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Empresas con propósito: los cimientos de una nueva economía

Reconocer que algo no va bien en este sistema económico está cada vez más extendido y va de la mano con la llamada "policrisis" —ambiental, social, económica— que oscurece el horizonte.
Reimaginar el crecimiento empresarial para aprovechar las oportunidades emergentes
Una nueva economía empieza a ser real cuando se ponen los primeros cimientos. Y las empresas con propósito lo son, considera Javier Herrero. (iStock)

Aunque ya tenemos el primer trillonario en el planeta, una parte importante de la población no se siente optimista respecto al rumbo que está tomando. Según el reporte global Edelman Trust Barometer 2026, realizado en 28 países —entre ellos México— con casi 34,000 personas entrevistadas, el 56% coincide en que el capitalismo, en su forma actual, "hace más daño que bien". Solo el 15% de los encuestados cree que sus familias tendrán un futuro mejor. Reconocer que algo no va bien en este sistema económico está cada vez más extendido y va de la mano con la llamada "policrisis" —ambiental, social, económica— que oscurece el horizonte.

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Podemos continuar identificando los problemas que tenemos y los que ya se otean, pero nos cuesta mucho más imaginar los caminos hacia futuros más esperanzadores. Decía Kate Raworth, economista y autora de “Doughnut Economics”, que "la economía que necesitamos no está en ningún libro de texto: tenemos que dibujarla". ¿Cómo podemos pensar, imaginar y dibujar una nueva y mejor economía? ¿Qué sucedería si reimaginamos la razón de ser de una célula fundamental en este sistema económico: la empresa?

Hace 20 años, una pequeña iniciativa liderada por tres emprendedores en Estados Unidos desafió un dogma corporativo que parecía inmutable: la idea de que la única responsabilidad fiduciaria de una empresa es maximizar los beneficios para sus accionistas. De esa inconformidad nació el Movimiento B: un movimiento empresarial basado en el cuidado y la interdependencia que, 20 años después, agrupa en todo el mundo a más de 10,700 empresas que comparten una certificación: la de Empresa B o B Corp. Menos conocido es que este Movimiento fue el detonante de una transformación jurídica significativa que provocó el nacimiento de la Public Benefit Corporation (PBC): un nuevo tipo de empresa que equilibra la generación de valor para los accionistas con el impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente, y que tiene el deber legal de perseguir una misión social o ambiental explícita, protegiendo esa meta incluso si reduce las ganancias a corto plazo. Hoy, en Estados Unidos, más de 40 estados han legalizado esta estructura, sumando más de 10,000 empresas PBC. Entre ellas, Coursera, Patagonia, Kickstarter o la más reciente y mediática Anthropic operan bajo esta figura legal.

Esta ola transformadora no se ha detenido en Estados Unidos. En Latinoamérica, naciones como Colombia —pionera con su Ley BIC de 2018—, Ecuador, Perú, Uruguay y Panamá ya regulan formalmente a las empresas de triple impacto, tal como ha documentado recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Y en Europa, países como Francia (con sus Sociétés à Mission), España (con las Sociedades de Beneficio e Interés Común aprobadas en 2022) o Italia (con la Società Benefit) ya incorporaron esta categoría empresarial a sus legislaciones mercantiles. Algo está naciendo, entonces.

¿Y qué hay de México? ¿Podría un tipo de empresa como la PBC tener su lugar en nuestra legislación y favorecer una transformación empresarial que impacte en los desafíos sociales y ambientales crecientes? El pasado mes de abril se realizó en el antiguo Senado Xicohténcatl el Foro "Rumbo a una agenda legislativa para la economía sostenible en México: empresas con propósito y prosperidad compartida", auspiciado por la Comisión de Economía del Senado. Este Foro arrancó una discusión legislativa para explorar la factibilidad del reconocimiento legal de empresas cuyo propósito va más allá del beneficio económico. Se estima que en México operan unas 60,000 empresas con impacto social y ambiental, pero al no contar con un marco legal que las reconozca y las proteja, la gran mayoría enfrenta un entorno regulatorio que no fue diseñado para ellas.

Ejemplos de ello son Tierra de Monte, empresa queretana de biotecnología agrícola, que ha regenerado más de 80,000 hectáreas de cultivos en México sustituyendo pesticidas por soluciones biológicas, sin resignar rentabilidad o Recíclalo, que convierte la gestión de residuos en un modelo de negocio con impacto comunitario directo.

No son excepciones: son señales de que otro tipo de empresa ya existe en México, y que está esperando el marco legal que la reconozca. Para hacerlo posible, en el Foro se presentó la propuesta de una ley de Empresas con Propósito e Interés Colectivo (EPIC), desarrollada por la Red de Investigación por una Nueva Economía y apoyada por Sistema B México, que funcionaría como un régimen especial dentro de la Ley General de Sociedades Mercantiles.

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¿Qué atributos hacen relevante a esta propuesta? En primer lugar, que permitiría a las empresas proteger su propósito de impacto frente a socios actuales o futuros, protegiendo legalmente a sus administradores cuando tomen decisiones que prioricen lo social o ambiental sobre la utilidad de corto plazo. Además, incorpora la transparencia obligatoria mediante reportes anuales de impacto y alinea el marco local con los estándares internacionales de las Sociedades BIC.

En el plano económico, la Ley EPIC no busca otorgar beneficios fiscales directos, pero sí dar certeza jurídica a los fondos de inversión de impacto que exigen, por mandato de sus propios estatutos, que las empresas en su portafolio tengan este tipo de candados legales aprobados en sus países de origen. Además, abre el camino para que, en futuras licitaciones gubernamentales, las empresas con propósito reciban puntos de preferencia por su impacto social y ambiental: un incentivo de mercado, no un subsidio.

Imaginar una nueva economía requiere repensar el ADN de las empresas: dónde están poniendo su energía. Las empresas con propósito pueden ser pilares clave en este ejercicio de imaginar un futuro mejor que apenas comienza. Reconocer legalmente a las Empresas con Propósito e Interés Colectivo es también un acto de justicia para las empresas que ya están haciéndolo mejor, pero también una oportunidad enorme para las que llegarán y nos ayudarán a hacer realidad una economía más próspera e inclusiva para quienes nos seguirán. Porque una nueva economía empieza a ser real cuando se ponen los primeros cimientos. Y las empresas con propósito lo son.

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Nota del editor: Javier Herrero es director de Sistema B en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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