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Más allá de la narrativa: la sostenibilidad como motor de negocio

Las empresas reconocen la urgencia de actuar, pero muchas aún no logran traducir esa intención en resultados medibles y sostenibles en el tiempo.
mié 04 marzo 2026 06:03 AM
Más allá de la narrativa: la sostenibilidad como motor de negocio
El mayor riesgo para las empresas ya no es no ser sostenibles, sino quedarse en el discurso sin transformar su operación. Esta agenda no se materializa en reportes o compromisos públicos, sino en la forma en que diseñamos sistemas, tomamos decisiones y medimos el desempeño, apunta Carlos Marcel. (Foto: iStock)

Durante años, en muchas organizaciones, la sostenibilidad se entendió como un asunto reputacional, una agenda paralela al negocio o, en el mejor de los casos, como un requisito regulatorio. Se percibía como un complemento, no como un eje estratégico.

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Hoy ese paradigma está cambiando de manera profunda. La sostenibilidad se consolida como un factor determinante de competitividad y como una capacidad operativa crítica para las empresas que buscan crecer con visión de largo plazo. Impulsada por la tecnología, permite integrar datos, optimizar procesos y tomar decisiones más inteligentes, convirtiéndose en un verdadero motor de eficiencia, innovación y creación de valor.

Los datos globales lo confirman. El Global Sustainability Barometer de Kyndryl, que analiza cómo las organizaciones integran sostenibilidad y tecnología en sus estrategias, revela un hallazgo contundente: existe una alta alineación estratégica con los objetivos ambientales, pero el impacto real sigue siendo limitado y difícil de escalar. En otras palabras, las empresas reconocen la urgencia de actuar, pero muchas aún no logran traducir esa intención en resultados medibles y sostenibles en el tiempo.

México no es la excepción, aunque presenta una característica relevante. En el país, esta agenda está siendo impulsada principalmente por el valor que genera al negocio más que por una motivación reputacional. Las organizaciones la integran para mejorar eficiencia energética, optimizar costos, fortalecer resiliencia operativa y asegurar cumplimiento regulatorio. Sin embargo, el principal desafío sigue siendo tecnológico: sin plataformas integradas y datos confiables, las iniciativas permanecen fragmentadas y su impacto estratégico difícilmente se vuelve visible o medible.

Aquí surge una de las brechas más críticas para la competitividad empresarial: la distancia entre intención e impacto. Muchas organizaciones aún consideran la sostenibilidad como un componente adicional dentro de sus procesos de modernización tecnológica, cuando debería ser un criterio central desde la fase de diseño. Son pocas las que integran objetivos ambientales directamente en sus decisiones tecnológicas, y las consecuencias son claras: reportes poco confiables, dificultades para sustentar inversiones, baja automatización y limitada capacidad para anticipar riesgos.

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La tecnología, y en particular la Inteligencia Artificial, está redefiniendo este escenario. Hoy muchas empresas la utilizan principalmente para análisis descriptivos, pero el verdadero punto de inflexión está en evolucionar hacia capacidades predictivas y autónomas. El potencial es claro: no se trata solo de reportar mejor los indicadores ESG, sino de gestionarlos en tiempo real, anticipar riesgos climáticos, optimizar automáticamente el consumo energético, fortalecer cadenas de suministro resilientes y habilitar decisiones estratégicas con base en datos integrados y confiables.

Este cambio exige replantear la sostenibilidad desde el núcleo del negocio. No debe limitarse a la medición de impactos, sino integrarse como componente estructural de la estrategia y la operación. Las empresas que han dado este paso ya observan beneficios concretos en eficiencia, reducción de costos y posicionamiento competitivo. No obstante, el reto no es exclusivamente tecnológico; es, sobre todo, de liderazgo. Cerrar la brecha entre intención e impacto demanda visión estratégica, desarrollo de capacidades y una arquitectura digital que articule datos y decisiones. De lo contrario, cualquier iniciativa corre el riesgo de diluirse.

La buena noticia es que el avance no requiere transformaciones radicales desde el primer día. En la mayoría de los casos, comienza con mejoras incrementales: optimizar procesos existentes, modernizar infraestructura, integrar datos y automatizar decisiones. Con el tiempo, estos avances generan un efecto acumulativo que permite escalar el impacto de manera sostenible.

Estamos entrando en una etapa donde esta agenda será medible, operativa y escalable. En los próximos años veremos cómo la inteligencia artificial amplía su impacto más allá de la eficiencia hacia la toma de decisiones autónoma en tiempo real. Las organizaciones que integren tecnología, datos y sostenibilidad como una sola estrategia serán las que capturen mayor valor económico y ventaja competitiva.

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Desde mi perspectiva, el mayor riesgo para las empresas ya no es no ser sostenibles, sino quedarse en el discurso sin transformar su operación. Esta agenda no se materializa en reportes o compromisos públicos, sino en la forma en que diseñamos sistemas, tomamos decisiones y medimos el desempeño. Cuando se integra de manera natural en estos procesos, deja de ser un objetivo aislado y se convierte en una ventaja competitiva estructural.

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Nota del editor: Carlos Marcel es director general de Kyndryl México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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