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México recicla solo 3.5% de su basura electrónica rumbo al Mundial 2026

La fiebre por renovar televisores para seguir los partidos del Mundial podría incrementar los residuos electrónicos en un país donde cada habitante genera 11.8 kilos de estos desechos al año.
lun 15 junio 2026 08:00 AM
televisoras y su impacto ambiental
México enfrenta un déficit de infraestructura para gestionar 1.5 millones de toneladas de residuos electrónicos que genera cada año. (Sascha Schuermann/Getty Images)

El Mundial 2026, que convertirá a México en sede por tercera vez en su historia, ha impulsado la renovación de televisores y equipos electrónicos en los hogares que buscan disfrutar del torneo con una mejor experiencia de audio y video. Sin embargo, detrás de esta tendencia surge un reto ambiental creciente: los aparatos reemplazados se suman a los 1.5 millones de toneladas de residuos electrónicos que se generan cada año en el país, una categoría de desechos que representa riesgos para el medio ambiente y la salud humana cuando no se gestiona adecuadamente.

Esta cifra coloca a México como el tercer mayor generador de residuos electrónicos en América, solo por detrás de Estados Unidos y Brasil, que producen 7.2 y 2.4 millones de toneladas, respectivamente, de acuerdo con el informe del Observatorio Internacional sobre Residuos Electrónicos de la ONU. El organismo resalta que este volumen refleja el crecimiento sostenido en el consumo de aparatos eléctricos y electrónicos, desde teléfonos móviles y computadoras hasta electrodomésticos y televisores.

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Pese a la magnitud del problema, el país reportó la recolección y reciclaje formal de apenas 52.6 millones de kilogramos de residuos electrónicos, equivalentes al 3.5% del total generado. El informe advierte que el desafío es aún mayor si se considera que cada mexicano produjo, en promedio, 11.8 kilogramos de basura electrónica durante el año. La brecha entre generación y aprovechamiento evidencia la necesidad de fortalecer la infraestructura de acopio, reciclaje y economía circular para evitar que estos materiales terminan en tiraderos, rellenos sanitarios o canales informales de disposición.

Los aparatos eléctricos y electrónicos contienen componentes peligrosos para el ambiente y la salud cuando no reciben un tratamiento adecuado. Entre ellos se encuentran el plomo presente en soldaduras y antiguas pantallas CRT, el mercurio utilizado en lámparas y pantallas de generaciones anteriores, el cadmio empleado en baterías y circuitos electrónicos, así como el cromo hexavalente y los retardantes de flama bromados incorporados en plásticos, pinturas y otros materiales.

Constantino Gutiérrez, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, resalta que cuando estos dispositivos llegan a tiraderos a cielo abierto, los metales pesados pueden filtrarse al suelo y a los mantos acuíferos mediante lixiviados. El cadmio y el plomo pueden persistir durante décadas, bioacumularse en peces y terminar en la cadena alimentaria humana.

"Definitivamente, creo que no estamos preparados; hace falta mucha infraestructura", resume Velasco. Aun así, el especialista ve en el Mundial una oportunidad para que México evite repetir los errores del pasado.

Gutiérrez explica que en muchos sitios también es común la quema de componentes para recuperar cobre, una práctica que libera emisiones tóxicas y aumenta los riesgos respiratorios y cancerígenos para las comunidades cercanas.

El primer paso, dice, es dejar de ver los aparatos viejos como basura y empezar a tratarlos como lo que realmente son: una fuente de materiales valiosos. Una tonelada de tarjetas de circuitos impresos, por ejemplo, contiene entre 90 gramos y hasta un kilogramo de oro puro, además de plata, cobre y polímeros de alta resistencia que pueden reincorporarse a nuevos productos, señala la UNAM.

Para capturar ese valor, Velasco propone una cadena de actores que hoy opera de forma fragmentada. Fabricantes, retailers, municipios y empresas de recolección tendrían que coordinarse bajo esquemas formales de recuperación.

"El punto de venta debería de promover ser también un punto de acopio", señala. Esto permitiría concentrar volúmenes mayores de residuos, reducir costos logísticos y disminuir la huella de carbono asociada al transporte.

Los retailers que ya impulsan programas de canje, como Eco Renueva de Samsung, que ofrece descuentos por equipos usados. Sin embargo, el especialista considera que estos esfuerzos todavía deben ampliarse y vincularse con recicladores certificados para generar un impacto significativo.

La jerarquía que Velasco recomienda para quien ya tiene una pantalla nueva en casa es, primero, evaluar si el aparato viejo sigue funcionando y puede encontrar una segunda vida mediante donación, venta o reubicación dentro del hogar. Segundo, si presenta fallas, analizar la posibilidad de repararlo antes de desecharlo. Reparar suele ser viable cuando el costo representa menos de la mitad del valor del equipo y puede extender su vida útil entre tres y 10 años.

Solo cuando el aparato ya no tenga reparabilidad, el siguiente paso debería ser recurrir a canales certificados de recolección de residuos electrónicos.

"Hay que evitar disponer de ella como si fuera un residuo sólido urbano. Estos equipos son residuos de manejo especial y requieren un tratamiento completamente distinto al de la basura doméstica", subraya Velasco.

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Un antecedente que no se resolvió bien

México ya vivió un episodio similar en 2015, cuando tuvo lugar el apagón analógico, que obligó a millones de hogares a replantear el uso de sus televisores de tubo. Este acontecimiento desató un ciclo de recambio masivo sin la infraestructura necesaria para absorberlo. Francisco Velasco, CEO de Waste Cero y especialista en economía circular, recuerda que en aquel momento "no estuvo bien armada la estrategia de recepción de los aparatos, recolección, transporte, la infraestructura realmente para aprovechar todos esos materiales".

De acuerdo con el documento Programa Nacional para la Gestión Integral de los Televisores Desechados por la Transición a la Televisión Digital, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SICT), el universo potencial de televisores analógicos susceptibles de ser desechados supera los 40 millones de aparatos únicamente en los hogares mexicanos.

Aunque no existe una cifra oficial sobre cuántas toneladas de basura electrónica generó el apagón analógico, reportes de Semarnat señalaban que para 2016 apenas se habían recolectado alrededor de 54,000 televisores analógicos, una cantidad muy inferior al universo potencial estimado.

El resultado fue, según Velasco, una combinación de destinos, con aparatos que permanecieron almacenados en los hogares, otros que fueron absorbidos por mercados informales y algunos que terminaron mezclados con los residuos urbanos y advierte que si bien la reutilización de equipos funcionales puede extender su vida útil, la acumulación indefinida de aparatos tampoco constituye una solución ambiental, ya que simplemente posterga el momento en que esos materiales deberán ser gestionados adecuadamente.

Para Velasco, la diferencia es que el apagón analógico fue una transición impulsada por una decisión regulatoria, mientras que el Mundial funciona como un detonador de consumo. El resultado, sin embargo, podría ser parecido, con una salida masiva de equipos para la que el país todavía no cuenta con una infraestructura suficiente de recuperación.

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Medio ambiente Contaminación ambiental

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