La asignación de capital define la velocidad del cambio
A pesar de esta evolución, los flujos de capital siguen desalineados. En 2023, aproximadamente 7.3 billones de dólares se destinaron a actividades con impactos negativos sobre la naturaleza, mientras que cerca de 220 mil millones de dólares se canalizaron hacia soluciones positivas.
La diferencia es más evidente en el sector privado. Cerca de 4.9 billones de dólares se dirigen a actividades que presionan los sistemas naturales, frente a solo 23 mil millones destinados a soluciones orientadas a su regeneración. Esta dinámica refleja una brecha entre los fundamentos económicos de largo plazo y las decisiones actuales de inversión.
Este desajuste responde a varios factores. La medición de impactos sobre la naturaleza sigue siendo limitada, las externalidades no se integran de forma consistente en los precios y los proyectos presentan niveles de fragmentación que dificultan su financiamiento a escala. A esto se suma la falta de estándares homogéneos que permitan evaluar resultados con claridad.
Al mismo tiempo, el enfoque de financiamiento está evolucionando. La atención se desplaza progresivamente desde la conservación hacia la integración de criterios ambientales en cadenas de valor completas, lo que permite vincular la gestión de recursos con la generación de valor económico.
El análisis del Foro Económico Mundial identifica más de 50 oportunidades de inversión distribuidas en 13 sectores críticos, definidos por su impacto y dependencia de la naturaleza. Estas oportunidades ya generan resultados en reducción de costos, eficiencia operativa y acceso a nuevos mercados.
Su escalamiento depende de la integración en las operaciones centrales. A medida que esto ocurre, su impacto deja de ser puntual y empieza a influir en la estructura competitiva de distintos sectores.