Publicidad

Si la IA reemplaza a los colaboradores junior, ¿quiénes serán los directores de mañana?

La inteligencia artificial puede elevar la productividad y reducir costos, pero también amenaza con desaparecer los puestos junior donde las nuevas generaciones adquieren experiencia y criterio.
Un empleado recogiendo sus cosas luego de ser sustituido por un sistema de inteligencia artificial
El clima dejó de ser un tema de riesgo reputacional. Hoy impacta directamente en las finanzas y en la estrategia empresarial, considera Jimena Marván. (Gemini)

Estimados lectores, hacía rato que no nos leíamos. Hoy regreso con un tema controversial, inevitable y que, nos guste o no, está en boca de todos: la inteligencia artificial.

Hoy, grandes corporativos —y otros no tan grandes— están utilizando herramientas de IA para ejecutar tareas repetitivas, analizar información, preparar documentos y realizar actividades que, aparentemente, generan poco valor.

Hasta ahí, todo parece maravilloso: mayor productividad, menores costos y procesos mucho más rápidos.

Pero hay algo que quizá estamos olvidando.

Publicidad

Muchas de esas tareas que hoy queremos entregarle a la inteligencia artificial eran realizadas por colaboradores jóvenes que apenas comenzaban su carrera profesional. Eran los llamados semilleros de talento: personas que entraban a una organización desde posiciones junior, aprendían el negocio desde abajo, cometían errores, desarrollaban criterio, adquirían experiencia y, con los años, algunos terminaban convirtiéndose en gerentes, directores e incluso en los futuros líderes de esas mismas compañías.

Aquí aparece una paradoja interesante. Una empresa puede volverse más eficiente sustituyendo parte del trabajo inicial con inteligencia artificial, pero al mismo tiempo puede estar eliminando los espacios donde las nuevas generaciones aprendían a hacer negocios.

Y entonces surge una pregunta bastante sencilla: Si desaparecemos los puestos donde se aprende, ¿dónde vamos a formar a los directores del futuro?

Como dicen los clásicos, las empresas son lo que son por su gente y por la cultura que esa gente construye todos los días. No se trata, por supuesto, de detener el progreso. Sería absurdo.

Las herramientas de inteligencia artificial generativa tienen un enorme potencial para incrementar la productividad, mejorar procesos, analizar cantidades extraordinarias de información y permitir que las personas dediquen más tiempo a actividades de mayor valor.

El problema comienza cuando confundimos automatizar tareas con sustituir personas.

Creo que el verdadero reto para las empresas no está en decidir entre inteligencia artificial o talento humano. Está en encontrar el equilibrio correcto entre ambos.

Necesitamos colaboradores que sepan utilizar estas herramientas, pero también personas que entiendan profundamente los procesos que la IA está ejecutando. Personas capaces de cuestionar un resultado, identificar cuando algo no tiene sentido y, sobre todo, tomar decisiones cuando el algoritmo simplemente no tiene la respuesta.

Porque hay algo que no debemos olvidar: para supervisar correctamente a una inteligencia artificial primero hay que entender aquello que estamos supervisando.

Por supuesto que algunos puestos de trabajo van a transformarse y probablemente otros desaparecerán. No sería la primera vez que ocurre. Los grandes avances tecnológicos de la humanidad siempre han cambiado la manera en que trabajamos.

Publicidad

La diferencia estará en cómo administren las empresas esta transición.

¿Utilizaremos la inteligencia artificial únicamente para reducir estructuras y costos? ¿O aprovecharemos esta oportunidad para rediseñar puestos, capacitar a nuestra gente y crear una nueva generación de colaboradores capaces de trabajar junto con la tecnología?

Ahí es precisamente donde el tema deja de ser exclusivamente tecnológico y entra de lleno en el terreno de ESG.

Desde la perspectiva social, una empresa responsable no solamente genera empleo. También desarrolla talento, ofrece oportunidades de crecimiento, capacita a sus colaboradores y crea condiciones para que las nuevas generaciones puedan construir una carrera profesional.

Y desde la perspectiva de gobierno corporativo, éste tampoco puede ser un asunto que se deje exclusivamente en manos del área de Tecnología o de Recursos Humanos.

Los consejos de administración deberían comenzar a preguntarse qué impacto tendrá la inteligencia artificial en su capital humano, qué capacidades necesitará la organización dentro de cinco o diez años y, sobre todo, de dónde saldrán las personas que algún día tendrán que dirigirla.

Porque podemos tener extraordinarios algoritmos, agentes de IA y modelos capaces de procesar millones de datos en segundos, pero las empresas todavía necesitan algo que ninguna tecnología puede garantizar por sí sola: experiencia, intuición, liderazgo, empatía y criterio.

Por eso hoy quiero dejarles una pregunta para la reflexión: ¿Puede considerarse sostenible una empresa que mejora su productividad mediante inteligencia artificial, pero al mismo tiempo destruye su propia cantera de talento?

La respuesta seguramente da para muchas discusiones.

La mía, por ahora, es sencilla: no.

La inteligencia artificial debe ayudarnos a construir mejores empresas, no empresas sin personas capaces de dirigirlas.

Nota editorial: Omar Flores Fonseca se ha desempeñado como banquero corporativo para BBVA y Citibank, posteriormente y con más de 15 años de experiencia incursionó en el área de AML en Citi coordinando 23 países de Latam y posteriormente a fue llamado por el área de cumplimiento normativo (Compliance), como Director de PLD para todo el grupo financiero BBVA México y mas recientemente como Director de Customer Compliance y Financial Markets & Sustainability. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Tags

Opinión Mercado de trabajo Estrategia y marketing

Publicidad