Históricamente, los informes de sostenibilidad en México han habitado un limbo cómodo: el de las buenas intenciones y números alegres. Durante años, el desempeño ambiental, social y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) fue el "patio de juegos" de las áreas de Comunicación y Relaciones Públicas; donde las empresas lucían sus mejores galas filantrópicas sin que ello alterara un solo centavo de sus balances financieros. Pero el tiempo de la narrativa romántica se terminó. En 2026, la sostenibilidad en México ha dejado de ser un accesorio filantrópico para convertirse en un mandato contable estratégico.
El cumplimiento de las NIS será la prueba de fuego para el empresariado mexicano
La entrada en vigor de las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS), emitidas por el Consejo Mexicano de Normas de Información Financiera (CINIF), institución responsable de emitir y desarrollar las Normas de Información Financiera (NIF) en México, marca un antes y un después en el ADN corporativo del país. No estamos ante un simple cambio de formato, sino ante una metamorfosis en la rendición de cuentas. Al alinear los criterios nacionales con los estándares internacionales IFRS S1 y S2, México le dice al mundo que el desempeño financiero y el impacto planetario son, finalmente, dos caras de la misma moneda.
La urgencia está respaldada por el mercado global: de acuerdo con Bloomberg Intelligence, los activos bajo criterios ESG superarán los 53 billones de dólares este año. En este contexto, la pregunta incómoda que flota en los Consejos de Administración no es "¿qué dice la norma?", sino "¿estamos realmente listos?". La respuesta corta es no. A pesar del entusiasmo regulatorio, gran parte del ecosistema empresarial mexicano padece una miopía estratégica. Muchos líderes aún ven las NIS como una "carga regulatoria" adicional, un trámite burocrático más que hay que sortear con el mínimo esfuerzo. Nada más lejos de la realidad.
Sin embargo, la sostenibilidad corporativa "ya es mayor de edad". Ya no se trata de plantar árboles para la foto; se trata de estrategia, capex, opex, trazabilidad, de datos duros y de riesgos climáticos que pueden comprometer la solvencia de una organización a mediano y largo plazo. Reportar bajo las NIS implica que la información ESG deberá integrarse en las notas de los estados financieros. En términos generales: si mientes o maquillas tus datos, estás comprometiendo la integridad de tu información financiera ante inversionistas, bancos y autoridades como la CNBV.
El verdadero reto no es la norma per se, sino la arquitectura de datos detrás de ella. Las empresas necesitan un "mapa accionable" que hoy, en muchos casos, está extraviado. ¿De dónde se extraen los datos de emisiones de Alcance 3? ¿Cómo se calcula el impacto real de la brecha salarial de género en la rentabilidad, bajo la óptica de la Taxonomía Sostenible de México? ¿Quién audita la ética de la cadena de suministro? Estas preguntas requieren estrategia, capacitación y tecnología, pero sobre todo, requieren una cultura de transparencia radical que aún es escasa en nuestro mercado.
La transición exige una inversión urgente en temas de sostenibilidad. No podemos pedirle al contador tradicional que interprete riesgos climáticos de la noche a la mañana, ni al experto en sostenibilidad que entienda de normas de revelación financiera sin un puente de formación sólida. Es imperativo que las organizaciones mexicanas dejen de ver estos reportes como una tarea de "cumplir y olvidar" para verlos como una herramienta para la creación de una nueva propuesta valor.
Aquellas compañías que hoy inviertan en sostenibilidad y en la profesionalización de sus equipos, no solo estarán cumpliendo con la norma; estarán blindando su competitividad en la era del nearshoring, donde el capital internacional fluye hacia la transparencia, la opacidad mexicana será castigada con el olvido financiero.
La sostenibilidad ya no es un capítulo aparte en el informe anual; es el marco sobre el cual se escribe el futuro económico de México. El cierre de este ciclo fiscal es la prueba de fuego para una clase empresarial que debe decidir si quiere liderar el cambio o ser arrastrada por él. Se acabaron los números alegres, es hora de las cuentas claras.
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Nota del editor: Pablo Necoechea es experto en innovación, ESG y sostenibilidad empresarial. Es Licenciado y Maestro en Desarrollo Económico por la UPAEP, Maestro en Innovación y Competitividad por Deusto Business School, Maestro en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Economía y Gestión de la Innovación por el programa interuniversitario de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Politécnica de Madrid. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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