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El reglamento de economía circular lleva casi un mes de retraso y las empresas siguen sin saber cuánto les costará

El retraso no detiene a las empresas, pero sí complica sus presupuestos, inversiones y preparación para la responsabilidad extendida del productor.
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El plazo de 180 días que el Ejecutivo federal tenía para emitir el reglamento de la Ley General de Economía Circular venció el 19 de julio. (Foto: wutwhanfoto/Getty Images)

La nueva regulación de economía circular en México ya tiene ley, pero todavía no tiene las reglas que permitirán a las empresas saber cómo cumplirla. El plazo de 180 días que el Ejecutivo federal tenía para emitir el reglamento de la Ley General de Economía Circular venció el 19 de julio y el documento todavía no ha sido publicado en el Diario Oficial de la Federación.

El problema es que mientras no se conozcan los procedimientos y mecanismos de cumplimiento, las compañías no pueden saber qué tendrán que hacer, cuánto les costará ni cómo deberán incorporarlo a sus presupuestos y planes de operación.

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“El riesgo de retrasarnos más de lo debido es la incertidumbre jurídica y no saber cómo se va a implementar”, dice Edmon Grieger, responsable de las prácticas de Energía y Recursos Naturales, y Ambiental de Von Wobeser y Sierra.

Eduardo Legorreta, associate director of sustainability and business growth en Revolution Sustainability Partners, señala que uno de los efectos más concretos del retraso está en la planeación presupuestaria de las compañías.

“Realmente convendría que saliera el reglamento para que las empresas sepan a qué atenerse y si hay algún tipo de previsión que haya que hacer, tanto financiera como de organización, se haga desde este año”, señala Legorreta.

Para el especialista, el momento de publicación importa porque muchas empresas ya están cerrando sus presupuestos para el siguiente ejercicio. Si las obligaciones se conocen hasta finales de año, algunas inversiones o ajustes operativos podrían tener que incorporarse después de que los presupuestos hayan sido aprobados.


El riesgo, explica Legorreta, es que una obligación que requiere infraestructura, acuerdos entre empresas o cambios en los procesos termine desplazándose varios meses. “No es lo mismo que te lo hagan desde ahorita y saber más o menos de dónde viene el golpe, a que te lo hagan en diciembre y en enero te digan: ‘¿Cuál es tu plan?’”, señala.

La coordinación será clave para la implementación

La ley ya establece los principios y algunas obligaciones del nuevo modelo, entre ellas la responsabilidad extendida del productor, que obliga a las empresas a mirar más allá de la fabricación y comercialización. Además, contempla mecanismos de circularidad, registros, gestión circular, incentivos y distintivos, entre otros instrumentos.

Además, la legislación distribuye responsabilidades entre productores, importadores, comercializadores, consumidores y contempla la coordinación entre federación, estados y municipios mediante el Sistema Nacional de Economía Circular.

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Esa coordinación será uno de los puntos decisivos para que la legislación funcione. “En el reglamento vamos a tener que ver bien las reglas de coordinación efectiva para que sí permita que esto se materialice”, asegura Greger.

El desafío no es menor si se considera la infraestructura actual para gestionar los residuos. El Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos 2026, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, reporta que México genera 139,902 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos. De ese volumen, 40.15% corresponde a residuos orgánicos y 36.26% a materiales susceptibles de aprovechamiento. Sin embargo, sólo 5% recibe algún tipo de tratamiento y 72% no cuenta con procesos de valorización.

Otro de los puntos clave será el principio de gradualidad, por lo que la implementación deberá considerar las diferencias entre sectores, productos y productores, explica Legorreta.

Para Grieger, la gradualidad será importante para evitar que las nuevas obligaciones lleguen en plazos que las empresas no puedan cumplir. “Tener obligaciones imposibles de cumplir, pues nada más va a dar origen al litigio”, advierte.

Las empresas no se quedan de brazos cruzados

Si bien el retraso genera incertidumbre en las empresas, también puede dar más tiempo para que la autoridad incorpore las opiniones de industrias, academia y organizaciones sociales antes de cerrar las reglas. Grieger considera que esa consulta puede contribuir a evitar vacíos o contradicciones en una regulación que deberá coordinar a distintos actores y niveles de gobierno.

Por su parte, dice Grieger, las empresas pueden comenzar a identificar sus flujos de materiales, mapear el ciclo de vida de sus productos, revisar sus esquemas actuales de recuperación y determinar qué información tendrán que generar para demostrar cumplimiento.

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El incentivo para hacerlo no es únicamente evitar una eventual sanción y es que la ley contempla mecanismos de reconocimiento para quienes cumplan con los criterios establecidos. También prevé instrumentos económicos y un Distintivo Nacional de Economía Circular.

“Las empresas pueden iniciar con autodiagnósticos de cumplimiento en materia de la trazabilidad de sus productos, la economía circular, cómo están sus esquemas. Muchas ya tienen políticas de gestión y manejo eficiente de recursos, simplemente hay que adaptarlas al nuevo marco normativo”, comenta Grieger.

Sin embargo, cada semana adicional sin reglas reduce el margen que tendrán las compañías para pasar de la preparación a la ejecución. “Las empresas tienen que organizarse y planear para poder cumplir de la mejor manera”, dice Legorreta.

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Leyes Contaminación ambiental

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