Demesa considera que esa medición modifica la discusión sobre el costo de la sostenibilidad porque permite incorporar otros resultados a la decisión empresarial. “Yo lo veo más que como un costo, como una inversión”, afirmó, ya que una estrategia de este tipo puede influir en la atracción de talento, las decisiones de los consumidores y el interés de los inversionistas.
Sin embargo, el directivo reconoce que producir bajo estos criterios puede elevar el precio frente a otras alternativas del mercado. En ese escenario, la compañía tiene que demostrar el valor adicional para convencer al consumidor de pagar la diferencia.
“Puede ser que el producto sea un poco más caro que lo que hay en el mercado. El desafío viene en cómo comunicar esos beneficios para que el consumidor esté dispuesto a valorar ese esfuerzo”, señaló.
De reducir el daño a intentar repararlo
Con miras al 2050, la compañía pasó de colocar la sostenibilidad como objetivo final a adoptar una estrategia de regeneración que genere resultados positivos en cuatro dimensiones, la financiera, humana, social y natural.
Demesa parte de que una operación empresarial siempre deja algún impacto negativo, incluso cuando utiliza empaques reciclables, sistemas de refill o materias primas obtenidas bajo criterios de conservación. Por ello, la meta consiste en conseguir que el impacto positivo supere ese daño.
La estrategia también obliga a pensar la economía circular desde el diseño del producto y no únicamente desde el reciclaje, pues las decisiones sobre materiales y envases determinan desde el origen si estos podrán regresar a la cadena productiva.
Para Demesa, esa transformación tiene que coexistir con la presión diaria por entregar resultados financieros. La respuesta de Natura consiste en integrar ambos objetivos dentro de las mismas decisiones, en lugar de administrar la sostenibilidad como una partida separada.
En su intervención, Demesa reconoció que Natura todavía debe elegir dónde desarrollar su proyecto, identificar los bioactivos que puedan tener una aplicación comercial y construir una cadena local capaz de conservar el ecosistema mientras genera ingresos.
De lograrlo, el primer resultado tangible tardará varios años en llegar, pero también permitirá comprobar si un modelo desarrollado en Amazonia puede funcionar bajo las condiciones ambientales y productivas mexicanas.