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La crisis climática obliga a las empresas a asegurar también su liquidez

En el seguro paramétrico, la indemnización se activa cuando se cumple un parámetro objetivo acordado previamente, por ejemplo la categoría de un huracán o el nivel de precipitación acumulada durante un periodo.
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Durante el 2025, el pago de siniestros causados por riesgos hidrometeorológicos fue de 11,300 millones de pesos, 70% más que en 2024. (Foto: FRANCISCO RAMOS/AFP)

En México, un huracán, una inundación o una sequía no solo puede dañar instalaciones, maquinaria o mercancías, también puede detener operaciones, reducir ingresos, afectar cadenas de suministro y obligar a las empresas a desembolsar recursos antes de que una póliza tradicional termine de determinar cuánto corresponde pagar. En ese espacio, entre el desastre y el pago del seguro, surgen los seguros paramétricos, productos que buscan entregar liquidez a partir de la ocurrencia de un evento medido mediante parámetros previamente establecidos.

Durante el 2025, el pago de siniestros causados por riesgos hidrometeorológicos sobre bienes asegurados ascendió a 11,300 millones de pesos, de acuerdo con estimaciones de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), un incremento de 70% con respecto al 2024, y sin haber sido un año impactado por un huracán catastrófico.

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La diferencia entre un seguro tradicional y uno paramétrico está principalmente en la forma en que se activa el pago. En una póliza convencional, la aseguradora indemniza con base en el daño que sufrió el asegurado y, para determinarlo, intervienen ajustadores que revisan el siniestro y cuantifican las pérdidas. En el seguro paramétrico, en cambio, la indemnización se activa cuando se cumple un parámetro objetivo acordado previamente, independientemente de que exista o no un daño físico que pueda ser comprobado mediante un ajuste.

“En una póliza de paramétrico, simplemente con que se cumpla el parámetro preestablecido, en automático se paga la póliza”, comenta Alfredo Careaga, director de desarrollo de negocio de THB México.

El concepto comenzó a desarrollarse en la década de 1990, principalmente para proteger actividades agrícolas frente a fenómenos climáticos. En lugar de enviar a un ajustador para determinar cuánto había afectado una sequía o un exceso de lluvia a una cosecha, se establecían indicadores que pudieran medirse de manera independiente. Si la precipitación se encontraba por debajo o por encima de un determinado nivel, por ejemplo, se activaba la cobertura.


Con el tiempo, el mecanismo se extendió a otros riesgos. Hoy puede utilizarse para eventos como huracanes, inundaciones o terremotos, siempre que exista una variable que pueda medirse de manera objetiva y una fuente de información confiable para determinar si se alcanzó el umbral pactado.

“El seguro paramétrico originalmente estaba enfocado más bien en un tema de agricultura y de clima, pero hoy la verdad es que ya cualquier riesgo mientras sea medible puede ser asegurado”, dice Careaga.

Por ejemplo, una cobertura para huracán puede establecer como condición una determinada velocidad del viento, categoría del ciclón o trayectoria dentro de un perímetro. Para una sequía, el parámetro puede ser el nivel de precipitación acumulada durante un periodo. En una inundación pueden utilizarse variables relacionadas con la cantidad de lluvia o el nivel de un cuerpo de agua.

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El atractivo del seguro paramétrico está en que puede proporcionar recursos en un momento en el que la velocidad de respuesta es determinante. Aquiles Sologuren, subdirector Regional Sureste de GMX Seguros, explica que las compañías suelen utilizar esos recursos para cubrir gastos inmediatos como nómina, proveedores, renta, servicios básicos, reparaciones temporales y obligaciones contractuales. También pueden destinarlos a limpiar instalaciones, retirar escombros o compensar temporalmente la pérdida de ingresos mientras se reanuda la actividad.

“El principal objetivo es reactivar la operación del negocio”, dice Sologuren, al explicar que una de las ventajas de estas coberturas es que los pagos dependen de indicadores objetivos previamente acordados, lo que evita parte del proceso de ajuste de pérdidas.

Entre los sectores con mayor potencial para aprovechar este instrumento, según Sologuren, se encuentran el turismo, el sector hotelero, agropecuario, energético y de construcción. La lógica es que una empresa puede tener pérdidas económicas aun cuando el daño físico a sus activos sea limitado.

Un hotel, por ejemplo, puede enfrentar cancelaciones incluso antes de que un huracán toque tierra. Careaga cuenta que han trabajado en estructuras que buscan medir el impacto económico de un fenómeno a partir de variables como el flujo de pasajeros en los aeropuertos. Si ese flujo cae por debajo de un determinado umbral debido a la llegada de un huracán, la cobertura podría activarse.

“También se pueden usar mecanismos completamente nuevos que no ofrece el seguro tradicional para cubrir otras pérdidas que las empresas están teniendo y que no están pudiendo cubrir”, dice Careaga.

Esta posibilidad de diseñar coberturas a la medida es una de las características que hacen atractivos a los seguros paramétricos. En lugar de limitarse a los daños materiales, una empresa puede identificar qué variable está vinculada con su pérdida económica y evaluar si existe un indicador que permita medirla. El reto está en encontrar una relación suficientemente clara entre el parámetro y el riesgo que se busca cubrir.

Los especialistas coinciden en que actualmente estas pólizas deben entenderse principalmente como un complemento y no como un sustituto del seguro tradicional.

“El seguro tradicional protege los activos y cubre las pérdidas materiales, sujetas a evaluación, mientras que el seguro paramétrico aporta liquidez inmediata para enfrentar los impactos financieros de corto plazo derivados de un evento”, señala Sologuren.

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Careaga señala que una de las aplicaciones que han observado es utilizar una cobertura paramétrica para cubrir el monto correspondiente al deducible de una póliza tradicional. De esta manera, la empresa puede mantener una cobertura convencional para pérdidas de mayor magnitud y utilizar el pago paramétrico para obtener recursos más rápidamente mientras avanza el proceso de ajuste.

A nivel internacional el sector agrícola es el que más uso de estos instrumentos hace. Según datos de Banco Mundial, India es uno de los mercados de mayor escala en seguros agrícolas indexados con más de 30 millones de agricultores cubiertos cada año. Sin embargo, en México no existe una estadística pública que permita dimensionar el tamaño del mercado de seguros paramétricos para empresas, una señal de que se trata todavía de un negocio en desarrollo.

La adopción, sin embargo, todavía enfrenta obstáculos. Sologuren identifica el desconocimiento como una de las principales barreras. A ello se suma que las empresas no siempre cuantifican cuánto les cuesta una interrupción operativa, por lo que pueden subestimar el valor de contar con liquidez inmediata. Además, en general, suelen ser seguros más caros que los tradicionales.

Para una compañía que evalúa esta alternativa, el primer paso es identificar cuáles son sus principales riesgos físicos y, sobre todo, qué pérdidas económicas podrían derivarse de ellos. A partir de ahí, debe analizar qué variables pueden utilizarse como indicadores y cómo combinar una cobertura paramétrica con su programa de seguros existente, explica Careaga.

El mercado todavía está en una etapa de desarrollo, pero la evolución de los productos apunta hacia coberturas más específicas. Sologuren prevé una mayor demanda de soluciones diseñadas por industria y para riesgos climáticos particulares. Y Careaga considera que una de las principales oportunidades está precisamente en desarrollar productos que todavía no existen para pérdidas específicas de cada empresa.

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Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros Cambio climático

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