El problema es que seguimos midiendo el éxito del turismo solo en términos de volumen y número de visitantes.
Aunque esa medición es útil y relevante para entender la salud del sector, rara vez nos preguntamos a qué destinos están llegando estos turistas (y a cuáles no), qué derrama económica dejan realmente y cómo se distribuye, y qué impacto social y ambiental genera su visita en territorios que muchas veces no están preparados para soportar esa carga. Medir el éxito en términos de volumen no solo es insuficiente, en muchos casos resulta dañino y contraproducente.
Si bien la llegada de turistas puede traer enormes beneficios como la dinamización de economías locales, interculturalidad y empleo, los impactos socioambientales que genera el traslado y consumo de tantas personas son insostenibles bajo los paradigmas actuales.
Por cada 100 dólares que gasta un turista, solo alrededor de 5 se quedan en la economía del destino, según la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO. El resto sale hacia aerolíneas, cadenas hoteleras y operadores internacionales. Ese porcentaje además se distribuye de forma inequitativa entre los distintos actores de la industria. Eso significa que el territorio y sus comunidades absorben el 100% del impacto social y ambiental, pero retienen apenas una fracción del beneficio económico. Más no es siempre mejor.
El santo grial del turismo es cosechar los beneficios mientras reducimos los impactos negativos, pero para lograrlo se requiere cambiar no solo la forma en que entendemos el turismo, sino también cómo medimos su éxito.
Desafortunadamente, la métrica más importante para medir el "éxito" de la industria turística sigue siendo el volumen de visitantes, por encima de la derrama económica, su distribución o su contribución a la calidad de vida de las personas y a la salud de los ecosistemas. Más turismo casi nunca significa mejor turismo ni mejor destino; suele ser todo lo contrario.
Existen dos formas de abordar este problema: desde quienes planean, gestionan y ofrecen turismo, y desde quienes viajan.
Para los primeros (touroperadoras, guías, prestadores de servicio, gobiernos y entes de promoción) es urgente replantear qué significa el éxito y el desarrollo. Es urgente transitar hacia nuevos modelos que busquen no solo la sostenibilidad sino también la regeneración de los destinos.