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Solo tres de cada 10 viajes en bici en la CDMX y Guadalajara los realizan mujeres

La brecha entre el uso de bicicleta entre hombres y mujeres se debe a preocupaciones de seguridad, una infraestructura inadecuada y expectativas sociales.
Mujeres en bici
El Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) señala que las mujeres suelen ser más sensibles a las condiciones de seguridad vial y personal al decidir cómo desplazarse. (iStock)

Marisol Lojero, psicóloga y aficionada al ciclismo, aprendió a desplazarse por la Ciudad de México sobre dos ruedas al encontrar en la bicicleta una alternativa para reducir sus tiempos de traslado y ganar independencia. Cada día recorre cerca de seis kilómetros entre su hogar, en la alcaldía Iztacalco, y su consultorio, ubicado en la colonia Narvarte Poniente. Sin embargo, cada trayecto también implica evaluar riesgos, elegir calles donde se sienta más segura y modificar sus rutas para evitar avenidas donde los autos transitan a alta velocidad.

"Llevo más de 10 años moviéndome en bicicleta y creo que el principal problema es que no tenemos la cultura, la educación ni el respeto que se requieren. Eso aplica para ciclistas, peatones, motociclistas y automovilistas. Esa falta de convivencia vial provoca muchos accidentes, mientras cada quien busca responsabilizar a los demás", señala. "Aunque existen programas para fomentar una mejor cultura vial, siento que no se están aprovechando lo suficiente o, en algunos casos, ni siquiera son accesibles para toda la población".

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Su experiencia refleja una realidad que comparten miles de mujeres en México, donde aunque el uso de la bicicleta crece, la participación femenina sigue por debajo de la de los hombres: ellas realizan solo tres de cada diez viajes en bicicleta.

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) esta brecha responde a factores estructurales más que a decisiones individuales. Entre ellos identifica la violencia de género en el espacio público, la inseguridad vial, la distribución desigual de las tareas de cuidado y un diseño urbano históricamente orientado al automóvil. El organismo sostiene que, cuando las calles cuentan con infraestructura segura y accesible, la participación de las mujeres aumenta de manera consistente.

Los datos así lo muestran. De acuerdo con la Secretaría de Movilidad (Semovi), actualmente las mujeres realizan el 32% de los viajes en el sistema Ecobici de la Ciudad de México, frente al 25% que representaban en 2017.

Esta tendencia también se observa en el Área Metropolitana de Guadalajara. Datos del sistema MiBici indican que las mujeres realizan el 27% de los viajes, mientras que los hombres concentran el 73%. Hace una década, la participación femenina era de apenas 18%, un avance que especialistas relacionan con la expansión de la infraestructura ciclista y una mayor aceptación social de la bicicleta como medio de transporte cotidiano.

El Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) señala que las mujeres suelen ser más sensibles a las condiciones de seguridad vial y personal al decidir cómo desplazarse. Por ello, considera que elementos como ciclovías protegidas, intersecciones seguras, alumbrado público y redes ciclistas conectadas influyen directamente en la decisión de utilizar la bicicleta como medio de transporte.

"El ciclismo refleja las inequidades sociales: quién tiene acceso a las bicicletas, quién se siente cómodo y seguro en las calles y para quién se planifican los viajes en los sistemas de transporte de nuestras ciudades. Pero el ciclismo también ofrece una gran oportunidad para facilitar el acceso de las mujeres a la movilidad urbana y empoderarse", explica Aimee Gauthier, directora de Gestión del Conocimiento de ITDP.

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Países Bajos y Dinamarca mantienen una distribución prácticamente equitativa entre hombres y mujeres que utilizan la bicicleta gracias a décadas de inversión en infraestructura continua y políticas públicas centradas en la seguridad vial. En París, la participación femenina es de 45% tras expandir aceleradamente su red de ciclovías protegidas, convirtiéndose en un referente para otras ciudades como Nueva York, Bogotá o Río de Janeiro con 38%, 30% y 11%, respectivamente.

Gauthier sostiene que la bicicleta representa una herramienta especialmente útil para las mujeres, ya que permite reducir tiempos de traslado, facilita el encadenamiento de viajes y ofrece una alternativa de transporte más económica. Además, favorece la interacción con el entorno y fortalece el vínculo con la comunidad.

"Es una solución que puede integrar clima, salud y resiliencia y, si se aborda desde una perspectiva de género, puede hacerlo de manera empoderadora y equitativa. Sobre todo, el ciclismo permite a las mujeres y niñas tener libertad de movimiento, en lugar de depender del dinero, de un padre, un esposo o de un servicio de transporte público poco confiable que puede ponerlas en peligro o impedirles viajar", añade.

En la CDMX hay 581 km de ciclovía, mientras que la red vial para autos es de 13,349 km, es decir, las bicicletas cuentan con el equivalente al 4.4% del espacio para autos. Esa falta de infraestructura obliga a las personas a usar el automóvil. Es el caso de Karen Fabela, licenciada en Negocios Internacionales, quien recorre diariamente 15 kilómetros desde Tláhuac hasta Pedregal, en la Ciudad de México, para llegar a su trabajo.

Ese trayecto la obliga a utilizar el automóvil porque atraviesa vías de alta velocidad y zonas con fuerte congestión vehicular. Considera que las rutas que utiliza carecen de infraestructura ciclista suficiente y que la escasa presencia de personas en bici reduce su sensación de seguridad. Aun así, asegura que estaría dispuesta a cambiar de medio de transporte si existiera una conexión eficiente y segura entre la bicicleta y el transporte público o si esa alternativa le permitiera reducir sus tiempos de traslado.

El Monitor Ciclociudades, elaborado por ITDP México señala que consolidar redes ciclistas continuas, reducir las velocidades vehiculares e incorporar la perspectiva de género en la planeación urbana serán factores determinantes para cerrar una brecha que aún limita el acceso equitativo a una movilidad más sostenible. Más que incrementar el número de bicicletas en circulación, el reto consiste en construir ciudades donde cualquier persona pueda pedalear con la misma confianza y seguridad, sin importar su género.

“Las ciudades deben comenzar a recopilar datos desglosados ​​sobre las mujeres y sus hábitos de viaje, involucrarse para comprender las barreras y los desafíos que enfrentan, e implementar programas para fomentar el uso de la bicicleta. La participación de las mujeres en el proceso de planificación y en la toma de decisiones también puede ayudar a abordar esta brecha”, comenta Gauthier.

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