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¿Por qué las empresas siguen confundiendo filantropía con sostenibilidad?

Cuando el equipo directivo o C-levels no participan en definir qué es material para la empresa, es imposible que la sostenibilidad se integre en la visión estratégica.
vie 02 enero 2026 07:05 AM
¿Por qué las empresas siguen confundiendo filantropía con sostenibilidad?
Mientras sigamos confundiendo hacer el bien con hacer bien el negocio, la sostenibilidad seguirá siendo lo primero que se sacrifica cuando las cosas se pongan difíciles, considera Daniela Hernández Álvarez. (iStock)

Este año he revisado varios análisis de materialidad de diferentes empresas. En más del 50% de los casos, me he encontrado con lo mismo: sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) están vinculados principalmente con actividades de ayuda.

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Donativos, voluntariados, jornadas de reforestación. ¿Es malo esto? Todas son acciones valiosas, pero no son sostenibilidad. Y confundirlas tiene consecuencias que pueden impactar la vida de tu empresa.

La diferencia que no hemos logrado explicar

La filantropía es una acción solidaria externa a la operación de la empresa. Es voluntaria, discrecional, y lo primero que se recorta cuando hay un año difícil. Se puede hacer o no hacer sin que afecte fundamentalmente cómo opera el negocio.

La sostenibilidad, en cambio, es inherente al modelo de negocio. No es algo que "se añade" a las operaciones existentes, sino la forma en que la empresa genera valor considerando su impacto ambiental, social y de gobernanza como parte integral de su estrategia.

Por ejemplo: cuando una empresa dona árboles o va a reforestar, pero ninguna parte de su cadena de valor depende de ecosistemas forestales, no tiene operaciones en zonas boscosas, ni su producto final se relaciona con madera o servicios ambientales, está haciendo filantropía. Es una buena acción, pero externa a su negocio.

Cuando una empresa textil capacita artesanos locales en técnicas de producción y diseño donde tiene proveedores, está haciendo sostenibilidad: fortalece su cadena de suministro y crea relaciones de largo plazo con comunidades críticas para su operación.

La diferencia va más allá de ser “buena empresa”. Es estratégica: una acción es sostenible cuando está vinculada al modelo de negocio, no cuando se ve bien en el reporte.

El círculo vicioso de la confusión

Entonces, ¿por qué tantas empresas siguen reduciendo la sostenibilidad a actividades filantrópicas? Tengo varias hipótesis, pero aquí van 3 basadas en lo que he observado:

Primera: están siendo mal asesoradas. He leído reportes de sostenibilidad hechos por consultoras (pequeñas y grandes) y ni las propias consultoras entienden cómo acompañar a las empresas a integrar la sostenibilidad en su modelo de negocio.

Reproducen el mismo enfoque superficial: identifican "temas materiales" genéricos, proponen programas de responsabilidad social, no lo que las empresas necesitan. Y así nace la filantropía estructurada con lenguaje ESG.

Segunda: no hay suficiente talento. La sostenibilidad requiere un perfil muy complejo: conocimiento técnico en temas ambientales y sociales, habilidades de negocio y estrategia, y sobre todo, pensamiento sistémico para entender cómo cada decisión operativa genera impactos interconectados.

Este tipo de profesionales se forman con años de experiencia integrando múltiples disciplinas. No abundan todavía. Y las empresas, presionadas por cumplir con reportes y regulaciones, contratan talento disponible, no necesariamente talento calificado.

Tercera: los líderes delegan sin involucrarse. Los análisis de materialidad deberían ser ejercicios estratégicos donde la alta dirección identifica qué impactos ASG afectan directamente la viabilidad del negocio. Pero en la práctica, se delegan a equipos junior o consultores externos que llenan matrices sin entender realmente el modelo de negocio.

Cuando el equipo directivo o C-levels no participan en definir qué es material para la empresa, es imposible que la sostenibilidad se integre en la visión estratégica.

El costo de no cambiar:

Mientras la sostenibilidad se siga percibiendo como "ayuda al prójimo" o "cuidar el medio ambiente", las empresas seguirán poniendo curitas en lugar de sanar enfermedades de raíz.

Seguirán viéndola como algo prescindible en crisis, como costo en lugar de valor. Y lo más grave: desperdiciarán su enorme poder transformador.

Soy una fiel creyente de que las empresas tienen un enorme poder de transformación: desde la capacidad de rediseñar cadenas de suministro, de innovar en modelos de negocio, de influir en políticas públicas, de transformar industrias completas. Cuando reducen su impacto a donativos y voluntariados, están eligiendo el camino de menor impacto.

Menos juicio y más preguntas

No se trata de señalar quién lo hace mal o quién lo hace bien. La sostenibilidad no tiene recetas únicas ni hay correcto o incorrecto: hay preguntas que nos ayudan a tener claridad de cómo tomar mejores decisiones considerando el contexto más amplio.

Si eres directivo/a: involúcrate directamente en el análisis de materialidad de tu empresa. No lo delegues completamente. No tienes que saber catalogar tus impactos ESG. Solo debes tener claridad en qué acciones y operaciones realmente afectan la viabilidad de tu negocio a largo plazo, y diseñar la estrategia desde ahí.

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Si eres una consultoría: eleva tu expertise. No reproduzcas marcos genéricos. Forma equipos transdisciplinarios que traduzcan riesgos y oportunidades de negocio en impactos ESG.

Porque mientras sigamos confundiendo hacer el bien con hacer bien el negocio, la sostenibilidad seguirá siendo lo primero que se sacrifica cuando las cosas se pongan difíciles.

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Nota del editor: Daniela Hernández Álvarez es directora de Earth & Life University, universidad líder en formación de agentes de cambio en sostenibilidad e innovación. Reconocida como Top Voice en Sostenibilidad por LinkedIn y una de las 30 mentes más sostenibles por Forbes México. Ha acompañado a más de 300 empresas y emprendedores en procesos de liderazgo sostenible. Es Licenciada en Relaciones Internacionales, cuenta con una maestría en Ecotecnologías y cursa un doctorado en Neurociencias y Educación. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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