En la última década, se han consolidado avances relevantes hacia una economía sostenible. Las energías limpias son hoy más competitivas que los combustibles fósiles en muchos mercados; la movilidad eléctrica, la agricultura regenerativa, el almacenamiento energético y las finanzas climáticas están escalando rápidamente. Además, los impactos sociales y ambientales de las empresas han pasado a ocupar un lugar central en la definición de riesgos estratégicos, impulsando cambios en modelos de negocio, políticas públicas e instrumentos financieros.
Progresos sin narrativa, el talón de Aquiles de la sostenibilidad
Sin embargo, estos progresos coexisten con una percepción pública que sugiere retroceso o parálisis. La narrativa dominante, alimentada por polarización política y dinámicas mediáticas que priorizan el conflicto, transmite un mensaje de agotamiento. En redes y medios, términos como sostenibilidad, ESG o inclusión social (DEI) se han vuelto objeto de ataques y simplificaciones. Esta disonancia entre hechos y relato está generando un nuevo tipo de vulnerabilidad: el debilitamiento del consenso que sustenta la sostenibilidad.
Parte del problema es estructural. Las plataformas informativas amplifican extremos, reducen matices y recompensan la confrontación. La opinión pública se forma a partir de titulares, no de informes técnicos. Y en ese ecosistema, muchas empresas han comenzado a adoptar un perfil bajo, incluso cuando sus resultados en sostenibilidad (ambiental y social) son sólidos y verificables.
Este repliegue ha dado lugar a un fenómeno creciente: el greenhushing. A diferencia del greenwashing, que exagera logros, el greenhushing oculta deliberadamente los avances por temor a represalias políticas o controversias reputacionales. El problema no es la falta de acción; es la renuncia a comunicarla.
Este silencio no es neutral. Al evitar el debate, se entrega el control del relato a quienes buscan desacreditar la transformación (sostenibilidad). Y esto ocurre justo cuando los efectos del cambio climático se intensifican y obligan a gobiernos, empresas y comunidades a invertir en resiliencia, adaptación y reducción de desigualdades.
El relato pierde fuerza en el momento en que más se necesita reforzarlo
Riesgos compartidos, responsabilidades narrativas
Los riesgos derivados del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las brechas sociales ya no son escenarios hipotéticos. Son realidades que afectan la operación diaria de empresas y territorios. Las olas de calor, la escasez de agua, los conflictos por recursos, la migración forzada y la disrupción de cadenas de valor están redefiniendo la noción de riesgo. A esto se suma una creciente presión social por mayor equidad, participación y rendición de cuentas.
Por ello, la sostenibilidad no puede entenderse como un proyecto ambiental, sino como una estrategia integral que articula mitigación climática, adaptación, inclusión, derechos humanos, innovación y resiliencia operativa. Y como toda estrategia transversal, requiere de una narrativa clara, legítima y comprensible.
En muchas organizaciones, los principios de sostenibilidad ya están integrados en la toma de decisiones. Pero cuando los resultados no se comunican, pierden capacidad de generar legitimidad. Esto limita el potencial de influir en marcos regulatorios, articular alianzas sectoriales o inspirar transformaciones paralelas.
Comunicar con autenticidad, congruencia y consistencia no es una cuestión estética. Es una herramienta de liderazgo. Y cuando se hace bien, produce beneficios que trascienden lo reputacional:
- Activa un efecto dominó que eleva las expectativas dentro y fuera del sector.
- Inspira a pares estratégicos, demostrando que avanzar es viable.
- Facilita la acción colectiva, al alinear visiones entre actores diversos.
- Despolariza el debate, devolviendo el foco a resultados verificables.
- Fortalece la cultura interna, motivando equipos y reforzando propósito.
- Construye confianza con inversionistas, reguladores y consumidores.
En contraste, el silencio puede interpretarse como inconsistencia o falta de convicción. Y esa percepción es difícil de revertir, especialmente en un contexto donde el escepticismo se amplifica rápidamente.
La solución no está en aferrarse a etiquetas. Si ciertos términos como “ESG” o “DEI” se politizan, pueden adaptarse. Hablar de creación de valor a largo plazo, de gestión de riesgos o de desempeño integral puede ser más eficaz. Lo importante no es el lenguaje, sino la dirección estratégica.
Liderar la transición también implica liderar el relato y la narrativa
El progreso hacia una economía sostenible no es una tendencia. Es una necesidad operativa ante un entorno cada vez más inestable. Pero avanzar técnicamente sin sostener el relato que lo respalda es un riesgo poco visible y altamente costoso.
En escenarios complejos, las personas —consumidores, empleados, inversionistas— no solo reaccionan a métricas. Reaccionan a historias. Y esas historias dan sentido al cambio, alinean expectativas y movilizan voluntades.
Cuando las empresas con más resultados optan por el silencio, el vacío se llena con discursos simplistas o abiertamente hostiles a la transformación. Se debilita el consenso, se deteriora la confianza y se vuelve más difícil mantener el rumbo.
Hoy, comunicar no es una tarea secundaria. Es parte del ejercicio de liderazgo. No se trata de retórica, sino de construir legitimidad y proteger la viabilidad de una transición que aún enfrenta múltiples barreras estructurales.
En este momento, las condiciones técnicas y económicas ya están dadas. Pero el desenlace dependerá de nuestra capacidad de sostener un relato que conecte datos con valores, acción con propósito, y resultados con visión compartida.
Perder ese relato no significa retroceder en lo técnico. Significa perder el marco común que permite que el progreso sea percibido, comprendido y multiplicado.
_____
Nota del editor: Antonio Vizcaya Abdo es consultor en distintas organizaciones y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México enfocado en Sostenibilidad Corporativa. Reconocido por LinkedIn como Top Voice en Sostenibilidad. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión