La edición de Catar 2022 marcó un punto de inflexión en el debate climático del futbol. Los organizadores estimaron una huella de alrededor de 5.25 millones de toneladas de CO2e, cifra superior a la observada en torneos anteriores. Sin embargo, las organizaciones encargadas de la investigación, cuestionaron la metodología empleada para calcular las emisiones y señalaron que el impacto real podría haber sido mayor al reportado oficialmente.
Por ello, SGR y la EDF publicaron las proyecciones para el Mundial de 2026, la cual alcanzaría una huella superior a nueve millones de toneladas de CO2e, una cifra que prácticamente duplicaría la huella de carbono atribuida a Catar 2022. De confirmarse, este volumen de emisiones no solo superaría cualquier registro previo asociado a una Copa del Mundo, sino también la estimación de 3.7 millones de toneladas de CO2e incluida en el documento de candidatura del torneo de 2026.
Estos datos contrastan con la Estrategia de Sostenibilidad para 2026 que dio a conocer de manera pública la FIFA, con el objetivo de minimizar los impactos ambientales asociados con la organización del campeonato mediante una mejor gestión de recursos, reducción de emisiones, impulso a la economía circular y fortalecimiento de sistemas de monitoreo. La institución también forma parte del Marco de Acción Climática para el Deporte de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), iniciativa bajo la cual se comprometió a reducir sus emisiones 50% para 2030 y alcanzar emisiones netas cero a más tardar en 2040.
El principal impacto de la nueva edición, según la New Weather Institute, es el aumento esperado de emisiones, pues el paso de 32 a 48 selecciones implica más partidos, más desplazamientos, mayores requerimientos logísticos y un incremento considerable en el número de aficionados que viajarán entre ciudades sede. Para los investigadores de la organización, estos elementos generan una contradicción entre los objetivos climáticos anunciados por la FIFA y la evolución del modelo de negocio del campeonato.
“La edición de 2026 se desarrollará en 16 ciudades distribuidas a lo largo de América del Norte, desde Vancouver hasta Ciudad de México y desde Seattle hasta Miami. Esta configuración obligará a equipos, patrocinadores, medios de comunicación y millones de aficionados a recorrer largas distancias, principalmente mediante transporte aéreo, considerado una de las actividades con mayor intensidad de emisiones de carbono”, explica el informe de la NWI.
La SGR coincide en que los viajes son el principal problema, pues menciona que entre 80% y 90% de las emisiones asociadas a grandes eventos deportivos internacionales provienen precisamente de los viajes. Esto significa que, incluso si los estadios operan con energía renovable o implementan programas avanzados de reciclaje, el impacto derivado de los desplazamientos podría neutralizar buena parte de los beneficios ambientales generados por otras iniciativas de sostenibilidad.