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Eficiencia energética, el nuevo estándar de la innovación

Sabemos que la IA no viene sola. Viene con factura: energía, agua y demanda computacional 24/7. Y esa factura la vamos a pagar todos.
vie 30 enero 2026 06:03 AM
Eficiencia energética, el nuevo estándar de la innovación
En 2024, los centros de datos consumieron alrededor del 1.5% de la electricidad global. Y si las proyecciones se cumplen, el consumo aumentará alrededor de 141% para 2026: más del doble en apenas dos años, señala Ana Peña. (iStock)

Durante años, la innovación tecnológica se midió con una sola regla no escrita: más poder. Más velocidad, más almacenamiento, más capacidad, más “algo”. En 2026, esa idea ya no alcanza. No porque nos hayamos vuelto menos ambiciosos, sino porque el mundo se dio cuenta de algo clave: el verdadero poder no está en consumir más, sino en lograr más con menos.

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Por eso la eficiencia energética dejó de ser un “nice-to-have” o un dato secundario en una ficha técnica. Hoy es el nuevo estándar: la forma más clara de distinguir quién está innovando… y quién solo está empujando el mismo modelo con más gasolina.

La sostenibilidad digital ya no es discurso, es métrica

Antes era común pensar en sostenibilidad como un tema “verde” separado del mundo digital, como si el internet viviera en una nube literal y no en una infraestructura física gigantesca. Pero la realidad es que la tecnología también consume energía –y mucha–. Y es un tema en el que ya he profundizado antes .

El uso de la Inteligencia Artificial (IA) en nuestro día a día es, sin duda, el avance más emocionante de los últimos años. Pero también es el más demandante. Sabemos que la IA no viene sola. Viene con factura: energía, agua y demanda computacional 24/7. Y esa factura la vamos a pagar todos.

Este cambio de escala ya es tan evidente que incluso se está colando en la agenda política y energética. En Estados Unidos, por ejemplo, Donald Trump impulsó recientemente la idea de una subasta energética de emergencia”, donde grandes empresas tecnológicas —especialmente aquellas que operan centros de datos e infraestructura de IA— tendrían que pagar directamente por nueva capacidad de generación eléctrica. El mensaje es claro: la demanda energética del cómputo moderno ya no puede seguir cargándose al sistema como si fuera infinita. Cuando incluso una potencia como Estados Unidos empieza a preguntarse quién va a pagar la factura energética de la IA, queda claro que el problema no es futurista ni teórico. Es presente, es estructural y obliga a repensar cómo crecemos sin colapsar.

Una consulta en modelos como ChatGPT puede consumir hasta 10 veces más energía que una búsqueda tradicional en Google. Y esto no es un simple detalle técnico, es un cambio de escala. Cien millones de personas usan ChatGPT semanalmente, y eso sin contar Copilot, Gemini, Grok y todo el ecosistema que está creciendo alrededor.

La historia no se reduce al uso diario. La IA no solo consume recursos cuando la usas. El verdadero “recibo” se empieza a generar desde antes, en su entrenamiento. Para ponerlo en perspectiva: entrenar a GPT-3 fue como obligar a una supercomputadora a leer casi todo internet de un tirón. ¡Qué maravilla!, sí, pero requirió alrededor de 1.3 millones de kWh, comparable con 1.6 millones de horas de streaming en Netflix.

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En 2024, los centros de datos consumieron alrededor del 1.5% de la electricidad global. Y si las proyecciones se cumplen, el consumo aumentará alrededor de 141% para 2026: más del doble en apenas dos años. En este escenario, la eficiencia ya no es solo optimización: es el requisito para escalar sin colapsar.

Lo más interesante es que estos números podrían ser todavía más alarmantes. La mejora en eficiencia ya está limitando el crecimiento del consumo, incluso con el aumento brutal de cargas de trabajo. Dicho simple: la eficiencia es el freno que evita que el crecimiento digital se nos vaya de las manos.

Hoy, la eficiencia energética dejó de ser un tema de responsabilidad corporativa y se volvió un indicador directo de competitividad global. ¿Por qué? Porque en un mundo con presión energética, costos volátiles y metas climáticas, el país, empresa o industria que haga lo mismo consumiendo menos… gana.

Gana porque reduce costos sin sacrificar el rendimiento.

Gana porque escala más rápido.

Gana porque es más resiliente.

Y gana porque su crecimiento no depende de cuánta energía pueda “quemar”, sino de qué tan bien la aprovecha.

La idea es simple: da igual si hablamos de un centro de datos o de tu smartphone. El que hace más con menos energía, gana. Esa es la nueva medida de innovación.

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Los 3 pilares del cómputo del futuro: eficiencia + potencia + IA integrada

Y aquí se está definiendo la próxima década tecnológica. El cómputo del futuro no se trata de tener chips más grandes y más calientes, sino de construir arquitecturas con tres pilares claros:

1) Eficiencia energética como prioridad de diseño:

La energía ya no es un límite que se resuelve al final: el “performance por watt” se volvió una métrica crítica, especialmente en cómputo para IA. Un chip puede ser rapidísimo, pero si consume demasiado, deja de ser escalable… y deja de ser negocio.

2) Potencia real, no solo números de marketing

La potencia de verdad ya no es la que presume el número más alto por un ratito. Es la que se sostiene: la que rinde bien todo el día, sin calentar de más, sin gastar energía a lo loco y sin pedirte una infraestructura imposible. Hoy el reto es ese: performance útil, estable y eficiente… porque eso es lo que permite crecer a escala.

3) IA integrada sin depender siempre de la nube

Estamos entrando a una etapa donde la IA deja de vivir únicamente en la nube y empieza a correr localmente en nuestras laptops, PC, y hasta en equipos industriales. Para que eso sea posible, los chips están integrando NPU (Neural Processing Units), o sea, motores dedicados para tareas de inteligencia artificial que hacen inferencia consumiendo mucha menos energía. Eso está empujando una nueva generación de computadoras: las AI PC, computadoras diseñadas para correr IA de forma nativa , local y eficiente sin tener que mandar cada cosa a un data center.

La innovación eficiente no es solo tecnología visible

Ahora, lo más emocionante de este momento no es solo lo que pasa en chips o centros de datos. Es que la mentalidad de “más con menos” se está filtrando a industrias que casi nadie relaciona con tecnología. Un ejemplo sorprendente: alimentar vacas con ciertas algas marinas (como Asparagopsis) puede reducir emisiones de metano hasta en 80% en condiciones experimentales –y sí, el metano sale principalmente… de sus eructos y gases–.

Suena a broma de internet, pero es innovación pura: no se trata de producir más, sino de optimizar el sistema para lograr el mismo resultado con menor impacto. Exactamente lo mismo que está pasando con el cómputo.

Eficiencia: el nuevo lujo y la nueva ética

Hubo una época donde el lujo tecnológico era comprar lo más potente, aunque fuera ineficiente. Hoy, el lujo es otra cosa:

- Tener un dispositivo que rinde más, pero consume menos.
- Tener infraestructura que escala, pero no colapsa energéticamente.
- Tener IA más capaz, pero no irresponsable.
- Tener innovación que suma, en lugar de que simplemente gaste.

La eficiencia energética no es una moda: es el nuevo filtro para saber si una innovación es seria. Y quizá el punto más interesante es este: en la próxima década, la pregunta no será “¿qué tan rápido es?” sino: “¿qué tan bien aprovecha cada watt que consume?”.

Porque al final, la tecnología que dominará el futuro no será la que consuma más… sino la que haga más con menos. Ahí está la verdadera revolución.

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Nota del editor: Ana Peña es directora de comunicación para Intel Américas. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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