El problema aparece cuando se intenta convertir esa herramienta en el sistema permanente para administrar una cantidad de información que crece cada año, porque deja de ser un ejercicio de cálculo y se convierte en un proceso de gestión. Al principio, las preguntas son: cuáles son las emisiones, residuos, energía empleada, número de empleados, etc. Cuando el nivel de madurez en ESG aumenta, también las preguntas: ¿Quién generó este dato, de dónde salió, qué evidencia existe para respaldarlo? y en un nivel mucho más avanzado las preguntas serán ¿Cómo podemos reducir el 20% de emisiones, cómo estamos seguros de que nuestra cadena de suministro cumple con nuestros estándares, cómo sabemos que estamos cumpliendo con la Ley General de Economía Circular?
Para realizar el primer reporte, normalmente se logra reunir a las personas correctas, hacer un esfuerzo considerable y recopilar la información necesaria. Un gran reto aparece después, cuando hay que volver a hacerlo. Cuando se incorporan nuevas plantas o unidades de negocio. Cuando diferentes clientes empiezan a pedir información distinta. Cuando los estándares cambian. Cuando la información debe pasar de ser un esfuerzo extraordinario de algunas personas a convertirse en un proceso repetible de la organización.
Es en ese momento cuando muchas empresas descubren que el reto no era calcular un indicador. El reto era tener un sistema confiable para generar información.
La información ESG no vive en un solo lugar
Una de las razones por las que construir capacidades de ESG es particularmente complejo es porque la información que se necesita normalmente ya existe dentro de la organización, pero está distribuida en muchos lugares diferentes. Una factura de energía puede estar en Finanzas. El consumo real puede estar con Operaciones. La información de proveedores puede vivir en Compras. Los datos relacionados con personas pueden estar en Recursos Humanos. Los temas regulatorios y de cumplimiento pueden estar en Legal. Cada área tiene una pieza del rompecabezas, pero ninguna tiene la imagen completa.
En muchas organizaciones, uno de los mayores retos es que el área de sustentabilidad tiene la responsabilidad de coordinar el proceso, pero no necesariamente tiene control sobre todos los datos que necesita para armar un reporte o responder una solicitud externa. Una plataforma tecnológica puede ayudar muchísimo, pero no resuelve por sí sola el problema. Antes de pensar en una herramienta, una organización necesita desarrollar algo mucho más básico: una capacidad interna para generar información confiable, consistente y repetible.
Eso requiere que las personas sepan qué información necesitan generar, cómo medirla, bajo qué metodología y con qué nivel de detalle. Requiere comunicación para que cada responsable entienda que el dato que está entregando no es simplemente "un número más", sino información que puede ser utilizada por clientes, inversionistas, evaluadoras, bolsas de valores o autoridades.
También se requiere un esfuerzo considerable en gestión del cambio, porque uno de los errores más comunes es pensar que ESG es un proyecto con una fecha de entrega: "hay que preparar el reporte de este año". La realidad es que, para muchas organizaciones, esto representa una nueva forma de operar. Lo que inicialmente puede parecer un esfuerzo adicional de algunas personas tiene que convertirse en un proceso integrado al día a día de la empresa. El reto es pasar de un esfuerzo concentrado en una persona o en un pequeño equipo a una capacidad organizacional donde todos entiendan su rol en la generación de información ESG.