José Ibañez, coordinador de la Alianza por las Compras con Impacto en México explicó en la presentación, que uno de los principales retos es encontrar proveedores que, además de generar un impacto social o ambiental, puedan responder a las exigencias de las grandes empresas en materia de escala, calidad y precio. A ello se suman procesos internos que pueden convertirse en una barrera para las mipymes.
Otro de los resultados sobresalientes fue que el 48% de las empresas participantes identifica como obstáculos los procesos rígidos para dar de alta proveedores, la excesiva documentación y los plazos de pago de 30, 60 o hasta 90 días. Otro 43% señala dificultades para identificar una oferta visible de proveedores de impacto y persiste la percepción de que este tipo de soluciones implica mayores costos.
“Lo que más me llamó la atención es la avidez o las ganas de los corporativos de tratar de resolver estos problemas. Muchos corporativos se han dado cuenta de que dentro de sus cadenas de valor ya tienen muchas empresas de impacto, que son estas empresas que resuelven también problemas sociales y ambientales”, dijo Pedro Martínez, presidente de ANDE Latinoamérica.
Por ahora, el componente ambiental tiene una mayor presencia en las estrategias de compra que la inclusión de grupos específicos. El 71% de las empresas consultadas trabaja en temas relacionados con circularidad y gestión de residuos; el 57% busca apoyar a mipymes locales y el 48% incorpora objetivos de descarbonización.
En cambio, el 43% compra a negocios de impacto social, el 33% incluye criterios relacionados con empresas lideradas o integradas por mujeres, el 19% considera a población indígena y afrodescendiente y solo el 9% contempla a la población LGBT+.
Esta diferencia, señala el estudio, responde en parte a que los temas ambientales cuentan con un ecosistema más desarrollado de certificaciones, métricas y proveedores, mientras que la medición y definición del impacto social todavía enfrenta mayores dificultades.
En el reporte, las empresas mexicanas impulsan su agenda de compras sostenibles porque el 62% menciona que se alinean a sus objetivos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) y el 52% considera que se impulsa la innovación, mientras que otra parte del 52% que respondieron la encuesta dice que los hace para cumplir políticas o regulaciones locales y solo el 29% considera la reducción de costos.
El problema es que todavía existen dificultades para demostrar el resultado de estas estrategias. La mitad de las corporaciones no incorpora datos de impacto en sus sistemas y el 35% no mide los resultados de sus compras, lo que limita la construcción de un caso de negocio y dificulta que estas iniciativas pasen de proyectos aislados a una política permanente.