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El Niño también es un tema de consejo

Para las empresas, anticipar los impactos de El Niño exige que los consejos de administración incorporen el riesgo climático y de naturaleza a la estrategia y fortalezcan su capacidad de respuesta.
Personas en el consejo de adminitración analizando los efectos de El Niño en el negocio
El clima dejó de ser un tema de riesgo reputacional. Hoy impacta directamente en las finanzas y en la estrategia empresarial, considera Jimena Marván. (Google Flow)

La Organización Meteorológica Mundial define El Niño como el calentamiento inusual de las aguas del Pacífico central y oriental, un fenómeno que se repite cada pocos años y altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta. En términos prácticos, esto significa que lo que ocurre en el océano puede terminar afectando cosechas, cadenas de suministro, precios e infraestructura, con consecuencias directas sobre la continuidad operativa de las empresas.

La historia importa porque El Niño ya ha ocurrido antes y ha dejado costos medibles. Un estudio publicado en Science estimó que los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 generaron pérdidas globales de 4.1 y 5.7 billones de dólares, respectivamente, durante los cinco años posteriores. Otro análisis en Nature Communications calculó pérdidas globales de 3.9 billones por el de 2015-2016. Incluso entre 1960 y 2019, los ciclos de ENOS habrían reducido en promedio 0.6% anual el crecimiento del PIB global, con pérdidas acumuladas de 13.5 billones de dólares.

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El Banco Central Europeo ha señalado que un evento normal de El Niño tiende a elevar la inflación real de commodities alrededor de 3% durante los seis a doce meses posteriores, con el mayor efecto en alimentos. S&P Global Ratings advierte que, este 2026, los efectos pueden traducirse en pérdidas agrícolas, escasez de agua, interrupciones energéticas, daño a infraestructura y suspensión de operaciones.

Hoy, esa lectura se extiende a las empresas. Reuters reportó que 478 compañías mencionaron El Niño en 1,443 documentos corporativos entre mayo y agosto de 2026; la minera peruana Buenaventura añadió 12 millones de dólares a su plan de inversión para cubrir riesgos asociados con El Niño. De esta manera, El Niño puede revelar quién tiene mejor capacidad de anticipación.

México tiene antecedentes recientes, de acuerdo con especialistas. Durante el episodio 2023-2024, la sequía asociada a El Niño provocó que en Sinaloa la superficie sembrada de maíz disminuyera un 43% frente a ciclos anteriores por los bajos niveles de las presas. Asimismo, el Banco de México estimó que el impacto sobre el PIB habría sido de entre 164,000 y 188,000 millones de pesos, mientras que estudios sobre manufactura ubicaron pérdidas entre 107,000 y 130,000 millones.

Para 2026, S&P Global Market Intelligence plantea que un “super Niño” operaría como un shock de oferta por tres canales simultáneos, en términos de menor producción agrícola, estrés energético y disrupciones logísticas y portuarias. El resultado sería mayor inflación global por alimentos y energía, junto con menor crecimiento del PIB hacia finales de 2027. Estimaciones del Programa Mundial de Alimentos señalan que podría empujar a casi 49 millones de personas adicionales hacia inseguridad alimentaria aguda, elevando el total a 274 millones en 45 países vulnerables.

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El Niño representa una exigencia u oportunidad concreta para fortalecer la gobernanza: pedir mapas de exposición por activo, región y proveedor; revisar dependencia hídrica y energética; evaluar seguros, inventarios, rutas logísticas y continuidad operativa; y exigir escenarios financieros sobre inflación, disponibilidad de agua, costos de energía e interrupciones en la cadena de valor. El consejo debe supervisar e integrar estos riesgos en la estrategia, evaluar oportunidades, y asegurar divulgaciones transparentes y confiables. En la práctica, esto lleva a preguntas muy concretas.

El Niño de este año puede ser una prueba práctica de esas responsabilidades. ¿El consejo sabe qué activos son más vulnerables? ¿Qué proveedores podrían fallar? ¿Qué regiones concentran mayor exposición? ¿Qué comités deben dar seguimiento? ¿La empresa cuenta con datos suficientemente robustos para decidir y reportar? ¿La dirección tiene un plan si se combinan sequía, mayores costos de energía y disrupciones logísticas?

La oportunidad no está en predecir con exactitud cada impacto, sino en elevar la calidad de las preguntas y la velocidad de respuesta, pero sobre todo, en la construcción del sistema de gobernanza climática y de naturaleza que requiere la empresa para mitigar riesgos y aprovechar las oportunidades derivadas de fenómenos meteorológicos exacerbados por la crisis climática. El Niño ya pasó antes, ya costó, ya afectó sectores y ya impactó decisiones empresariales. La diferencia ahora es que los consejos cuentan con más datos, mejores herramientas y una expectativa más clara de supervisión. En un entorno más caliente y volátil, la ventaja será de quienes conviertan El Niño en resiliencia, confianza y valor de largo plazo, a partir del fortalecimiento de su sistema de gobernanza climática y de naturaleza.

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Nota del editor: Jimena Marván es Directora Ejecutiva del Capítulo Cero México de la Iniciativa de Gobernanza Climática del Foro Económico Mundial. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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Opinión Cambio climático Empresas Estrategia y marketing

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