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Cuando una empresa no llega a su meta ESG, guardar silencio también tiene un costo

Para mantener el equilibrio y no caer en una crisis reputacional, las empresas deben comunicar lo que consiguieron y reconocer al mismo tiempo lo que todavía tienen pendiente.
Cuando una empresa no llega a su meta ESG, guardar silencio también tiene un costo
El panel reunió a representantes de Unilever, Mars, PMI, Zimat y Chapter Zero para discutir cómo comunicar avances y tropiezos ESG con datos verificables. (Diego Álvarez)

Las grandes metas de sostenibilidad que las empresas fijaron para 2030 están entrando en su etapa más incómoda, porque ahora necesitan demostrar cuánto han avanzado. Cuando los resultados quedan por debajo de lo prometido, las compañías deben decidir si ajustan el objetivo, explican el retraso o reducen la comunicación, una salida que también puede deteriorar la confianza.

“El mundo de ESG tiene hoy una crisis de comunicación, no una crisis de relevancia”, dijo Andrea Castro, socia de Zimat Consultores, durante el Expansión ESG Summit 2026. A su juicio, el greenwashing dañó la credibilidad de la agenda, mientras las metas demasiado ambiciosas dejaron a algunas compañías ante la dificultad de explicar por qué no consiguieron cumplirlas.

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El contexto puede modificar el camino. Los precios de la energía, la geopolítica, las tarifas comerciales o la disponibilidad de tecnología cambian mientras una meta permanece vigente, por lo que Castro considera que las empresas necesitan comunicar los avances y también reconocer cuando las condiciones obligan a modificar el plan.

“Hoy la reputación no se basa en lo que las empresas decimos, se basa en lo que podemos verificar”, puntualizó Castro. “Yo he tenido que trabajar con muchos de mis clientes para decir ‘¿y ahora cómo explicamos que no llegamos a la meta?’. No era falta de interés, ni siquiera falta de inversión, simplemente el contexto y las circunstancias cambiaron”, añadió.

La discusión ya no es solo reputacional, porque alcanzar un compromiso climático requiere presupuesto, proveedores, tecnología y decisiones que corresponden a la dirección de la compañía.

Por lo tanto, Adrián Gómez, miembro del comité ejecutivo de Chapter Zero México, considera que los consejos de administración necesitan entender los indicadores ambientales con la misma atención que prestan a los financieros.

El problema aparece cuando un proyecto de descarbonización llega a la mesa y quienes deben autorizar la inversión desconocen conceptos como emisiones de alcance 3 o los riesgos que el cambio climático representa para el negocio. “Pregúntale a un board member cuántos metros cúbicos de agua está consumiendo. Te va a decir cuánto paga, pero no cuánto consume”, ejemplificó.

El riesgo ya llegó a los tribunales. ClientEarth demandó en 2023 a los directores de Shell bajo el argumento de que el consejo no gestionó adecuadamente los riesgos climáticos y vulneró sus deberes fiduciarios. La justicia británica desestimó el caso, aunque la discusión colocó el manejo del riesgo climático dentro de las responsabilidades que enfrentan los consejos.

Mars muestra otra dimensión del problema. La compañía quiere reducir 50% las emisiones de toda su cadena de valor para 2030 frente a 2015 y alcanzar emisiones netas cero en 2050, mientras al cierre de 2025 acumulaba una disminución de 16.9%, de acuerdo con su último reporte de sostenibilidad.

La distancia que todavía existe frente a la meta obliga a intervenir fuera de sus propias instalaciones. Andrea Amador, gerente de Clima y Abastecimiento Sustentable de Mars Pet Nutrition México, explicó que las emisiones de alcance 3 representan uno de sus indicadores más complejos porque incluyen materias primas y proveedores.

Por ello, Mars trabaja en transición energética, ingredientes con menor huella, empaques y agricultura regenerativa, aunque cada proyecto también tiene que demostrar que funciona financieramente.

“Cuando vas a presentar un proyecto tienes el beneficio ambiental y te preguntan cuánto va a costar. Es importante tener el beneficio ambiental, pero también hablar con indicadores económicos”, dijo Amador. La empresa revisa trimestralmente esos indicadores con su equipo de liderazgo para determinar qué funciona y qué necesita ajustes.

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Hablar menos tampoco elimina el riesgo

Unilever enfrenta otro reto cuando convierte esos avances en mensajes para el consumidor. Mei Crespo, directora de Comunicación y Asuntos Corporativos de Unilever México, compartió que un claim de sostenibilidad pasa por las áreas legal, técnica y regulatoria antes de llegar al mercado.

El proceso justamente se hace para mantener el equilibrio entre la ambición y la evidencia, ya que una empresa puede comunicar lo que consiguió y reconocer al mismo tiempo lo que todavía tiene pendiente.

Para Crespo, dejar de comunicar no resuelve el riesgo de greenwashing, sobre todo en compañías de consumo masivo donde clientes y consumidores pueden contrastar rápidamente lo que una marca promete con lo que hace.

El escrutinio puede ser todavía mayor cuando la sostenibilidad cuestiona el propio modelo de negocio. Philip Morris International reportó que 41.5% de sus ingresos netos de 2025, equivalentes a 16,900 millones de dólares, ya provienen de productos sin humo, mientras alrededor de 43.5 millones de adultos utilizan esa categoría. La compañía pretende que dos terceras partes de sus ingresos provengan de ese negocio hacia 2030.

Paulina Villegas, directora regional de Sostenibilidad para Latinoamérica y Canadá de Phillip Morris, aseguró además que una tercera parte de la compensación de los altos directivos está vinculada con resultados de desempeño social y ambiental, una decisión que lleva los compromisos ESG directamente a los incentivos económicos de quienes administran la empresa.

“La sostenibilidad no es sinónimo de perfección”, enfatizó Villegas, quien considera válido comunicar que un objetivo no podrá alcanzarse siempre que la compañía explique el avance y las dificultades.

Las empresas quedan así frente a una tensión cada vez mayor, pues prometer sin evidencia puede alimentar acusaciones de greenwashing, mientras esconder una meta cuando se complica también puede erosionar la credibilidad. El nuevo examen para los compromisos ESG, acorde con los panelistas, será mostrar los números, explicar los tropiezos y demostrar que detrás de cada objetivo existe una decisión de negocio.

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