La Organización Meteorológica Mundial define El Niño como el calentamiento inusual de las aguas del Pacífico central y oriental, un fenómeno que se repite cada pocos años y altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta. En términos prácticos, esto significa que lo que ocurre en el océano puede terminar afectando cosechas, cadenas de suministro, precios e infraestructura, con consecuencias directas sobre la continuidad operativa de las empresas.
La historia importa porque El Niño ya ha ocurrido antes y ha dejado costos medibles. Un estudio publicado en Science estimó que los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 generaron pérdidas globales de 4.1 y 5.7 billones de dólares, respectivamente, durante los cinco años posteriores. Otro análisis en Nature Communications calculó pérdidas globales de 3.9 billones por el de 2015-2016. Incluso entre 1960 y 2019, los ciclos de ENOS habrían reducido en promedio 0.6% anual el crecimiento del PIB global, con pérdidas acumuladas de 13.5 billones de dólares.