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¿Tus estados financieros viven en una grieta estructural de ESG?

La regulación, los clientes y los estándares internacionales están cerrando la brecha ESG de las empresas trasnacionales en México, que deberán construir capacidades antes de que las exigencias lleguen.
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Conforme las empresas de mayor tamaño fortalecen sus procesos de reporte y gestión de riesgos, necesitan información confiable de sus proveedores. (Foto: Happy Kikky/Getty Images)

Eres un CEO, CFO o Contralor de una empresa trasnacional que tu corporativo está en Estados Unidos o Europa, no cotiza en bolsa en México, reportas bajo IFRS y existe un equipo global que se encarga de la sustentabilidad. Nadie te ha solicitado incluir información ESG en tus estados financieros locales y, por lo mismo, tampoco existe presupuesto para desarrollar estas capacidades en México.

Si al leer esto sentiste que describía tu empresa, probablemente estés viviendo en una grieta estructural de sustentabilidad. No porque estés haciendo algo mal, sino porque hoy operas entre dos mundos: uno donde las exigencias globales aún no aterrizan en tu operación local y otro donde las presiones del mercado mexicano todavía no son lo suficientemente fuertes como para justificar la inversión. Esa aparente grieta puede desaparecer rápidamente, no porque exista una sola regulación que vaya a cambiar las reglas del juego de un día para otro, sino porque cada vez más factores empiezan a converger al mismo tiempo. Lo que hoy parece una situación estable puede convertirse rápidamente en una solicitud urgente de un cliente, un requerimiento regulatorio o una instrucción del corporativo.

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Hay, al menos, tres fuerzas que están acelerando ese cambio.

Primero, la regulación local. México está enviando señales cada vez más claras sobre la dirección que tomará su política ambiental. Durante la COP30, el gobierno presentó su nueva Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) y reiteró su intención de fortalecer el marco regulatorio mediante instrumentos como la Ley de Economía Circular y la actualización de la Ley General de Cambio Climático. Más allá del ritmo con el que estas iniciativas se materialicen, el mensaje es claro: las exigencias para las empresas tenderán a aumentar, no a disminuir.

Segundo, la cadena de suministro. En muchos casos no será el regulador quien toque primero la puerta, sino uno de tus clientes. Conforme las empresas de mayor tamaño fortalecen sus procesos de reporte y gestión de riesgos, necesitan información confiable de sus proveedores. Y esa presión se transmite rápidamente a lo largo de toda la cadena de valor, tanto aguas arriba como aguas abajo.


Tercero, la evolución de los estándares internacionales. La velocidad con la que están evolucionando los marcos de referencia es notable. Tan solo en los últimos meses hemos visto avances como la colaboración entre ISO y GHG Protocol para armonizar metodologías de cuantificación de emisiones, la publicación de la nueva versión 2.0 del estándar corporativo de cero emisiones netas de SBTi y el desarrollo de nuevos marcos regulatorios y de divulgación en distintos mercados.

Esta situación puede provocar una falsa sensación de estabilidad, ya que ninguna de las orillas ejerce suficiente presión, y la empresa no desarrolla capacidades en sustentabilidad. El problema es que cuando las orillas empiezan a acercarse, el tiempo para reaccionar suele ser mucho menor que el tiempo necesario para construir esas capacidades.

La pregunta obvia es: ¿y por dónde empiezo? La buena noticia es que no necesitas crear una dirección de sustentabilidad o publicar un reporte de 150 páginas. De hecho, si hoy te encuentras en esta grieta estructural, probablemente ése ni siquiera sea el siguiente paso.

Las capacidades de sustentabilidad tardan años en construirse y, normalmente, semanas en empezar a ser exigidas.

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Empieza por entender tu exposición en cinco acciones:

1. Entiende qué te podrían pedir, quién y cuándo:

Antes de medir cualquier cosa, entiende cuáles son las solicitudes que realmente podrían llegar a tu operación. Podrán venir del corporativo, de algún cliente estratégico, de alguna autoridad, de un banco o aseguradora. El objetivo no es adivinar el futuro, es identificar cuáles son las solicitudes más probables y cuáles tendrían un mayor impacto si mañana no pudieras responderlas.

2. Aunque la sustentabilidad no sea una prioridad, entiende tus riesgos:

No hace falta estar convencido del cambio climático para preguntarte si una inundación puede detener una planta, si una sequía puede comprometer tu disponibilidad de agua o si un proveedor crítico podría dejar de entregarte un insumo indispensable. Los riesgos existen independientemente de la opinión que tengamos sobre ellos. Este ejercicio es conocido como un análisis de materialidad.

3. Traduce esos riesgos al lenguaje del negocio:

No preguntes únicamente cuál es el riesgo ambiental. Pregunta qué pasaría con el negocio si ese riesgo se materializara: ¿Se detendría la operación, y por cuánto tiempo? ¿Perderías producción? ¿Aumentarían tus costos? ¿Podrías incumplir con un cliente? ¿Estás asegurado? Cuando los riesgos se traducen a continuidad operativa, flujo de efectivo o rentabilidad, dejan de ser un tema “del área de sustentabilidad” y se convierten en un tema de dirección general.

4. Descubre cuánto ya sabes:

La mayoría de las empresas no parte de cero, la información suele existir, sólo que está dispersa entre Finanzas, Operaciones, Compras, Recursos Humanos, Mantenimiento, Seguridad o Medio Ambiente. Antes de pensar en nuevas plataformas o nuevos reportes, identifica qué información ya tienes, quién es responsable de ella y qué tan confiable es. Muchas veces el problema no es la falta de datos, sino la madurez del mismo y la falta de organización.

5. Construye un mínimo viable

No necesitas resolver todo este año, necesitas construir las capacidades mínimas para responder cuando llegue la primera solicitud importante. Un responsable claro, un mapa de riesgos, información organizada, procesos sencillos y una revisión periódica suelen valer mucho más que un reporte impecable elaborado únicamente para cumplir.

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Existe una paradoja interesante: las empresas que hoy viven en esta grieta estructural normalmente son compañías bien administradas, con excelentes controles financieros, procesos robustos y equipos de primer nivel, lo que sucede es que todavía nadie les ha pedido desarrollar capacidades relacionadas con ESG.

Y las capacidades organizacionales tienen una característica incómoda: no se compran cuando hacen falta. Se construyen con anticipación. La pregunta correcta no es si tu empresa necesita prepararse para ESG, la pregunta es cuánto tiempo necesitaría para responder con confianza si mañana alguien importante a tocar la puerta.

Nota editorial: Rodrigo Sánchez Hidalgo director general de Ambición00 , firma miembro de Revolution Sustainability Partners , que se especializa en sostenibilidad, reporting ESG, cumplimiento y riesgos. Es profesor de cátedra de Negocios Conscientes del Tecnológico de Monterrey campus Santa Fe. Síguelo en LinkedIn.

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