El pulso diario de los negocios y la búsqueda constante de la rentabilidad suelen dictar el rumbo empresarial. Hemos llegado a un punto de inflexión en el que la maximización de ganancias ya no garantiza la sostenibilidad a largo plazo. Hoy, más que nunca, es muy importante entender que las prácticas anticorrupción no son un costo o una mera obligación regulatoria, sino el eje central y el auténtico motor de una estrategia de negocio perdurable y significativa.
La anticorrupción como motor de una estrategia de negocio auténtica
Tradicionalmente, la implementación de políticas antisoborno y códigos de ética ha sido vista como una reacción, una lista de verificación diseñada para evitar multas y sanciones. Esta perspectiva es limitada y superficial. Las empresas que realmente marcan la diferencia y construyen una ventaja competitiva genuina han logrado que la integridad corporativa sea parte de su ADN operativo. La lucha contra la corrupción, entendida desde esta óptica, no es únicamente cuestión moral desvinculada de las finanzas; es inversión inteligente y estratégica.
¿Cuáles son los dividendos de invertir en anticorrupción?
Atracción genuina de capital: Los inversionistas y fondos financieros internacionales son cada vez más rigurosos en sus evaluaciones. Priorizan a las empresas que demuestran una gobernanza sólida junto con criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) bien definidos. Una empresa que adopta y aplica prácticas anticorrupción estrictas reduce significativamente el riesgo reputacional y legal, convirtiéndose en un activo mucho más atractivo y seguro para el capital serio y comprometido.
Eficiencia operativa mejorada: La corrupción genera fricción y costos ocultos en la cadena de valor. El soborno crea una dependencia peligrosa de tratos extraoficiales y distorsiona las decisiones en cuanto a adquisiciones y contrataciones.
Una operación transparente se traduce en procesos más limpios y predecibles, lo que, a mediano plazo, resulta en operaciones con menor costo económico y más eficientes.
Fortaleza reputacional: En la era de la información inmediata, una crisis de corrupción puede acabar en cuestión de horas con una marca que ha sido construida a lo largo de décadas. La autenticidad y la coherencia entre lo que la empresa dice y lo que realmente hace, se convierten en su activo más preciado. La anticorrupción es la base sobre la cual se edifica esta autenticidad.
Una estrategia de negocio se define por la confianza que genera en sus clientes, proveedores y en sus colaboradores.
Confianza interna: Un programa de cumplimiento efectivo y una política de tolerancia cero ante la corrupción envían un mensaje claro al equipo: la meritocracia y la honestidad son los únicos caminos viables para avanzar en la organización. Esto fomenta un ambiente laboral donde el talento se siente realmente valorado, y reduce la rotación de personal y potencia la productividad.
Relación con proveedores: Las prácticas de transparencia en licitaciones y adjudicaciones aseguran que la empresa colabore con los mejores proveedores, no con aquellos más conectados. Esto, a su vez, mejora la calidad de los insumos y, como consecuencia, el producto final ofrecido al mercado.
Liderazgo de mercado: Las empresas que operan con integridad hacen más que cumplir con la legislación vigente; se posicionan como referentes éticos en su sector. Este liderazgo ético puede influir positivamente en el entorno regulatorio y social donde operan, estableciendo un nuevo estándar que otros pueden seguir.
La anticorrupción ha dejado de ser una nota a pie de página en el manual corporativo. Ahora es factor diferenciador, indicador de madurez institucional y, en esencia, la plataforma para construir una empresa que gane dinero, y que también cultive la confianza y el respeto en un mercado cada vez más exigente y consciente. En México, adoptar la integridad como estrategia es la mejor manera de asegurar que el negocio sea, verdaderamente, un negocio. La integración de principios anticorrupción en cada aspecto de la operación empresarial garantiza un futuro sostenible y redefine el éxito en términos de impacto positivo en la sociedad y en la economía. Así, la integridad se convierte en la inversión inteligente que una empresa puede realizar.
Del 15 al 19 de diciembre se llevó a cabo la décimo primera Conferencia de la ONU contra la Corrupción en Qatar, en donde se reunirán gobiernos y empresas para debatir sobre integridad. Es tiempo de impulsar sistemas de cumplimiento, alinear las cadenas de suministro con estándares éticos y reconocer que la integridad es la mayor ventaja competitiva que se puede construir. Los negocios requieren liderazgos que actúen hoy, en reuniones como esta, que permiten redefinir el éxito, cimentándolo en la ética, la buena gobernanza y la acción colectiva contra la corrupción. La autenticidad corporativa es una responsabilidad, pero, sobre todo, es una oportunidad de transformarnos.
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Nota del editor: Mayra Fritsche García es Gerente de Responsabilidad Social y Sustentabilidad en Altosano, e integrante del Consejo Directivo del Pacto Global de Naciones Unidas Red México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.
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