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El Cielo Valle de Guadalupe abre camino para un sector vinícola más sostenible en México

La primera bodega vitivinícola certificada como Empresa B en México busca consolidar sus prácticas ambientales y sociales, medir su impacto y afrontar los retos climáticos del sector.
Viñedos orgánicos en Valle de Guadalupe en Baja California
El Cielo Valle de Guadalupe integra prácticas orgánicas, energía solar y reutilización de agua en su operación. (Cortesía)

El cambio climático amenaza a la industria vitivinícola con sequías, temperaturas extremas y lluvias irregulares. En 2024, la producción mundial de vino cayó 5%, a 225.6 millones de hectolitros, su nivel más bajo desde 1961. En Baja California, un estudio proyecta que el calentamiento podría reducir el rendimiento de la uva entre 18% y 35% hacia mediados de siglo, bajo un escenario de altas emisiones, según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y un reporte de la Universidad Autónoma de Baja California.

Ante ese escenario, la empresa vinícola El Cielo Valle de Guadalupe se convirtió en la primera bodega vitivinícola de Baja California y de México en obtener la certificación B Corp, un reconocimiento otorgado por Sistema B a las organizaciones que integran la sostenibilidad ambiental y social en su modelo de negocio.

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Javier Herrero, director de Sistema B México, considera que la certificación de El Cielo, la primera bodega vitivinícola en obtenerla en el país, puede servir como referente para que otras empresas del sector adopten prácticas sostenibles. Además, su incorporación amplía la diversidad de industrias representadas en el movimiento de Empresas B y demuestra que la medición del impacto puede aplicarse a distintos modelos de negocio.

Herrero señala que medir el consumo de agua y energía, reducirlo y gestionar mejor el talento puede generar ahorros y aumentar los ingresos, pues el modelo también facilita el intercambio de conocimientos sobre prácticas como la agricultura regenerativa, tanto entre bodegas de distintos países como entre compañías de otros sectores, para responder de manera conjunta a los desafíos ambientales y sociales.

Por su parte, Gustavo Ortega, socio fundador y director general de El Cielo Valle de Guadalupe, explica que la decisión de la vinícola responde a una estrategia que comenzó antes de obtener el reconocimiento, pues la empresa ya había incorporado paneles solares, sistemas de ahorro de agua, iluminación LED y prácticas agrícolas para reducir el uso de productos químicos.

“Muchas de las cosas ya las estábamos haciendo de manera aislada, pero sentíamos que poder buscar la certificación, una vez que lográramos consolidar lo que hacíamos, nos permitiría tener algo integral”, explica Ortega.

El directivo de la empresa vinícola señala que uno de los principales desafíos para el negocio es la disponibilidad de agua, ya que en el Valle de Guadalupe, la actividad agrícola depende de un recurso limitado, mientras que el aumento de las temperaturas y la variabilidad de las lluvias pueden afectar el desarrollo de las vides.

Frente a estas condiciones, El Cielo ha avanzado hacia un modelo de agricultura regenerativa que busca recuperar la calidad del suelo y mejorar la retención de humedad. La empresa ha recurrido a estudios especializados para modificar prácticas de cultivo, incorporar composta orgánica y carbón vegetal, así como establecer plantaciones de cobertura que favorezcan la actividad de microorganismos.

“Este año, el 100% de nuestros viñedos lo estamos manejando con manejo orgánico. El 70% ya está certificado y el otro 30% que faltaba acaba de entrar en transición a orgánico”, señala Ortega.

El manejo del agua también incluye el uso de coberturas vegetales para reducir la evaporación y competir con otras plantas por la humedad disponible. A estas medidas se suman medidores de humedad en distintas partes del viñedo y monitoreo satelital para mejorar las decisiones de riego. La compañía también reutiliza el agua de su operación hotelera para el mantenimiento de áreas ornamentales y agrícolas.

Ortega destaca que el cambio de mentalidad es uno de los mayores obstáculos para transformar las prácticas agrícolas, debido a la resistencia a modificar métodos tradicionales. Por ello, la empresa ha recurrido a estudios técnicos para respaldar los cambios y mostrar que las nuevas prácticas no necesariamente implican una menor productividad.

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¿Cómo ser una empresa B Corp?

El proceso para obtener la certificación como Empresa B comienza con una evaluación integral del impacto ambiental y social de una compañía. De acuerdo con Javier Herrero, director de Sistema B México, El Cielo respondió más de 170 preguntas sobre cinco áreas: gobernanza, trabajadores, comunidad, medio ambiente y clientes. La evaluación considera aspectos como la ética empresarial, las condiciones laborales, la relación con proveedores y la gestión de recursos como el agua y la energía.

Herrero explica que la herramienta de evaluación se adapta al tamaño y al modelo de negocio de cada organización, con el objetivo de identificar cómo opera y qué efectos genera en sus grupos de interés. Además de responder el cuestionario, las empresas deben respaldar sus prácticas con información y evidencias que permitan verificar su desempeño.

“Una empresa como El Cielo tiene que responder más preguntas vinculadas a su impacto ambiental, desde la gestión del agua, los residuos y las emisiones”, explica Herrero.

En el caso de El Cielo, explica Ortega, el camino hacia la certificación comenzó cuando la empresa conoció el modelo a través de Piper-Heidsieck, marca francesa de champaña cuya distribución asumió en México durante la pandemia. Al investigar el significado del sello, sus directivos identificaron que varias de las prácticas que ya aplicaban coincidían con los criterios del Sistema B. Entre ellas estaban la instalación de paneles solares, la reutilización del agua de su operación hotelera para riego, el uso de iluminación LED y el control biológico de plagas mediante aguilillas de Harris.

El director general de El Cielo resalta que el principal desafío consistió en integrar y documentar esas iniciativas para contar con registros que permitieran evaluar sus resultados. Sin embargo, reconoce que la empresa también aprovechó su experiencia con otras certificaciones que ya tenía y que se enfocada en la cultura laboral para fortalecer su gestión interna. Tras completar la evaluación, El Cielo se convirtió en la primera bodega vitivinícola certificada como Empresa B en México.

“Para nosotros, el reto es seguir haciendo las cosas mejor y aprender de las empresas que son referentes en el sector. Nos sentimos muy orgullosos de formar parte de este movimiento global y de compartir el compromiso de impulsar mejores prácticas empresariales”, destaca Ortega.

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Vino Alimentos orgánicos sostenibilidad, esg, negocios y finanzas

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