Para una empresa, esto significa que el cumplimiento deja de ser una función que opera principalmente al final de una transacción y ahora deberá estar integrada a la forma en que se evalúan clientes, operaciones y medios de pago.
Entre las empresas con actividades vulnerables, se encuentran aquellas del sector inmobiliario y la construcción, el automotriz, la compraventa de joyas, metales y piedras preciosas, el arte y las antigüedades, los juegos y apuestas, el comercio exterior, los servicios profesionales y notariales, el otorgamiento de préstamos, el transporte y custodia de valores, las donatarias y las operaciones con activos virtuales.
Jorge Salazar, socio del Grupo de Práctica Fiscal de Baker McKenzie, explica que una inmobiliaria, por ejemplo, no solo deberá saber quién renta un inmueble, sino evaluar quién está detrás de la operación, cómo paga, bajo qué condiciones y qué elementos pueden elevar el nivel de riesgo. Las empresas deberán documentar esa evaluación y establecer si una operación o contraparte representa un riesgo bajo, medio o alto.
Uno de los cambios que más impactará la operación cotidiana será la necesidad de contar con mecanismos que permitan hacer ese seguimiento de manera sistemática. Las nuevas reglas de la Ley Antilavado contemplan herramientas automatizadas para monitorear operaciones, actualizar perfiles transaccionales, evaluar riesgos y generar alertas. Esto obliga a que la información que hoy puede encontrarse dispersa entre las áreas comercial, legal, financiera y de cumplimiento pueda integrarse y analizarse de manera consistente.
Las nuevas reglas establecen que los controles de cumplimiento deberán ser revisados y que los resultados de esa evaluación tendrán que llegar a los órganos de gobierno o a la alta dirección.
El objetivo ya no será solamente comprobar que existe un manual o que se presentó un aviso, sino evaluar la eficacia de los controles y documentar las deficiencias encontradas. Es ahí donde el área de auditoría tendrá un papel clave, pues deberá establecer acciones correctivas, responsables y plazos e incorporar una estimación económica de las multas que podrían derivarse de las fallas que permanezcan sin corregir.
Sin embargo, solo 37% de las organizaciones ya adoptó las Normas Globales de Auditoría, de acuerdo con el Estudio integral de Auditoría Interna en México 2026 de KPMG, mientras 30% está en proceso y 16% tiene un análisis de brechas. Solo 12% dice no tener planes para adoptarlas.
La brecha también aparece en la manera en que las empresas evalúan sus riesgos. KPMG encontró que 68% de las áreas de Auditoría Interna en México realiza por cuenta propia la evaluación de riesgos para construir su plan de trabajo, pero 67% todavía lo hace de manera anual y 18% mantiene un monitoreo continuo.