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¿Qué es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) que aplica la Unión Europea?

El CBAM incorpora el carbono como un costo comercial y exigirá a las empresas importadoras de todo el mundo reportar emisiones verificables para mantener clientes y cadenas de suministro.
aranceles al carbono
A partir de este año, la Unión Europea inició la fase definitiva del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), un instrumento que asigna un costo a las emisiones de carbono. (wutwhanfoto/Getty Images)

A partir de este año, la Unión Europea inició la fase definitiva del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), que impone un costo a las emisiones de carbono de determinados bienes importados. La medida tendrá implicaciones para México: la UE concentra alrededor del 7% del comercio exterior del país, es su segundo mercado de exportación y el segundo mayor inversionista, con flujos cercanos a 90,000 millones de dólares en la última década.

En esta primera etapa, el CBAM aplica a importaciones de hierro y acero, aluminio, cemento, fertilizantes, electricidad e hidrógeno. Sin embargo, la Comisión Europea ya analiza extender el mecanismo a productos transformados y nuevas cadenas de valor industriales, por lo que su impacto podría alcanzar a un mayor número de sectores manufactureros en los próximos años.

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Más que una nueva obligación regulatoria, el mecanismo ya redefine los factores de competitividad, pues para las empresas mexicanas que exportan al mercado europeo, ya no bastará ofrecer precios competitivos o ventajas logísticas; también deberán demostrar, con información verificable, la intensidad de carbono de sus productos y la capacidad de reducir sus emisiones a lo largo de la cadena de suministro.

"El riesgo principal es perder competitividad o incluso acceso a determinados clientes por no poder demostrar de forma confiable las emisiones incorporadas en sus productos. Aunque la obligación formal corresponde al importador europeo, éste dependerá de la información compartida por el productor mexicano para reportar las emisiones y calcular los certificados correspondientes", explica Ana Vanoye, directora del Programa de Ingeniería en Desarrollo Sostenible de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey.

Por su parte, Marco Lara, economista senior de BBVA México, considera que la exposición de México al mecanismo aún es relativamente moderada frente a otras economías. De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país ocupa la posición 38 entre las economías más expuestas al CBAM. No obstante, advierte que los sectores intensivos en carbono como cemento, hierro, acero, aluminio y fertilizantes, enfrentarán mayores presiones por el costo asociado a las emisiones y por la necesidad de entregar información ambiental verificable.

"El riesgo no es solamente el costo asociado al carbono. Un proveedor que no entregue datos confiables sobre sus emisiones puede recibir condiciones comerciales menos favorables o incluso ser sustituido por otro con una menor huella de carbono reportada y con información verificable", señala Lara.

La Comisión Europea define el CBAM como una herramienta para asignar un precio justo al carbono emitido durante la producción de bienes intensivos en emisiones que ingresan al mercado europeo, al tiempo que busca evitar la denominada "fuga de carbono", es decir, el traslado de la producción hacia países con regulaciones ambientales menos estrictas.

Aunque Estados Unidos todavía no cuenta con un mecanismo federal equivalente, la presión sobre los proveedores internacionales también se intensifica. Empresas de los sectores automotriz, electrónico y de manufactura avanzada solicitan cada vez con mayor frecuencia inventarios de emisiones, trazabilidad de materias primas y estrategias de descarbonización como requisito para mantenerse dentro de sus cadenas globales de suministro.

La OCDE considera que el CBAM representa una de las reformas comerciales y climáticas más relevantes de los últimos años porque busca igualar el costo del carbono entre productores europeos y exportadores extranjeros, aunque también advierte que implicará nuevos desafíos de competitividad para las industrias con mayores emisiones.

Desde la perspectiva empresarial, el principal desafío no radica únicamente en la tecnología o en el financiamiento, sino en la capacidad de las organizaciones para gestionar información ambiental con criterios de calidad y trazabilidad.

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"El reto principal es la gobernanza. La tecnología para medir emisiones existe, pero el desafío consiste en definir quién genera los datos, cómo se validan, qué metodología se utiliza y cómo se integra la información de proveedores y distintas áreas de la empresa. Sin esa coordinación, incluso una inversión importante en tecnología puede no generar información útil para cumplir con el CBAM", afirma Vanoye.

Lara coincide en que el mecanismo acelerará la medición de emisiones más allá de las empresas exportadoras. A su juicio, el carbono dejará de ser exclusivamente un indicador ambiental para convertirse en una variable comercial y financiera que influirá en decisiones de compra, financiamiento, fijación de precios y selección de proveedores.

El Banco Mundial también advierte que el impacto del CBAM dependerá de la intensidad de carbono de cada producto y del grado de dependencia comercial con Europa. En su Índice de Exposición al CBAM señala que las economías con industrias intensivas en emisiones y una elevada participación del mercado europeo enfrentarán mayores riesgos de pérdida de competitividad si no aceleran sus procesos de descarbonización.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha señalado que la expansión de mecanismos de fijación de precios al carbono modificará la dinámica del comercio internacional. Su directora general, Ngozi Okonjo-Iweala, sostiene que avanzar hacia sistemas compatibles de precios al carbono ayudaría a reducir las fricciones comerciales derivadas de políticas climáticas como el CBAM. En este contexto, la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad de las empresas para medir con precisión las emisiones de sus productos, integrar información de sus proveedores y desarrollar estrategias verificables de descarbonización.

La Comisión Europea estima que, conforme avance la implementación del mecanismo, el CBAM impulsará una reducción gradual de las emisiones incorporadas en los bienes comercializados y favorecerá la adopción de sistemas de fijación de precios al carbono en más países. Actualmente existen cerca de 80 instrumentos de precio al carbono en 95 jurisdicciones, una tendencia que confirma que la política climática comienza a redefinir las reglas del comercio global.

Los expertos coinciden en que el CBAM representa mucho más que un nuevo requisito para exportar a Europa: marca un cambio estructural en la forma de competir en los mercados internacionales, pues consideran que las empresas que desarrollen sistemas robustos de medición, reporte y verificación de emisiones, fortalezcan la gobernanza de sus datos ambientales y aceleren sus estrategias de descarbonización estarán en mejores condiciones para conservar clientes, acceder a nuevas cadenas de suministro y diferenciarse frente a competidores con una mayor intensidad de carbono.

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Europa Comercio exterior sostenibilidad, esg, negocios y finanzas

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