“Estos factores afectaron especialmente a sectores favorecidos por estrategias ESG, como tecnología limpia, energías renovables y soluciones sostenibles, que son sensibles al costo de capital y a cambios en las tasas de interés”, señaló un reporte de S&P Dow Jones Indices.
Jessica Matthews, responsable global de inversión sostenible de JP Morgan Private Bank, coincidió en que los inversionistas ajustaron su apetito por riesgo durante 2025, favoreciendo activos más defensivos frente a la incertidumbre global, como metales preciosos o acciones de salud y servicios básicos, dado que la inversión sostenible en Estados Unidos ha mostrado cierta politización.
En este contexto, el oro, considerado un valor defensivo, alcanzó máximos históricos con un aumento de 64.5%, mientras que índices como S&P 500 Health Care y S&P 500 Industriales crecieron 21.1% y 19%, respectivamente.
Matthews agregó que la política antiambientalista estadounidense ha llevado a algunos inversionistas a reconsiderar o retraer sus posiciones, por la percepción de que las inversiones sostenibles están demasiado vinculadas a debates políticos o sociales.
Asimismo, las tensiones internacionales y restricciones comerciales aumentaron la volatilidad, impulsando a los inversionistas a priorizar empresas con flujos de efectivo más estables, como servicios públicos y consumo básico, destacó un análisis de Morningstar.
A pesar de estos desafíos, BlackRock y Morgan Stanley Capital International (MSCI) señalaron que los flujos hacia fondos ESG continuaron siendo positivos en 2025, con preferencia por emisiones corporativas sostenibles y proyectos de energía renovable. Esto refleja la convicción de que la transición hacia modelos de negocio sostenibles sigue siendo irreversible.
“A pesar de los retos, el índice mantiene un avance consistente y evidencia que las estrategias ESG siguen siendo atractivas a largo plazo”, indicó BlackRock.
Por su parte, MSCI añadió que el cierre positivo del año confirma que, aunque los activos ESG enfrentan desafíos macroeconómicos y geopolíticos, el interés por la inversión responsable se mantiene firme y dependerá de la capacidad de los mercados para adaptarse a cambios regulatorios, tasas de interés y riesgos globales, manteniendo la sostenibilidad como eje central de la estrategia financiera.