Publicidad

Cuando la sostenibilidad deja de ser discurso y se convierte en resiliencia global

Los riesgos ya no se concentran en el cambio climático o la desigualdad, sino en el propio orden global que ha sostenido la movilidad, el comercio, cadenas de suministro y confianza entre países.
mié 11 febrero 2026 06:02 AM
turismo
Pensar la sostenibilidad desde una perspectiva sistémica y regenerativa implica reconocer que hoteles, destinos y operadores no solo gestionan activos físicos, sino ecosistemas sociales y ambientales de los que dependen directamente, apunta Ileana López P. (rebelml/Getty Images/iStockphoto)

“Si no hay naturaleza, no hay humanidad, ni empresas, ni dividendos": Johan Rockström.

El Foro Económico Mundial en Davos 2026 no se presentó como un ritual anual de optimismo moderado, sino como un espejo cada vez más nítido de las tensiones estructurales que atraviesan nuestro tiempo. Para la industria de hospitalidad y turismo, este espejo es particularmente revelador: pocas actividades económicas dependen tanto de la estabilidad social, ambiental y geopolítica como el turismo.

Publicidad

Más allá de los debates tradicionales sobre crecimiento o competitividad, Davos dejó claro que la estabilidad que dábamos por sentada está entrando en una transformación profunda. Hoy, los riesgos ya no se concentran únicamente en el cambio climático o la desigualdad —temas centrales para el sector—, sino en el propio orden global que ha sostenido la movilidad, el comercio, las cadenas de suministro y la confianza entre países.

Una de las intervenciones más significativas fue la del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien lanzó una advertencia contundente: “Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”. Se refería a un contexto en el que las reglas que antes guiaban el comercio, la cooperación y la confianza internacional se están desmoronando. Para el turismo, esto se traduce en volatilidad en flujos de viajeros, tensiones en costos operativos, disrupciones en suministros y mayor fragilidad en destinos altamente dependientes de mercados externos.

La ovación que recibió Carney reconocía una realidad compartida: la globalización está siendo empujada hacia su forma más tensa e incierta. Las interdependencias que daban estabilidad a sistemas complejos, incluido el turismo internacional, están siendo cuestionadas en sus cimientos. El propio Carney fue explícito al señalar que las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma: “tarifas como palanca, infraestructura financiera como coerción, cadenas de suministro como vulnerabilidades”. En paralelo, Christine Lagarde subrayó la necesidad de distinguir “la señal del ruido”, recordando que la interdependencia persiste, aun cuando las formas de cooperación cambian.

Este contexto no es marginal para el sector turístico. Pensar la sostenibilidad desde una perspectiva sistémica y regenerativa implica reconocer que hoteles, destinos y operadores no solo gestionan activos físicos, sino ecosistemas sociales y ambientales de los que dependen directamente. La necesidad de alinear el crecimiento turístico con los límites planetarios y con la resiliencia de los territorios ya no es discutible: es urgente. Como lo expresó Johan Rockström: “Si no hay naturaleza, no hay humanidad, ni empresas, ni dividendos.” En turismo, esta ecuación es literal.

Los datos del Global Risks Report 2026 refuerzan esta lectura. La confrontación geoeconómica es hoy el principal riesgo inmediato con mayor probabilidad de detonar una crisis global, superando incluso al cambio climático en el corto plazo. Esto implica que la competencia por recursos, mercados y control de cadenas de suministro está desplazando a la cooperación como principio organizador del sistema global. Para una industria basada en la movilidad, la confianza y la experiencia, este cambio no es menor.

Publicidad

Desde una mirada de sistemas vivos, el sector turístico no está “fallando” en sostenibilidad. Está reaccionando como lo hacen los sistemas mal diseñados cuando se les exige más de lo que pueden dar: priorizando la supervivencia inmediata. Reducción de presupuestos ambientales, postergación de inversiones sociales o repliegue del discurso ESG no son señales de pragmatismo, sino síntomas de modelos que nunca integraron la sostenibilidad en su lógica de creación de valor.

Se suele decir que el corto plazo está devorando al largo. Pero esta lectura es superficial. En los sistemas sanos, el corto y el largo plazo no compiten: se informan y se sostienen mutuamente. Cuando entran en conflicto, como ocurre hoy en muchos destinos saturados o cadenas presionadas por costos, el problema no es el tiempo, sino el diseño: un diseño extractivo, no regenerativo.

En un contexto en el que más del 50 % de los expertos anticipan un escenario global tormentoso en los próximos dos años, las preguntas clave para el turismo ya no son solo operativas, sino estratégicas y humanas: ¿qué no estamos viendo en los destinos que gestionamos?, ¿qué capacidades reales necesitamos desarrollar para sostener comunidades, ecosistemas y experiencias en el tiempo?

Como plantea Otto Scharmer: ¿Qué se vuelve posible cuando una percepción compartida rompe la polarización? En turismo, esto implica pasar de ver a comunidades y territorios como “contexto” a reconocerlos como parte viva del sistema que hace posible la experiencia turística.

Publicidad

Las empresas turísticas que hoy sienten que no pueden sostener decisiones ambientales o sociales frente a la presión económica no están siendo pragmáticas; están evidenciando que su modelo nunca las volvió estructurales. Las reportaron. Las comunicaron. Pero no las integraron.

Por eso, cuando la volatilidad aumenta, lo primero que cae no es la sostenibilidad: es la narrativa. El crecimiento económico global persiste, pero es más lento, desigual y concentrado. Al mismo tiempo, la inversión tecnológica crece con fuerza, generando eficiencias, pero también nuevas brechas. En este escenario, la sostenibilidad entendida como discurso pierde fuerza; la sostenibilidad como capacidad se vuelve diferencial competitivo.

La contracción del modelo globalizado no es una tragedia universal para el turismo. Es una redistribución de posibilidades. Los destinos y empresas profundamente enraizados en su territorio,su historia, su cultura, con cadenas de valor locales, relaciones reales con comunidades y comprensión fina de su contexto, cuentan hoy con una ventaja que ningún sello internacional puede otorgarles: coherencia.

Para ellos, la sostenibilidad no es un costo adicional ni una narrativa importada. Es una condición para operar. Para existir. Para sostener su viabilidad económica.

La verdadera sostenibilidad nunca fue cómoda. Fue exigente.En un mundo en ruptura, la sostenibilidad en el turismo ya no es un discurso que se defiende, sino una capacidad que se desarrolla y se demuestra.

Y solo quienes la construyen desde dentro pueden sostenerla.

____

Nota del editor: Ileana López P. es especialista en negocios regenerativos que integra la sustentabilidad y responsabilidadsocial corporativa con más de 20 años de experiencia en corporativos internacionales, organizaciones de la sociedad civil y agencia de comunicación. Actualmente es la Directora de Impacto en Hoteles BF. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad