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No basta con comprender la crisis climática, hay que priorizar la salud mental

La ciencia lleva años diciéndonos lo mismo: muchos de los impactos del cambio climático ya no pertenecen al futuro; forman parte de nuestro presente.
Salud mental, la siguiente infraestructura que debemos construir frente al cambio clim
Cuando hablamos de adaptación al cambio climático solemos pensar en lo mismo y casi nunca hablamos de la capacidad emocional de las personas para enfrentar pérdidas, incertidumbre, migraciones, escasez o duelo ecológico, considera Aranzazu Zacarías Guevara. (Foto: FangXiaNuo/Getty Images)

¿Qué podemos hacer?

Leí esa pregunta debajo de un video que anunciaba, con el dramatismo habitual necesario para el clickbait de las redes sociales, que El Súper Niño tendría efectos catastróficos para el planeta. Una persona respondió: “Dejar de usar popotes y reciclar”. Otra añadió: “Eso ya lo hacemos en casa”.

Me dieron ganas de escribir: exigir…

La borré.

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¿Cómo le explicas a alguien que algunos procesos ya están en marcha? Que hay decisiones que se tomaron hace décadas con los escenarios muy claros de lo que nos sucedería. Que la moneda ya está en el aire y quienes la lanzaron sabían muy bien lo que estaba en juego.

Mientras discutíamos si usar popotes de plástico o de cartón, el último episodio de El Niño (2023-2024) contribuyó a que el planeta registrara temperaturas récord. Europa vivió olas de calor históricas, incendios forestales e inundaciones se multiplicaron en distintas regiones del mundo y la crisis climática dejó de sentirse como una amenaza lejana para convertirse en una experiencia cotidiana. La ciencia lleva años diciéndonos lo mismo: muchos de los impactos del cambio climático ya no pertenecen al futuro; forman parte de nuestro presente.

“Pesimista”. Así me llaman muchos.

No, no soy una sombra que arruina las conversaciones alegres ni las fechas especiales. Pero desde hace tiempo cargo con una pesadumbre que aparece cada vez que veo jugar a mis hijos. Sonrío, converso, me río cuando toca hacerlo y, aún así me pregunto todo el tiempo: ¿cómo llegamos hasta aquí?

Cuando decidí dedicarme al mundo de la sostenibilidad sentí que estaba del lado correcto de la balanza. Pensé que era una causa imposible de ignorar. ¿A quién no le iba a importar el futuro del planeta? Con los años he visto crecer las iniciativas, los presupuestos, las conversaciones y hasta los patrocinios para proyectos ambientales. Todo eso importa.

Pero también empecé a sospechar que estábamos dejando fuera algo fundamental.

No dudo que la presión social seguirá creciendo. Confío en que las empresas cambiarán y que los gobiernos terminarán respondiendo. Sin embargo, tengo la sensación de que la liga se sigue estirando y que debemos de aceptar que nuestro reto hoy es aprender a vivir en un mundo distinto. Me ha transformado entender el impacto emocional que produce vivir sabiendo que muchos de los cambios que vienen son inevitables. He descubierto que no basta con comprender la crisis climática; hay que priorizar la salud mental.

Creo que llevaba años haciéndome la pregunta equivocada.

Durante mucho tiempo la discusión fue: ¿cómo evitamos el desastre?

Hoy creo que la pregunta debe de ser ¿cómo vamos a atravesarlo?

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Creo que los seres humanos tenemos una capacidad extraordinaria para adaptarnos y reconstruirnos. La resiliencia es una de nuestras características definitorias de nuestra humanidad. Pero esa resiliencia no aparece por arte de magia, también se cultiva.

Cuando hablamos de adaptación al cambio climático solemos pensar en lo mismo y casi nunca hablamos de la capacidad emocional de las personas para enfrentar pérdidas, incertidumbre, migraciones, escasez o duelo ecológico.

Y, sin embargo, cada vez estoy más convencida de que ahí está una de las conversaciones más urgentes de nuestro tiempo.

La activista Vandana Shiva afirma que "la Tierra no necesita cuidados; necesita alianzas". Con el tiempo entendí esa frase de una manera distinta. Quizá el problema no es únicamente que hayamos roto nuestra relación con la naturaleza, sino que también nos hemos desconectado de nosotros mismos.

¿Cómo construimos comunidades resilientes si vivimos agotados, ansiosos o profundamente desconectados de nuestra propia humanidad?

Autores como Boris Cyrulnik y Gabor Maté, desde perspectivas distintas, coinciden en algo esencial: la resiliencia no consiste en negar el dolor, sino en desarrollar la capacidad de atravesarlo sin perder la posibilidad de conectar con los demás. Sanar el trauma no sólo transforma vidas individuales; también fortalece nuestra capacidad de cooperar, cuidar y responder colectivamente frente a la adversidad.

Por eso creo que la siguiente gran conversación sobre sostenibilidad no tiene que empezar hablando del carbono.

Tiene que empezar hablando de nosotros.

La siguiente infraestructura que debemos construir frente al cambio climático no es únicamente física. Es psicológica, es nuestra salud mental.

Hoy sigo creyendo profundamente en la agenda de la sostenibilidad, pero creo que es importante cambiar el ángulo desde el que se plantea.

Antes pensaba que mi mayor contribución consistía en convencer a más personas de avanzar la agenda de sostenibilidad. Hoy creo que también pasa por ayudar a que las personas desarrollen aquello que más van a necesitar durante las próximas décadas: resiliencia.

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Entendí que cuidar la salud mental no es una agenda paralela a la sostenibilidad. Es una condición para sostenerla en el tiempo.

Ahora que pienso en aquel comentario que no me atreví a responder. Hubiera dicho: Prepararnos, como sociedad, para seguir siendo profundamente humanos en medio del cambio.

Porque sí, eso creo. La resiliencia no evitará la tormenta, pero puede cambiar la manera en que decidimos atravesarla.

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Nota del editor: Aranzazu Zacarías Guevara es Estratega en comunicación y sostenibilidad. Egresada de Sciences Po Paris, asesora a empresas y organizaciones en legitimidad institucional, asuntos públicos y agendas ESG. Es co-fundadora de la organización Sostenibilidad Activa y co-host del podcast SpeakESG. @aranzazuzg Síguela en Instagram como @aranzazuzg Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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Opinión Cambio climático Enfermedades mentales y del comportamiento

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