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Desigualdad climática: el 10% de las personas más ricas generan 48% de las emisiones

La desigualdad económica también define la responsabilidad climática: los hogares con mayores ingresos concentran emisiones y capacidad para financiar la mitigación.
Contraste entre el impacto climático de las personas ricas y las más pobres
Los expertos consideran que la desigualdad económica también marca la responsabilidad climática. (Gemini)

La desigualdad económica también se refleja en la responsabilidad frente al cambio climático, pues a nivel mundial, el 10% más rico es responsable de 48% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y concentra 76% de la capacidad financiera para hacer frente a esos retos. Por otro lado, el 50% de la población con menores ingresos concentra 75% de las pérdidas asociadas a los impactos climáticos, aunque genera 12% de las emisiones y dispone de apenas 2% de la capacidad de financiamiento para mitigación.

En el marco de México por el Clima, los especialistas destacan que esta brecha plantea el reto de diseñar políticas climáticas que reconozcan las distintas capacidades de los hogares para reducir sus emisiones. Durante el panel “Net Zero Citizens: soluciones para reducir la huella de carbono en los hogares de México”, se discutió que la responsabilidad frente al cambio climático es compartida, pero no puede ser idéntica para todos los sectores de la población.

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Daniel Revollo, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, explicó que las diferencias no solo están en la huella de carbono y el nivel de gasto, sino también en la capacidad económica para adoptar medidas de mitigación. Por ello, planteó que las políticas públicas deben considerar las características de cada hogar y evitar exigir los mismos cambios a familias con capacidades económicas diferentes.

“La acción climática doméstica tiene que considerar prácticamente la huella, la capacidad de las personas de los hogares y finalmente el contexto. Tenemos responsabilidad todos sí, pero diferentes responsabilidades dependiendo del hogar que estamos analizando”, señaló Revollo.

El investigador destacó que entre las medidas planteadas está impulsar cambios en los hogares con mayores huellas de carbono, particularmente en ámbitos como la movilidad privada. Sin embargo, los especialistas señalaron que promover el transporte público requiere garantizar que este sea una alternativa de calidad. Para los hogares con menores capacidades económicas, el reto pasa por generar esquemas de financiamiento que permitan acceder a opciones de adaptación y reducción de emisiones.

Por su parte, Verónica Garibay, gerente de Política Energética en la Iniciativa Climática de México (ICM), destacó que las responsabilidades diferenciadas también se relacionan con la forma en que los distintos grupos viven los impactos climáticos y con su capacidad para responder ante eventos extremos. Mientras el 50% de menores ingresos enfrenta tres cuartas partes de las pérdidas climáticas, el 10% con mayores ingresos concentra una proporción mucho mayor de las emisiones y de los recursos disponibles para financiar acciones de mitigación.

“Una cosa es tener la conciencia de que tengo responsabilidad, otra cosa es tener la intención de cambiar y la siguiente es realmente cambiar. Son como diferentes pasos que se tienen que seguir”, indicó.Garibay.

Ante este escenario, Iniciativa Climática de México desarrolla el programa Net Zero Citizens, enfocado en hogares de mayores ingresos con capacidad para reducir sus emisiones. El proyecto contempla generación e intercambio de conocimiento, intervenciones comunitarias, herramientas de información y comunicación para la toma de decisiones y formación de capacidades. Las acciones abarcan el uso de energía, la alimentación y la movilidad.

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Una de las experiencias del programa se realizó con 15 hogares de Lomas de Chapultepec, donde se trabajó en la reducción del desperdicio de alimentos. Las participantes recibieron acompañamiento y herramientas para planificar las compras, aprovechar sobras y comprender las fechas de caducidad. Durante el proceso, los participantes que reconocía que sus acciones tenían un impacto pasó de 57% a 91%, mientras quienes consideraban no tener herramientas para actuar disminuyeron de 28% a 8%.

Los retos de disminuir la huella

Daniela Gómez, co-fundadora de la app que mide la huella de carbono, Widu, señaló que uno de los principales obstáculos es la falta de alfabetización de carbono. Las personas suelen identificar acciones visibles, como separar residuos o reducir el tiempo de la ducha, pero pueden pasar por alto decisiones con un impacto mayor, particularmente relacionadas con el transporte y el consumo de energía.

“Hay que encontrar a ciertos ‘champions’ o personajes importantes en la comunidad que puedan darle voz y esparcir desde su propia experiencia, compartiendo su testimonio, para que más personas tengan esa confianza y digan: ‘Va, me sumo’”, explicó.

Los especialistas también identificaron un reto en las normas sociales y los hábitos de consumo de los hogares de mayores ingresos. En el trabajo comunitario se encontró que la responsabilidad moral, la identidad personal y las normas sociales influyen en la disposición para adoptar acciones ambientales. Por ello, las intervenciones deben combinar información con herramientas prácticas, acompañamiento y espacios comunitarios que refuercen los nuevos comportamientos.

El desafío, concluyeron los participantes, consiste en trasladar la discusión climática de un plano abstracto a decisiones cotidianas y, al mismo tiempo, reconocer que las responsabilidades son diferenciadas.

Además de modificar los hábitos dentro de los hogares, los cambios pueden extenderse a comunidades y centros de trabajo. El panel planteó así que la descarbonización requiere políticas específicas, herramientas accesibles y mecanismos que permitan convertir la capacidad económica de los sectores de mayores ingresos en acciones concretas de mitigación.

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