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Brasil impulsa un fondo para financiar la protección forestal

El nuevo mecanismo internacional propone financiar la conservación de selvas tropicales mediante inversiones y pagos por resultados, en lugar de donaciones.
mar 11 noviembre 2025 05:55 AM
bosques y financiamiento
Los bosques tropicales, aliados vitales en la lucha contra la crisis climática, están desapareciendo a un ritmo alarmante. Con el objetivo de revertir esta tendencia, Brasil lanzó una nueva iniciativa diseñada para recompensar a los países que logren detener la deforestación. (Ulet Ifansasti/Getty Images)

En el marco de la COP30 que se celebra en Belém (Brasil), el gobierno brasileño presentó el fondo internacional Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés) con la ambición de cambiar la lógica tradicional de la protección forestal: en lugar de donaciones, propone una financiación basada en inversión y pagos por resultados.

La iniciativa abre el debate sobre si se trata de un modelo de capitalismo verde o un negocio con la naturaleza. Este debate cobra relevancia porque la conservación de los bosques tropicales, que aportan servicios ecosistémicos clave, desde la regulación climática hasta la biodiversidad, ha sido tradicionalmente financiada con flujos modestos y poco predecibles. Con esta iniciativa, Brasil apuesta a atraer miles de millones de dólares hacia la preservación de sus bosques y los de otros países, pero también abre terreno a críticas sobre quién asume los riesgos, quiénes controlan los mecanismos y cómo se reparte la equidad.

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Cómo funciona el Fondo Bosques Tropicales para Siempre

El TFFF se concibe como un mecanismo de “pago por desempeño” para países con bosques tropicales. Según el organismo promotor, “el objetivo del TFFF es recompensar a los países que ya están controlando sus niveles de deforestación, pero que aún necesitan invertir para mantener los bosques en pie”.

La estructura financiera es inédita, pues los aportes no provendrán solamente de donaciones tradicionales sino de una combinación de préstamos de largo plazo, capital filantrópico y reaprovechamiento de ese capital mediante inversiones en mercados financieros.

De acuerdo con World Resources Institute (WRI), el mecanismo “no será financiado por donaciones” y está diseñado para recaudar cerca de 125,000 millones de dólares.

La operativa concreta contempla que los países participantes sean elegibles cada año para pagos por hectárea de bosque conservado o restaurado, siempre que mantengan la deforestación por debajo de un umbral. Además, se ha señalado que al menos un 20% de los pagos se destinarán a pueblos indígenas y comunidades locales que habitan o gestionan esos bosques, de acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza.

Se trata de convertir la conservación de bosque en un activo financiero, donde los países forestales son custodios de un bien público global al que se asigna un valor cuantificable y los inversionistas, públicos o privados, buscan retorno tanto ambiental como financiero.

Países beneficiarios y el papel de Brasil

Brasil ha asumido un papel central en la concepción y lanzamiento del fondo. Fue el primer país que anunció un aporte de 1,000 millones de dólares al TFFF, lo cual activó otros apoyos y estableció un punto de partida para la movilización global.

Su liderazgo es clave porque Brasil posee aproximadamente 497 millones de hectáreas de bosques tropicales, lo que equivale a cerca del 60% de la Amazonía y a 12% de todos los bosques del planeta, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), lo cual le confiere autoridad tanto como interesado como anfitrión del mecanismo.

El destino del fondo contempla más de 70 países tropicales que albergan más de 1,000 millones de hectáreas de bosques húmedos y subtropicales de hoja ancha. Esto significa que países de África, Asia y Latinoamérica podrían ser beneficiarios, siempre y cuando cumplan los criterios de elegibilidad.

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El TFFF fue lanzado oficialmente durante la COP30 con el aval de 53 países que suscribieron la Declaración de Lanzamiento. Brasil espera que este nuevo mecanismo cambie las relaciones de financiación internacional.

Críticas y riesgos

Aunque el fondo se vende como innovador, ya existen voces que advierten sobre sus limitaciones y posibles efectos adversos. Un análisis de Amigos de la Tierra Internacional (FOEI) advierte que el mecanismo podría reproducir desequilibrios: los países forestales asumirían riesgos mientras los inversionistas y los países donantes o financiadores podrían salirse relativamente indemnes.

Otro riesgo radica en que la premisa financiera es optimista: se espera que el fondo llegue a 125,000 millones de dólares, pero hasta el momento los compromisos iniciales son de alrededor de 5,500 millones, lo que abre interrogantes sobre la escalabilidad real del mecanismo y si los mercados de capitales privados estarán dispuestos a participar con la magnitud esperada.

También se plantea que el modelo podría privilegiar los bosques que ya están en buen estado de conservación y que por tanto requieren menor esfuerzo adicional, frente a los territorios más degradados o en proceso de recuperación, lo cual puede dejar fuera a los países o regiones más vulnerables, de acuerdo con WRI.

Además, existe preocupación por la soberanía de los países receptores: aunque se afirma que “los países tendrán soberanía sobre cómo gastar los pagos”, esa soberanía opera dentro de una arquitectura que depende de estándares internacionales de medición, reporte y monitoreo vinculados al mecanismo, dice el instituto.

El Fondo Bosques Tropicales para Siempre plantea una transformación en la manera de financiar la conservación de bosques tropicales al abandonar gradualmente el modelo de donaciones hacia uno de inversión donde la naturaleza se vuelve patrimonio y activo financiero global. Sin embargo, el reto será demostrar que este instrumento puede conciliar tres objetivos simultáneos: salvaguardar los bosques para el bien común, generar incentivos económicos para los países que los albergan y mantener un mecanismo que no reproduzca relaciones de dependencia o desigualdad.

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