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Cómo construir el caso de negocio de la sostenibilidad

Demostrar el valor económico de la sostenibilidad exige conectar cada inversión con beneficios concretos, como ahorro de costos, protección de ingresos y mayor competitividad.
negocios sostenibles
El verdadero problema no es que un día el termómetro marque 40 grados. El problema es que las ciudades completas empiezan a perder capacidad para operar con normalidad, apunta Antonio Vizcaya Abdo. (iStock)

Desde hace algunos meses, y especialmente por la complejidad del entorno económico mundial, la sostenibilidad enfrenta una de sus pruebas más exigentes.

Las organizaciones revisan sus presupuestos con mayor rigor, comparan cuidadosamente las alternativas de inversión y exigen argumentos sólidos antes de asignar recursos. En consecuencia, quienes trabajan en sostenibilidad necesitan explicar con mayor precisión qué valor aporta cada iniciativa, qué lógica sustenta la inversión y qué resultados puede generar para la empresa.

Hoy, la sostenibilidad compite por presupuesto con tecnología, expansión comercial, eficiencia operativa, talento e innovación. Esta competencia puede resultar cuestionable ante la urgencia de reducir los impactos ambientales y mejorar el desempeño social. Muchas acciones deberían avanzar por responsabilidad, cumplimiento y necesidad, independientemente de su rentabilidad inmediata. El mundo requiere urgentemente una transformación en la manera en que producimos, consumimos y utilizamos los recursos.

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Sin embargo, las decisiones corporativas ocurren dentro de estructuras de presupuesto y asignación de capital. Trabajar dentro de esa realidad exige demostrar por qué una iniciativa merece recursos, qué problema ayuda a resolver y cómo contribuye al desempeño de la organización.

Los beneficios potenciales son ampliamente conocidos: atraer y retener talento, fortalecer la reputación, reducir costes, estimular la innovación, aumentar la resiliencia y abrir oportunidades comerciales. La dificultad aparece al convertir esa comprensión conceptual en una decisión concreta.

Reconocer que la sostenibilidad puede fortalecer una marca resulta relativamente sencillo. Más complejo es explicar cómo ese efecto influye en la retención de clientes, el acceso a mercados o la protección de ingresos. Con la resiliencia ocurre algo similar: el argumento adquiere mayor fuerza cuando identifica qué interrupción evita, qué activo protege y qué pérdida potencial disminuye.

Por ello, el desafío consiste en medir y presentar estos beneficios mediante un lenguaje que finanzas, operaciones, inversión y dirección puedan comprender y utilizar.

Del beneficio al mecanismo de valor

Un caso de negocio sólido conecta una inversión con un cambio concreto y, posteriormente, con una consecuencia financiera.

Una iniciativa puede contribuir al desempeño empresarial mediante cuatro mecanismos: reducir costes, evitar costes futuros, generar ingresos o proteger ingresos existentes.

Cada uno requiere un nivel distinto de evidencia. El coste reducido suele ser el más sencillo de sustentar porque puede apoyarse en consumos, precios y datos históricos. El coste evitado incorpora probabilidades y escenarios. El ingreso protegido exige demostrar qué ventas, contratos o mercados están expuestos. Finalmente, el ingreso generado suele contener el mayor grado de incertidumbre, ya que depende del comportamiento futuro de clientes y mercados.

Coste reducido

Incluye proyectos que disminuyen directamente los costes operativos o de capital. La eficiencia energética puede reducir el gasto eléctrico; la optimización del agua, los costes de suministro y tratamiento; y un mejor diseño, el uso de materiales y la generación de residuos.

El análisis debe indicar qué intervención se realizará, qué parte del coste modificará, cuánto ahorro podría producir y en qué periodo se recuperaría la inversión.

Coste evitado

Agrupa acciones que reducen la probabilidad o la magnitud de pérdidas futuras, como la adaptación climática, el cumplimiento regulatorio, la protección de activos o la diversificación de proveedores.

Aquí, el valor surge de comparar el coste de la intervención con el impacto potencial de la inacción. Aunque exista incertidumbre, la empresa puede estimar las interrupciones que evitaría, los activos que protegería y las pérdidas que reduciría.

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Ingreso generado

Considera iniciativas capaces de crear nuevas fuentes de ingreso o ampliar el potencial comercial. Un producto con menor impacto puede responder a nuevas necesidades de los clientes. Los modelos circulares pueden abrir servicios de reparación, recuperación o reutilización. Una solución baja en carbono puede facilitar la entrada a nuevos segmentos.

La evaluación debe identificar el tamaño de la oportunidad, las capacidades necesarias, la disposición de los clientes a pagar y el tiempo requerido para capturar esos ingresos.

Ingreso protegido

Incluye inversiones que ayudan a conservar ventas, contratos o acceso a mercados. La trazabilidad puede ser necesaria para cumplir una regulación. La reducción de emisiones puede determinar la elegibilidad de un producto en una licitación. La verificación del desempeño social de proveedores puede convertirse en una condición para mantener una relación comercial.

En estos casos, el proyecto preserva valor que la empresa ya genera. Conservar una fuente existente de ingresos puede representar una contribución mayor que desarrollar una oportunidad comercial todavía incierta.

En la práctica, muchas iniciativas activan varios mecanismos simultáneamente. Un proyecto de eficiencia energética puede reducir costes y, al mismo tiempo, disminuir la exposición a cambios regulatorios o a la volatilidad de los precios.

Para mantener la claridad, conviene identificar el mecanismo principal y presentar los demás como efectos complementarios. Cuando se cuantifiquen varios beneficios, será necesario revisar sus relaciones para evitar contabilizar dos veces el mismo valor.

Una fórmula para construir el argumento

El caso de negocio puede estructurarse mediante la siguiente fórmula:

Porque invertimos [monto o recurso] en X, esperamos lograr Y con [nivel de confianza], lo cual [reduce costes, evita costes, genera ingresos o protege ingresos] por aproximadamente [rango de valor] durante [horizonte temporal], siempre que [supuesto crítico].

Esta estructura incorpora la inversión requerida, el cambio esperado, el mecanismo financiero, la magnitud del valor, el plazo y la principal condición de la que depende el resultado.

También permite detectar argumentos débiles. Por ejemplo:

“Porque invertimos en compensaciones de carbono, reducimos la huella reportada y generamos valor reputacional”.

La formulación no identifica qué grupo de interés modificará su comportamiento, qué ingreso podría protegerse, qué coste se evitaría, cuál sería la magnitud del efecto ni durante cuánto tiempo. En esas condiciones, el valor reputacional continúa siendo una expectativa sin suficiente sustento para orientar una decisión de inversión.

Un proceso transversal y secuenciado

El equipo de sostenibilidad difícilmente podrá construir por sí solo todos los componentes del análisis.

Finanzas puede definir supuestos y métricas. Operaciones puede estimar efectos sobre productividad y continuidad. Legal puede valorar obligaciones, plazos y sanciones. Compras puede analizar proveedores y disponibilidad de materiales. El área comercial puede identificar requisitos de clientes, oportunidades de mercado y riesgos contractuales.

Por su parte, sostenibilidad aporta la comprensión de los impactos, los cambios regulatorios y las transformaciones ambientales y sociales que podrían afectar al negocio.

Como estas áreas manejan prioridades diferentes, conviene involucrarlas de manera secuencial. Primero se identifica el mecanismo de valor y el supuesto crítico. Después se consulta al equipo que posee la información indispensable para validar esa relación.

Cuando un área no dispone de tiempo o datos suficientes, el análisis debe señalar qué información falta, qué supuesto provisional se utilizará y cuánto podría cambiar la conclusión. Así, la limitación queda visible y puede resolverse conforme avance el proyecto.

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Trabajar con información imperfecta

Pocas iniciativas permiten calcular desde el inicio un retorno exacto. Algunos resultados se materializan a largo plazo; otros dependen de cambios regulatorios, condiciones de mercado o eventos difíciles de predecir.

Cuando existen datos confiables, el impacto puede incorporarse a una proyección de flujo de caja. Cuando la información es limitada, puede utilizarse un rango acompañado por la fuente del supuesto, el nivel de confianza y las variables que podrían modificarlo.

Además, los proyectos con horizontes distintos no son directamente comparables. Un coste evitado dentro de diez años y un ingreso adicional dentro de dos deben ajustarse considerando el valor del dinero en el tiempo.

Un rango bien sustentado puede resultar más útil que una cifra aparentemente precisa construida sobre bases débiles.

Cuando el caso financiero no cierra

También existirán iniciativas cuyo retorno directo sea insuficiente o difícil de demostrar. En esos casos, conviene distinguir entre el valor para la empresa y el valor generado para la sociedad o el planeta. Ambos pueden coincidir, aunque también pueden avanzar en direcciones diferentes.

Una obligación regulatoria debe cumplirse incluso cuando su retorno sea negativo. Una medida necesaria para proteger derechos humanos puede responder a principios éticos asumidos por la organización. Asimismo, una acción con un beneficio social significativo puede requerir alianzas, financiación compartida o mecanismos diferentes para resultar viable.

Reconocer esta tensión evita fabricar beneficios financieros y permite explicar con honestidad por qué la empresa decide avanzar.

Medir después de invertir

El caso de negocio continúa después de la aprobación del presupuesto.

Cada propuesta debería establecer cómo se comprobará si la inversión produjo el cambio esperado y si ese cambio generó el valor proyectado. Para ello, conviene definir indicadores sobre los recursos invertidos, el resultado operativo y la consecuencia financiera.

El seguimiento permite corregir supuestos, mejorar futuras estimaciones y distinguir entre beneficios reales y expectativas que no se materializaron. Además, fortalece la credibilidad del área responsable cuando llegue el momento de solicitar nuevos recursos.

De la convicción a la decisión

El entorno actual exige mayor precisión al presentar y defender la sostenibilidad dentro de las organizaciones.

Construir su caso de negocio implica identificar el mecanismo de valor, reconocer la incertidumbre, establecer un horizonte, declarar los supuestos y medir los resultados posteriores.

Esta disciplina permite diferenciar cuáles iniciativas fortalecen directamente el negocio, cuáles responden a obligaciones regulatorias o éticas y qué evidencia respalda cada decisión.

La capacidad de identificar, evaluar y explicar ese valor con rigor determinará la influencia de la sostenibilidad en las decisiones que definirán el futuro de la organización.

Nota del editor: Antonio Vizcaya Abdo es consultor en distintas organizaciones y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México enfocado en Sostenibilidad Corporativa. Reconocido por LinkedIn como Top Voice en Sostenibilidad. Síguelo en LinkedIn Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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