Países Bajos y Dinamarca mantienen una distribución prácticamente equitativa entre hombres y mujeres que utilizan la bicicleta gracias a décadas de inversión en infraestructura continua y políticas públicas centradas en la seguridad vial. En París, la participación femenina es de 45% tras expandir aceleradamente su red de ciclovías protegidas, convirtiéndose en un referente para otras ciudades como Nueva York, Bogotá o Río de Janeiro con 38%, 30% y 11%, respectivamente.
Gauthier sostiene que la bicicleta representa una herramienta especialmente útil para las mujeres, ya que permite reducir tiempos de traslado, facilita el encadenamiento de viajes y ofrece una alternativa de transporte más económica. Además, favorece la interacción con el entorno y fortalece el vínculo con la comunidad.
"Es una solución que puede integrar clima, salud y resiliencia y, si se aborda desde una perspectiva de género, puede hacerlo de manera empoderadora y equitativa. Sobre todo, el ciclismo permite a las mujeres y niñas tener libertad de movimiento, en lugar de depender del dinero, de un padre, un esposo o de un servicio de transporte público poco confiable que puede ponerlas en peligro o impedirles viajar", añade.
En la CDMX hay 581 km de ciclovía, mientras que la red vial para autos es de 13,349 km, es decir, las bicicletas cuentan con el equivalente al 4.4% del espacio para autos. Esa falta de infraestructura obliga a las personas a usar el automóvil. Es el caso de Karen Fabela, licenciada en Negocios Internacionales, quien recorre diariamente 15 kilómetros desde Tláhuac hasta Pedregal, en la Ciudad de México, para llegar a su trabajo.
Ese trayecto la obliga a utilizar el automóvil porque atraviesa vías de alta velocidad y zonas con fuerte congestión vehicular. Considera que las rutas que utiliza carecen de infraestructura ciclista suficiente y que la escasa presencia de personas en bici reduce su sensación de seguridad. Aun así, asegura que estaría dispuesta a cambiar de medio de transporte si existiera una conexión eficiente y segura entre la bicicleta y el transporte público o si esa alternativa le permitiera reducir sus tiempos de traslado.
El Monitor Ciclociudades, elaborado por ITDP México señala que consolidar redes ciclistas continuas, reducir las velocidades vehiculares e incorporar la perspectiva de género en la planeación urbana serán factores determinantes para cerrar una brecha que aún limita el acceso equitativo a una movilidad más sostenible. Más que incrementar el número de bicicletas en circulación, el reto consiste en construir ciudades donde cualquier persona pueda pedalear con la misma confianza y seguridad, sin importar su género.
“Las ciudades deben comenzar a recopilar datos desglosados sobre las mujeres y sus hábitos de viaje, involucrarse para comprender las barreras y los desafíos que enfrentan, e implementar programas para fomentar el uso de la bicicleta. La participación de las mujeres en el proceso de planificación y en la toma de decisiones también puede ayudar a abordar esta brecha”, comenta Gauthier.