La sostenibilidad empresarial ha dejado de ser un elemento aspiracional para convertirse en una prioridad estratégica, y por ello, en el 2026, las empresas de todos los sectores enfrentarán un entorno donde las expectativas regulatorias, sociales y de mercado exigen resultados concretos, y donde la innovación tecnológica abre nuevas oportunidades para transformar sus modelos de negocio.
Algunas tendencias de sostenibilidad empresarial para 2026
Así, las tendencias que marcarán el rumbo para la sostenibilidad durante el próximo año se caracterizan por una combinación de avance tecnológico y mayor rigor en la transparencia, con un enfoque más amplio que integra no solo el cambio climático, sino también la naturaleza en general, las personas y la gobernanza. Para las empresas, comprender estas dinámicas no es solo una cuestión reputacional, sino un factor cada vez más determinante de competitividad, eficiencia y acceso a mercados, como ya se ha visto en los últimos años.
Para empezar, una de las tendencias más claras es la incorporación acelerada de tecnologías digitales en la gestión ambiental y social, donde, por ejemplo, la inteligencia artificial y los sistemas de monitoreo en tiempo real permitirán predecir consumos de energía, identificar ineficiencias, anticipar riesgos operativos y reducir desperdicios antes de que estos ocurran, dotando a las empresas de una mayor capacidad de anticipación, lo que representa un salto significativo frente a los métodos tradicionales basados en mediciones reactivas o reportes de cierre. De esta manera, la sostenibilidad, apoyada en datos y automatización, se puede convertir en una herramienta de eficiencia operativa que directamente impacta en costos y en calidad del servicio.
Al mismo tiempo, la digitalización de los reportes ESG hace posible una transparencia mucho más robusta y verificable, respondiendo a la presión de inversionistas, consumidores y reguladores. Para las empresas mexicanas y latinoamericanas, donde la trazabilidad de información aún es un reto, esta tendencia representa una oportunidad para alinearse con estándares internacionales y abrir la puerta a nuevos mercados globales.
En paralelo, la economía circular se está consolidando como un modelo económico indispensable, ya que la presión por reducir residuos, evitar el uso de materias primas vírgenes y aumentar la reciclabilidad de los productos no es solo ambiental, sino también económica. Los costos de extracción, transporte y almacenamiento de materiales siguen aumentando, mientras que los consumidores valoran cada vez más productos durables, reparables y con ciclos de vida extendidos; por ello, en 2026 seguramente veremos a más empresas rediseñando sus procesos para recuperar materiales, ofrecer servicios de mantenimiento, reutilizar componentes o incluso convertir residuos en nuevas oportunidades de negocio, con la posibilidad de diferenciarse frente a la competencia y de responder a regulaciones emergentes que pronto serán más estrictas.
El enfoque empresarial hacia la naturaleza también será más amplio y sofisticado, ya que durante años el énfasis estuvo casi exclusivamente en las emisiones de gases de efecto invernadero, pero la discusión a nivel global se ha ido moviendo hacia una visión más integral que incluye biodiversidad, calidad del agua, salud del suelo y resiliencia de los ecosistemas, entre otros retos ambientales.
Ante esto, las compañías comenzarán a incorporar métricas de capital natural en sus decisiones y reportes, lo que las obliga a visibilizar impactos que antes pasaban desapercibidos; por ejemplo, sectores como la construcción, la agricultura, la manufactura, la logística y el turismo deberán adaptarse rápidamente para demostrar que están reduciendo su impacto en los sistemas naturales de los que depende su operación. Para las organizaciones, esto significa que la sostenibilidad ya no se limita a “compensar” emisiones, sino a proteger los recursos que aseguran su continuidad operativa en el futuro a partir de una doble materialidad que considera los impactos de la empresa hacia al entorno y viceversa.
Por otro lado, también se espera que la dimensión social de la sostenibilidad cobrará un protagonismo creciente en los próximos años; por ejemplo, temas como las condiciones laborales, la inclusión, el bienestar y los derechos humanos pueden considerarse hoy tanto como factores de riesgo, como elementos de valor para las empresas, y no únicamente como iniciativas aisladas de responsabilidad social. En 2026, las empresas seguirán viéndose presionadas para demostrar cómo cuidan a su talento, cómo contribuyen al desarrollo de las comunidades donde operan, y cómo generan oportunidades equitativas, debiendo demostrar a sus diversos públicos mayor coherencia entre lo que declaran y lo que hacen.
Otra tendencia que seguirá acelerándose a nivel global es la transición hacia energías limpias y la búsqueda de autosuficiencia energética, por la volatilidad en los costos de la energía y la presión por reducir emisiones que están llevando a más empresas a invertir en soluciones de autogeneración, eficiencia energética, electrificación de procesos y movilidad sostenible. Las ciudades también están avanzando hacia infraestructura más eficiente y edificios con menor huella ambiental, lo cual no solo es una decisión ambiental para las empresas, sino un mecanismo de reducción de riesgos y de protección financiera frente a mercados energéticos cada vez más inciertos.
Finalmente, el aumento en la regulación y en las demandas de transparencia en materia de sostenibilidad será un parteaguas, en el que las promesas sin sustento perderán legitimidad, por lo que las autoridades, reguladores, inversionistas y consumidores exigirán datos verificables cada vez más. Las empresas que no logren adaptarse enfrentarán costos reputacionales y dificultades para acceder a financiamiento o licitaciones; pero aquellas que sí se preparen podrán aprovechar un contexto en el que la sostenibilidad se valora como señal de solidez, visión y preparación ante riesgos futuros.
Por todo ello, 2026 será un año en el que la sostenibilidad seguirá consolidándose como un elemento estratégico imposible de ignorar. Así, las compañías que integren estas tendencias en su operación no solo responderán a las expectativas sociales y ambientales de sus grupos de interés, sino que ganarán eficiencia, credibilidad y resiliencia; siendo la sostenibilidad, más que un desafío, una oportunidad para construir organizaciones más fuertes y mejor preparadas para un entorno global cada vez más exigente.
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Nota del editor: Jorge Reyes Iturbide es especialista en responsabilidad social empresarial y desarrollo sostenible y desde hace 20 años ha trabajado para diversas empresas y organismos nacionales e internacionales en proyectos de investigación, consultoría, desarrollo de estándares y educación ejecutiva en la materia. Actualmente es Director de Empleabilidad en la Universidad Anáhuac México. Síguelo en X y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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