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Las 5 tendencias ESG más importantes para este 2026

La sostenibilidad entra en su fase de madurez: deja de ser discurso y se convierte en una variable dura de competitividad, riesgo y acceso a capital. No es ideología; es el futuro de los negocios.
lun 12 enero 2026 06:01 AM
Las 5 tendencias ESG más importantes para este 2026
El mensaje es claro: los mercados no están abandonando el ESG, lo están profesionalizando, apunta Pablo Necoechea. (iStock)

Durante años, el ESG fue tratado como una moda importada o, en el mejor de los casos, como un ejercicio reputacional o solo de responsabilidad social. En 2026, esa etapa queda definitivamente atrás. La sostenibilidad entra en su fase de madurez: deja de ser discurso y se convierte en una variable dura de competitividad, riesgo y acceso a capital. No es ideología; es el futuro de los negocios.

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Basta un dato para entender el momento: los activos gestionados bajo enfoques responsables y sostenibles superaron los 16.7 billones de dólares en 2024, casi 50% más que dos años antes, y ya representan más de una cuarta parte del mercado global de fondos. El mensaje es claro: los mercados no están abandonando el ESG, lo están profesionalizando.

Estas son las cinco tendencias que marcarán el rumbo del ESG en 2026, tanto en México como a nivel global.

El ESG adopta un idioma común y deja de ser interpretativo

La fragmentación de estándares comienza a cerrarse. Los marcos IFRS S1 y S2 del ISSB se consolidan como el lenguaje de la sostenibilidad financiera. En México, esto se materializa con la entrada en vigor de las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS), que obligan a reportar información ESG con el mismo rigor que la financiera. En 2026, muchas empresas presentarán su primer reporte obligatorio, y quedarán expuestas una potencial verdad incómoda: no todas estaban preparadas. La sostenibilidad ya no se declara; se documenta y se profesionaliza.

Fin del ESG cosmético: llega la era de la evidencia

El greenwashing se vuelve un riesgo legal, financiero y reputacional. Reguladores y mercados están elevando el estándar de aseguramiento, coherencia y control interno de la información ESG. Europa, lejos de “dar marcha atrás”, está afinando sus reglas para concentrarse en empresas grandes y riesgos materiales, sin renunciar al fondo del asunto. En 2026, quien no tenga datos ESG trazables, procesos internos y gobernanza clara, pagará el precio de la desconfianza, primas de riesgo más altas y pérdida de acceso a capital.

La cadena de suministro se convierte en el nuevo campo de batalla

El ESG ya no se limita a lo que ocurre dentro de la empresa. La cadena de valor, proveedores, contratistas y socios comerciales pasan a ser parte del perímetro de riesgo. Para países como México, profundamente integrados a cadenas globales por el nearshoring, esto es crítico. No habrá nearshoring competitivo sin cumplimiento ambiental, laboral y de integridad en la cadena de valor. En 2026, muchas empresas descubrirán que su mayor riesgo ESG no está en su operación directa, sino con sus grupos de interés.

La transición energética deja el PowerPoint y entra al balance

El capital ya se está moviendo. La inversión global en energía alcanzará niveles récord, con más de dos billones de dólares dirigidos a tecnologías limpias, el doble de lo que fluye hacia combustibles fósiles. En 2026, la diferencia no la marcará quien tenga la mejor estrategia climática, sino quien tenga proyectos ejecutables: contratos de energía limpia, eficiencia operativa, electrificación, almacenamiento, movilidad y combustibles sostenibles con retornos claros y riesgos bien gestionados.

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Medio ambiente y cambio climático: el ESG del mundo real

El cambio climático dejó de ser un riesgo futuro. Inundaciones, sequías y estrés hídrico ya impactan activos, seguros y planeación urbana. Sin embargo, la brecha de financiamiento para adaptación sigue siendo enorme. En paralelo, biodiversidad y capital natural entran con fuerza a la agenda corporativa. El mensaje para 2026 es contundente: no basta con reducir emisiones; hay que construir resiliencia. Las empresas que no integren estos riesgos en su toma de decisiones lo harán a un costo cada vez mayor.

Este 2026 será, sin duda, el año en que el ESG deje de ser una conversación moral y se consolide como una herramienta estratégica en el futuro de los negocios. Ganarán las empresas que entiendan que la sostenibilidad no es un gasto adicional, sino una inversión y la forma más moderna de proteger valor, asegurar continuidad y competir en un mundo radicalmente distinto al de hace unos pocos años.

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Nota del editor: Pablo Necoechea es director regional de EGADE Business School en la Ciudad de México y Querétaro. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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