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SBTi refuerza su estándar Net-Zero con mayores exigencias para empresas

Con más de 11,000 empresas bajo su metodología, la SBTi redefine las reglas del cero neto con mayores exigencias de transparencia, seguimiento y verificación.
certificación para empresas
La Science Based Targets initiative (SBTi) ofrece mayor flexibilidad para que las empresas concentren sus esfuerzos en las fuentes de emisiones más relevantes y adopten distintos tipos que se alinean a sus objetivos. (Ulet Ifansasti/Getty Images)

Los inversionistas, clientes y reguladores exigen mayor transparencia, por ello, las empresas recurren cada vez más a estándares independientes para demostrar que sus compromisos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) son verificables. Más que un sello, estas evaluaciones se convierten en una ventaja competitiva para acceder a mercados, financiamiento y fortalecer la confianza.

En ese sentido, la Science Based Targets initiative (SBTi), uno de los principales referentes internacionales para la validación de objetivos corporativos de descarbonización, ha presentado su más reciente actualización de su Estándar Corporativo Net-Zero desde su lanzamiento en 2021. La versión 2.0 marca un cambio de enfoque: deja atrás un modelo centrado en la definición de compromisos para avanzar hacia uno que privilegia la implementación, el seguimiento y la rendición de cuentas de las empresas en su ruta hacia el cero neto.

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La actualización llega después de un proceso de consulta pública iniciado en 2025 y recoge la experiencia acumulada tras más de una década de trabajo con empresas de todo el mundo. De acuerdo con la propia SBTi, más de 11,000 compañías cuentan actualmente con objetivos climáticos validados bajo su metodología, cifra que refleja el peso que el estándar ha adquirido entre inversionistas, reguladores y grandes corporativos.

Uno de los cambios más relevantes consiste en separar los objetivos de reducción para las emisiones directas de las operaciones (alcance 1) y las emisiones indirectas derivadas del consumo de electricidad, calor o vapor (alcance 2). En la versión anterior ambas podían integrarse en una sola meta; ahora deberán establecerse y evaluarse por separado, con metodologías específicas para cada tipo de emisión.

La actualización también endurece los requisitos de gobernanza. Las empresas deberán demostrar que sus objetivos climáticos cuentan con la aprobación del máximo órgano de gobierno, presentar un plan de transición que detalle cómo alcanzarán sus metas y reportar periódicamente los avances. Para las compañías de mayor tamaño también se incorporan mayores exigencias de aseguramiento independiente sobre la información climática y evaluaciones periódicas del cumplimiento de los objetivos.

El estándar introduce además un esquema de mejora continua. En lugar de validar una meta y revisar únicamente al final del periodo, las organizaciones deberán informar cada año sobre su desempeño, explicar los obstáculos encontrados y actualizar sus estrategias cuando existan desviaciones respecto a la trayectoria comprometida. La lógica, señala la SBTi , es pasar de una cultura de compromisos a una de ejecución.

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Otro de los puntos centrales de la revisión es el tratamiento de las emisiones de alcance 3, aquellas que se generan a lo largo de la cadena de suministro y durante el uso de los productos o servicios. Estas emisiones representan, en promedio, alrededor del 75% de la huella de carbono de una empresa, según datos del CDP y del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, pero también son las más complejas de medir y reducir por depender de proveedores, clientes y otros actores externos.

Frente a ese desafío, la nueva versión ofrece mayor flexibilidad para que las empresas concentren sus esfuerzos en las fuentes de emisiones más relevantes y adopten distintos tipos de objetivos, desde reducciones absolutas hasta metas de alineación con proveedores o acciones específicas por categoría de emisiones. Al mismo tiempo, exige una mayor transparencia sobre los supuestos utilizados, los límites del inventario y las barreras que puedan impedir el cumplimiento de los objetivos.

La actualización también incorpora una jerarquía de implementación que prioriza las reducciones directas dentro de las operaciones y la cadena de valor antes de recurrir a instrumentos de mercado. Asimismo, establece un programa voluntario para reconocer a las empresas que financien acciones climáticas adicionales sin sustituir la reducción efectiva de sus propias emisiones.

Para Francesco Starace, presidente de la SBTi, la principal lección de los últimos años es que el reto ya no consiste en lograr que las empresas anuncien metas climáticas, sino en ayudarlas a cumplirlas. En el prólogo del nuevo estándar sostiene que "el compromiso no es la parte más difícil; lo es la ejecución", una premisa que resume el cambio de rumbo de un marco que busca convertir las promesas corporativas en resultados medibles y verificables.

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