El consumo de energía es el principal contribuyente al cambio climático al representar 60% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI). Por ello, la transición energética y la reducción progresiva del uso de combustibles fósiles son parte de los objetivos de los 193 países comprometidos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Sin embargo, no todos apoyan esta iniciativa. En Estados Unidos, la llegada de Donald Trump supuso un cambio de política en materia ambiental, pues desde sus primeros días en el mandato ha tomado una postura antiambientalista y en pro del desarrollo de los combustibles fósiles, lo que deja fuera del juego a aquellas empresas que trabajan en energías limpias.