas de adaptación no solo incrementará los accidentes y las enfermedades laborales, sino que también pondrá en riesgo la productividad, la continuidad operativa de las empresas y la estabilidad de millones de empleos, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Además de afectar la salud, el cambio climático amenaza directamente la permanencia de diversas actividades económicas. El informe de la OIT señala que 1,200 millones de empleos dependen de ecosistemas saludables, principalmente en agricultura, pesca y silvicultura. La degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de recursos naturales pueden volver improductivas regiones completas, obligar al cierre de actividades económicas y acelerar la migración laboral hacia otras zonas.

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"Se prevé que las repercusiones del cambio climático sean especialmente graves para los trabajadores pobres, los temporeros, quienes laboran en la economía informal y las micro y pequeñas empresas, ya que suelen disponer de menos recursos para adaptarse a los nuevos riesgos y, en muchos casos, no pueden dejar de trabajar aun cuando las condiciones ponen en peligro su salud", advierte la OIT en el informe Garantizar la seguridad y la salud en el trabajo en un clima cambiante.

Los impactos ya son visibles en actividades que dependen de las condiciones ambientales. La agricultura enfrenta temporadas de cultivo cada vez más impredecibles por las sequías, el estrés hídrico y los fenómenos meteorológicos extremos.

En la construcción, las jornadas deben ajustarse para evitar las horas de mayor calor, mientras que en la aviación las altas temperaturas reducen el rendimiento de las aeronaves y provocan retrasos o limitaciones operativas. Los servicios de salud también experimentan una mayor presión debido al incremento de pacientes afectados por golpes de calor, enfermedades respiratorias y padecimientos transmitidos por vectores.

La OIT advierte que el calor excesivo, la radiación ultravioleta, la contaminación del aire, los productos agroquímicos y las enfermedades transmitidas por mosquitos ya provocan cada año cerca de 4.5 millones de muertes relacionadas con el trabajo, además de 22.9 millones de lesiones y enfermedades profesionales. Ante ello, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) estima que el cambio climático podría provocar 14.5 millones de muertes adicionales hacia 2050 si no se fortalecen las medidas de adaptación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que enfermedades como el cáncer, las afecciones cardiovasculares, respiratorias y renales, así como los trastornos de salud mental, aumentan conforme se intensifican los efectos del calentamiento global.

Por otro lado, el Banco Mundial ha advertido que los efectos del cambio climático podrían incrementar los desplazamientos internos por motivos ambientales, mientras que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señala que la reducción de la productividad laboral será una de las principales consecuencias económicas del aumento de la temperatura global.

Uno de los sectores donde ya se observan cambios es el deportivo. Diversas ligas profesionales han modificado horarios de entrenamiento y competencia para evitar las horas de mayor radiación solar, mientras que eventos internacionales incorporan protocolos de hidratación y monitoreo térmico.

En la agricultura ocurre algo similar: varios países han adelantado el inicio de las jornadas y aumentado los periodos de descanso para disminuir el riesgo de golpes de calor, una estrategia que la OIT considera efectiva cuando se complementa con capacitación y acceso permanente a agua potable.

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"El cambio climático amenaza los ecosistemas y, por tanto, los 1,200 millones de empleos que dependen de ellos. Regiones enteras pueden quedar improductivas y muchos entornos laborales serán demasiado calurosos para trabajar. Esto provocará un aumento de las migraciones inducidas por el clima, del trabajo informal y del desempleo", señala la OIT en su evaluación sobre seguridad y salud en un clima cambiante.

Ante este panorama, la OIT sostiene que la adaptación del mercado laboral debe convertirse en una prioridad de política pública. El organismo propone fortalecer las normas de seguridad y salud en el trabajo, rediseñar jornadas laborales, mejorar la infraestructura de los centros de trabajo, incorporar sistemas de alerta temprana y ampliar la capacitación para empleadores y trabajadores.

“La transición hacia una economía resiliente al clima dependerá no solo de crear empleos verdes, sino también de proteger a quienes hoy sostienen las actividades económicas más expuestas a un planeta cada vez más cálido”, agrega la OIT.

En el reporte “Trabajar para alcanzar las emisiones netas cero” de Deloitte, se plantea que el cambio climático no solo modificará los empleos existentes, sino que dará origen a una nueva etapa del mercado laboral: la Green Collar Workforce (fuerza laboral verde), donde la idea central es que la transición hacia una economía con emisiones netas cero será una transformación comparable a la Revolución Industrial o a la digitalización, porque cambiará la forma en que se trabaja en prácticamente todos los sectores.

Deloitte estima que 80% de las habilidades necesarias para alcanzar una economía de emisiones netas cero ya existen en la fuerza laboral actual, por lo que la mayoría de los trabajadores necesitará capacitación adicional, más que una reconversión profesional completa. Solo alrededor del 20% corresponderá a habilidades completamente nuevas.

Según el modelo económico de Deloitte, si gobiernos y empresas impulsan una transición ordenada, el mundo podría crear más de 300 millones de empleos adicionales para 2050, frente a un escenario de transición desorganizada o pasiva.

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"El sector educativo y de capacitación es un instrumento clave de política económica para que los gobiernos preparen a las personas para desarrollar nuevas y satisfactorias ocupaciones en una economía de bajas emisiones”, agrega el informe.

El impacto en México

En México existen 59.6 millones de empleos, de los cuales 20.8 millones corresponden a trabajadores de sectores como agricultura, manufactura, industrias extractivas, electricidad, construcción e informalidad, es decir, el 64.5% de las personas están en actividades que tienen las condiciones más difíciles por las consecuencias del cambio climático, por lo que las autoridades mexicanas han comenzado a fortalecer las medidas de prevención.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social impulsa la actualización de criterios para prevenir el estrés térmico laboral, mientras la Secretaría de Salud desarrolla protocolos nacionales para la atención de olas de calor, con sistemas de alerta temprana y recomendaciones para reducir la exposición durante los periodos de temperaturas extremas.

La necesidad de estas medidas crece conforme aumentan los riesgos climáticos. El Banco de México estimó que la exposición a temperaturas superiores a 35 °C reduce las horas trabajadas, especialmente entre trabajadores del sector informal y en actividades como construcción, manufactura, comercio y preparación de alimentos.

Por esa situación, el sector privado también acelera su adaptación al cambio climático para proteger a sus trabajadores y mantener la continuidad de sus operaciones, entre ellas, Cemex, que reforzó sus protocolos de prevención del estrés térmico, monitoreo de riesgos y respuesta ante fenómenos climáticos; Grupo Bimbo y Arca Continental integraron evaluaciones de riesgos físicos, como olas de calor, sequías e inundaciones, en sus estrategias de negocio; mientras que FEMSA y Peñoles fortalecieron sus sistemas de gestión de seguridad, planes de emergencia y resiliencia operativa frente a eventos climáticos extremos, de acuerdo con sus reportes integrados y de sostenibilidad más recientes.

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Riesgo de trabajo Calentamiento global

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