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El Niño 2026 aumentará el riesgo financiero de las empresas en México

El fenómeno climático puede reducir la producción agropecuaria, elevar los costos de operación y presionar los precios de los alimentos.
Ola de Calor Ganado Muerto
Existe 97% de probabilidad que el fenómeno de El Niño persista hasta mediados de 2027. (Foto: Michael Balam Chan/Cuartoscuro)

México no tendrá que esperar a que termine 2026 para conocer el costo financiero de El Niño. El fenómeno climático ya está presente y, de acuerdo con el Centro de Predicciones Climáticas de Estados Unidos (CPC), tiene 97% de probabilidad de persistir hasta comienzos de la primavera de 2027.

Para las empresas mexicanas no se trata solo en la posibilidad de enfrentar menos agua o más calor, sino en que el fenómeno se convierta en un problema financiero debido a una menor producción, mayores costos de operación, interrupciones, precios más altos de alimentos, deterioro de la capacidad de pago de productores y, finalmente, mayor riesgo de crédito, esa fue la conclusión del seminario “El Niño 2026: La liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos”, organizado por Iniciativa Climática México.

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Francisco Estrada, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, explicó que México se ha calentado alrededor de 1.9 grados centígrados, un dato superior a la media global que ronda los 1.5 grados. Además, la velocidad del calentamiento también se aceleró, entre 2000 y 2025, la temperatura promedio del país aumentó alrededor de un grado.

La consecuencia es que El Niño, un fenómeno que es cíclico, ya no llega al mismo clima sobre el que ocurrieron otros episodios similares en los años de 1982-1983, 1997-1998 o 2015-2016. “Los patrones están cambiando, es un clima cambiante y nos vamos a enfrentar a una cosa que no necesariamente van a aplicar los patrones de los que tenemos datos históricos”, advirtió Estrada.

Para México, durante El Niño aumenta la temperatura en el centro y sur y disminuye la precipitación durante primavera y verano,lo que afecta al sector agropecuario.


Tania Pérez, subdirectora de Medio Ambiente de Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), señaló que la sequía asociada con el episodio de El Niño de 2023-2024 provocó que en Sinaloa la superficie sembrada de maíz disminuyera 43% frente a ciclos anteriores debido a los bajos niveles de las presas.

El problema no termina en la parcela. Pérez explicó que una sequía meteorológica puede convertirse primero en agrícola, después en hidrológica (presas) y finalmente en socioeconómica, que es cuando la escasez alcanza a las ciudades. “Los riesgos físicos pueden derivar en riesgos de crédito. Una reducción en el rendimiento disminuye los ingresos del productor, aumenta la incertidumbre sobre el pago de sus obligaciones y eleva la probabilidad de que se ejecute una garantía crediticia”, dijo durante su participación.

El efecto puede trasladarse después a los consumidores. Fabiola Sosa, jefa del Área de Crecimiento Económico y Medio Ambiente de la UAM, señaló que la menor disponibilidad de agua puede traducirse en menores rendimientos agrícolas, mayores costos de bombeo, pérdidas de cosechas y aumentos en los precios de los alimentos. En la industria, advirtió, los sectores con mayor consumo de agua, como alimentos, bebidas y papel, enfrentarán mayores restricciones dependiendo de la cuenca donde estén instalados.

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Sosa explicó durante el encuentro que el Banco de México estimó para el episodio de El Niño de 2023-2024 un impacto sobre el PIB de entre 164,000 y 188,000 millones de pesos, mientras que estudios sobre la industria manufacturera ubicaron las pérdidas entre 107,000 y 130,000 millones de pesos.

Para 2026-2027, sin embargo, el riesgo es diferente y es que el fenómeno se superpone con un nivel de calentamiento que ya está modificando la línea base. Andreas Fischlin, ex copresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), señaló que el episodio puede extenderse hasta 2027 y que, combinado con el calentamiento global, puede llevar las temperaturas mundiales a nuevos récords.

A ello se suma la disponibilidad de agua. Y aunque a principios de 2026, Conagua reportó que la superficie con sequía moderada a excepcional había bajado a 7.4% del territorio al 15 de enero, después de la recuperación registrada durante la segunda mitad de 2025, eso no significa que se tenga asegurado el recurso.

Para Sosa, las compañías instaladas en cuencas con estrés hídrico pueden enfrentar una pérdida de viabilidad en el mediano y largo plazo.

A su vez, ese es un riesgo que ya analiza el sector financiero ¿cuánto vale hoy una empresa cuyo modelo de negocio depende de una cuenca que podría tener menos agua mañana? Por ello, FIRA ya trabaja con matrices de riesgo climático, mapas de amenazas y rutas de financiamiento para identificar inversiones de adaptación, mientras impulsa prácticas como agricultura de conservación, labranza mínima y sistemas de riego eficientes.

El reto, en todo caso, es anticiparse al impacto. “Lo que no puede ser es que no nos preparemos para una cosa como esta y que no nos lo tomemos tan en serio como debíamos”, advirtió Estrada.

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