Creo que los seres humanos tenemos una capacidad extraordinaria para adaptarnos y reconstruirnos. La resiliencia es una de nuestras características definitorias de nuestra humanidad. Pero esa resiliencia no aparece por arte de magia, también se cultiva.
Cuando hablamos de adaptación al cambio climático solemos pensar en lo mismo y casi nunca hablamos de la capacidad emocional de las personas para enfrentar pérdidas, incertidumbre, migraciones, escasez o duelo ecológico.
Y, sin embargo, cada vez estoy más convencida de que ahí está una de las conversaciones más urgentes de nuestro tiempo.
La activista Vandana Shiva afirma que "la Tierra no necesita cuidados; necesita alianzas". Con el tiempo entendí esa frase de una manera distinta. Quizá el problema no es únicamente que hayamos roto nuestra relación con la naturaleza, sino que también nos hemos desconectado de nosotros mismos.
¿Cómo construimos comunidades resilientes si vivimos agotados, ansiosos o profundamente desconectados de nuestra propia humanidad?
Autores como Boris Cyrulnik y Gabor Maté, desde perspectivas distintas, coinciden en algo esencial: la resiliencia no consiste en negar el dolor, sino en desarrollar la capacidad de atravesarlo sin perder la posibilidad de conectar con los demás. Sanar el trauma no sólo transforma vidas individuales; también fortalece nuestra capacidad de cooperar, cuidar y responder colectivamente frente a la adversidad.
Por eso creo que la siguiente gran conversación sobre sostenibilidad no tiene que empezar hablando del carbono.
Tiene que empezar hablando de nosotros.
La siguiente infraestructura que debemos construir frente al cambio climático no es únicamente física. Es psicológica, es nuestra salud mental.
Hoy sigo creyendo profundamente en la agenda de la sostenibilidad, pero creo que es importante cambiar el ángulo desde el que se plantea.
Antes pensaba que mi mayor contribución consistía en convencer a más personas de avanzar la agenda de sostenibilidad. Hoy creo que también pasa por ayudar a que las personas desarrollen aquello que más van a necesitar durante las próximas décadas: resiliencia.