Javier Herrero, director de Sistema B México, considera que la certificación de El Cielo, la primera bodega vitivinícola en obtenerla en el país, puede servir como referente para que otras empresas del sector adopten prácticas sostenibles. Además, su incorporación amplía la diversidad de industrias representadas en el movimiento de Empresas B y demuestra que la medición del impacto puede aplicarse a distintos modelos de negocio.
Herrero señala que medir el consumo de agua y energía, reducirlo y gestionar mejor el talento puede generar ahorros y aumentar los ingresos, pues el modelo también facilita el intercambio de conocimientos sobre prácticas como la agricultura regenerativa, tanto entre bodegas de distintos países como entre compañías de otros sectores, para responder de manera conjunta a los desafíos ambientales y sociales.
Por su parte, Gustavo Ortega, socio fundador y director general de El Cielo Valle de Guadalupe, explica que la decisión de la vinícola responde a una estrategia que comenzó antes de obtener el reconocimiento, pues la empresa ya había incorporado paneles solares, sistemas de ahorro de agua, iluminación LED y prácticas agrícolas para reducir el uso de productos químicos.
“Muchas de las cosas ya las estábamos haciendo de manera aislada, pero sentíamos que poder buscar la certificación, una vez que lográramos consolidar lo que hacíamos, nos permitiría tener algo integral”, explica Ortega.
El directivo de la empresa vinícola señala que uno de los principales desafíos para el negocio es la disponibilidad de agua, ya que en el Valle de Guadalupe, la actividad agrícola depende de un recurso limitado, mientras que el aumento de las temperaturas y la variabilidad de las lluvias pueden afectar el desarrollo de las vides.
Frente a estas condiciones, El Cielo ha avanzado hacia un modelo de agricultura regenerativa que busca recuperar la calidad del suelo y mejorar la retención de humedad. La empresa ha recurrido a estudios especializados para modificar prácticas de cultivo, incorporar composta orgánica y carbón vegetal, así como establecer plantaciones de cobertura que favorezcan la actividad de microorganismos.
“Este año, el 100% de nuestros viñedos lo estamos manejando con manejo orgánico. El 70% ya está certificado y el otro 30% que faltaba acaba de entrar en transición a orgánico”, señala Ortega.
El manejo del agua también incluye el uso de coberturas vegetales para reducir la evaporación y competir con otras plantas por la humedad disponible. A estas medidas se suman medidores de humedad en distintas partes del viñedo y monitoreo satelital para mejorar las decisiones de riego. La compañía también reutiliza el agua de su operación hotelera para el mantenimiento de áreas ornamentales y agrícolas.
Ortega destaca que el cambio de mentalidad es uno de los mayores obstáculos para transformar las prácticas agrícolas, debido a la resistencia a modificar métodos tradicionales. Por ello, la empresa ha recurrido a estudios técnicos para respaldar los cambios y mostrar que las nuevas prácticas no necesariamente implican una menor productividad.