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El declive de las iniciativas DEI, ¿un ciclo natural o una respuesta política?

Si las empresas comienzan a priorizar únicamente el rendimiento financiero a corto plazo, podríamos ver un retroceso significativo en los avances logrados en responsabilidad social corporativa.
jue 03 abril 2025 06:00 AM
Diversidad laboral
El repliegue de programas de Diversidad, Equidad e Inclusión no solo implica un golpe a la inclusión, sino que podría ser el primer dominó en caer dentro de las estrategias de sostenibilidad empresarial, apunta Jorge Alfredo Fernández.

Invertir en DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión) no solo es bueno para el negocio, también es lo correcto.” Esta es una de las conclusiones más recurrentes que he escuchado y compartido en varios paneles y conferencias nacionales e internacionales sobre Diversidad, Equidad e Inclusión, donde empresas, consultoras y organizaciones de la sociedad civil trabajamos por impulsar esta causa.

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Durante los últimos 15 años, cuando menos, las iniciativas DEI se han consolidado como un pilar estratégico en muchas de las organizaciones líderes de diversos sectores, no solo como un compromiso ético, sino como un motor de crecimiento y competitividad.

Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente en los últimos meses, acelerándose aún más tras la victoria de Donald Trump, quien ha manifestado abiertamente su oposición a estas iniciativas. Su administración ha llegado al punto de cancelar los programas DEI en el gobierno y despedir a los funcionarios responsables de su implementación.

Empresas que replegaron sus iniciativas DEI

No solo ha sido el gobierno de Estados Unidos, muchas empresas que antes promovían estos valores con orgullo ahora han decidido dar un paso atrás. Veamos tres ejemplos:

Meta: Ha decidido eliminar sus programas de DEI, incluyendo desmantelar su equipo dedicado a esas iniciativas. La empresa de Mark Zuckerberg justifica que la conversación en torno a DEI se ha vuelto controvertida. Resulta irónico que la misma compañía que tuvo como COO y miembro del Consejo de Administración a Sheryl Sandberg, una de las mayores impulsoras de la diversidad en el entorno corporativo de este siglo con iniciativas como Lean In, ahora opte por beneficiarse de una mayor “energía masculina”.

Walmart: La empresa se consolidó como un referente en DEI al promover un entorno inclusivo para empleados, clientes y proveedores. Sin embargo, en un giro significativo de su estrategia, ha decidido eliminar la consideración de la raza y el género en sus políticas de contratación, adoptando un enfoque de “evaluación individual”. Típicamente, esta medida busca fomentar la meritocracia, aunque, por el otro lado, significa un retroceso en la representación de minorías.

McDonald’s: La empresa ha decidido retirar sus objetivos de representación de grupos minoritarios en la alta dirección y el de aumentar la representación de grupos minoritarios en sus propias filas. Su decisión responde a los cambios en el entorno legal, particularmente tras la resolución de la Suprema Corte de Estados Unidos que limita la acción afirmativa. Convenientemente, es una de las empresas que apoyó mediáticamente a Donald Trump durante su campaña, mostrando alineación a su proyecto político.

Entonces, ¿por qué invertir en DEI les hacía sentido a las empresas hasta hace unos meses?

Las iniciativas DEI surgieron de la necesidad de crear entornos laborales más equitativos y representativos, reconociendo que la mayoría de los puestos directivos siguen siendo ocupados por hombres de tez blanca. Múltiples estudios demostraron que la diversidad impulsa la toma de mejores decisiones, fomenta la innovación y mejora el retorno financiero. Fue lógico entonces que en un mundo donde los consumidores y colaboradores valoraban cada vez más los valores corporativos, DEI se convirtió en una estrategia clave para atraer talento y fortalecer la conexión con los clientes.

Sin embargo, estas iniciativas comenzaron a mostrar grietas cuando muchas empresas las adoptaron como una moda o una estrategia de posicionamiento, sin integrarlas genuinamente en su cultura organizacional. Pronto, el exceso en su implementación fue percibido como parte de la llamada cultura “woke”, donde la diversidad se incorporaba más por cumplir con una tendencia que por convicción. Era cuestión de tiempo que el entorno organizacional se contaminara, haciendo difícil diferenciar entre las iniciativas con un propósito genuino de cambio social y aquellas que solo buscaban llenar un checklist corporativo. El hartazgo social ha sido evidente en los últimos años.

Es importante considerar el impacto de este cambio en las iniciativas ESG

El repliegue de DEI no solo implica un golpe a la inclusión, sino que podría ser el primer dominó en caer dentro de las estrategias de sostenibilidad empresarial. Las iniciativas ESG (ambientales, sociales y de gobernanza, por sus siglas en inglés) están intrínsecamente ligadas a DEI, ya que abordan temas de equidad social y representación. Si las empresas comienzan a priorizar únicamente el rendimiento financiero a corto plazo, podríamos ver un retroceso significativo en los avances logrados en responsabilidad social corporativa.

Esto plantea preguntas difíciles para los inversionistas: ¿Se mantendrán firmes en su compromiso con la sostenibilidad, o cederán a las presiones del mercado? La falta de métricas claras y de impactos tangibles a corto plazo ha hecho que ESG se perciba como una inversión incierta para algunos, lo que podría debilitar aún más su relevancia.

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Adiós a la moda, bienvenida la convicción

Este nuevo enfoque donde se sataniza al DEI me duele, y mucho. Porque promover la diversidad y la inclusión no es solo parte de mi trabajo, es parte de mi historia. Pero detrás de este repliegue veo una luz: la oportunidad de separar a quienes lo hacían por convicción de quienes lo hacían por conveniencia. Y ese filtro, aunque doloroso, es necesario. Prefiero un espacio pequeño lleno de personas convencidas, que una multitud llena de marketing.

Sin embargo, esta transformación nos exige algo más: valentía y creatividad. Valentía para defender lo que creemos, incluso cuando el discurso dominante empuja en sentido contrario. Y creatividad para reenfocar nuestras iniciativas, para demostrar con hechos y resultados que la inclusión es mucho más que un eslogan: es una ventaja competitiva y un reflejo de la sociedad que queremos construir.

Porque esta causa es mucho más grande que una tendencia pasajera; es el legado que le dejamos a las nuevas generaciones.

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Nota del editor: Jorge Alfredo Fernández es un especialista en Gobierno Corporativo, Gestión de Riesgos y Auditoría Interna con una sólida experiencia de 22 años en una de las consultoras Big Four. Posee varias certificaciones, entre ellas Certified Internal Auditor y Certified Risk Management Assurance, otorgadas por el Institute of Internal Auditors. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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