El cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de olas de calor, lluvias extremas, inundaciones y mala calidad del aire, transformando la manera en que empresas y gobiernos deben proteger a sus trabajadores. Lo que antes eran situaciones excepcionales hoy se vuelve parte de la operación cotidiana, obligando a replantear horarios, protocolos, espacios de trabajo y criterios de seguridad laboral, según organizaciones internacionales.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que para 2030 se perderán más de 80 millones de empleos equivalentes a tiempo completo debido a restricciones laborales asociadas al calor extremo. En México, los riesgos se multiplican por la alta exposición de sectores vulnerables sin acceso suficiente a infraestructura segura.
El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) subraya que en industrias como la construcción, agricultura, manufactura ligera y transporte, los trabajadores deben laborar en entornos donde las altas temperaturas incrementan el riesgo de golpes de calor, deshidratación y accidentes. Ante ello, señala el organismo, las empresas enfrentan el reto de rediseñar horarios, implementar pausas regulares e invertir en infraestructura de sombra y ventilación, algo para lo cual no todas están preparadas.
“La pérdida de horas de trabajo por peligros climáticos correspondió a 863,000 millones de dólares en posibles ingresos perdidos en 2024, principalmente por el deterioro de la salud de la fuerza laboral, el aumento de enfermedades relacionadas con el calor, problemas respiratorios y la propagación de enfermedades infecciosas”, explicó en un reporte Gim Huay, directora general y jefa del Centro de Naturaleza y Clima del WEF.
El Banco Mundial añade que la movilidad laboral también se ha convertido en un punto crítico. Las inundaciones y fallas en el transporte público durante eventos climáticos severos dificultan los traslados, provocando retrasos, ausentismo y mayores niveles de estrés. Para los empleadores, esto implica flexibilizar horarios y activar esquemas de trabajo remoto cuando las condiciones ambientales ponen en riesgo al personal.
Aunque algunas ciudades, como la CDMX, han comenzado a establecer acuerdos para regular el trabajo ante condiciones climáticas adversas, persiste una brecha normativa en la mayor parte del país. Las empresas deben interpretar lineamientos generales y convertirlos en protocolos específicos, lo que requiere inversión, asesoría técnica y planeación.