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¿Cómo asegurar que cada peso invertido en agua realmente entregue agua segura?

La nueva Ley General de Aguas marca un cambio de rumbo en la forma de entender la seguridad hídrica, pero su impacto dependerá de las decisiones técnicas que se tomen en los próximos años.
vie 27 marzo 2026 06:00 AM
¿Cómo asegurar que cada peso invertido en agua realmente entregue agua segura?
La seguridad del agua no depende solo del tratamiento, sino también de los materiales que acompañan al agua en su recorrido. Tuberías, válvulas, tanques y recubrimientos pueden liberar contaminantes químicos si no son adecuados, apunta Álvaro Somoza. (Foto: iStock)

El 2026 encuentra a México en un punto de inflexión histórico para su seguridad hídrica. Tras la entrada en vigor de la nueva Ley General de Aguas, publicada el 11 de diciembre de 2025 y vigente desde el día siguiente, el país adopta un marco legal que reconoce el acceso, la disposición y el saneamiento del agua como un derecho humano fundamental.

Paralelamente, el Gobierno Federal ha comunicado una expectativa de inversión sin precedentes. Entre 2025 y 2030, se proyecta destinar más de 122,600 millones de pesos para fortalecer sistemas de abastecimiento, saneamiento y modernización de infraestructura hídrica. El Plan Nacional Hídrico complementa este esfuerzo con diagnósticos y lineamientos para orientar mejoras en miles de municipios del país.

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Con un nuevo marco legal y recursos significativos en camino, surge una pregunta decisiva: ¿cómo garantizar que cada peso invertido realmente se traduzca en agua segura para la población?

El riesgo invisible: materiales que contaminan el agua potable

La seguridad del agua no depende solo del tratamiento, sino también de los materiales que acompañan al agua en su recorrido. Tuberías, válvulas, tanques y recubrimientos pueden liberar contaminantes químicos si no son adecuados. Por ello, distintos países recurren a estándares internacionales que evalúan la posible migración de compuestos hacia el agua potable.

Una tendencia global que México debe observar

En los últimos años, distintos países han comenzado a reforzar sus regulaciones sobre sustancias emergentes como los PFAS, compuestos presentes en ciertos materiales industriales y que pueden migrar al agua si no se evalúan adecuadamente. Esta conversación global adquiere relevancia para México justo cuando el país moderniza su marco jurídico y proyecta nuevas inversiones.

Estándares internacionales ya incluyen criterios avanzados para evaluar estos compuestos, proporcionando una referencia técnica útil para autoridades, operadores y empresas que buscan anticipar futuras expectativas sanitarias y construir infraestructura preparada para los desafíos del futuro.

La captación de lluvia, una alternativa viable que también exige seguridad

Soluciones descentralizadas como la captación de agua de lluvia pueden ofrecer alivio rápido en comunidades rurales, escuelas, centros de salud o zonas con suministro irregular. Pero estos sistemas solo funcionan si sus componentes — vierteaguas, recubrimientos o liners — son seguros.

Por ejemplo, el protocolo NSF P151 evalúa precisamente que los materiales utilizados en sistemas de captación de lluvia no liberen contaminantes por encima de los límites establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). En un país cuya nueva Ley General de Aguas garantiza un mínimo vital y prioriza el uso doméstico, estas alternativas seguras pueden ser un complemento relevante.

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Calidad, el valor de cada peso invertido

La expectativa de inversión anunciada es una oportunidad para elevar los estándares de calidad y seguridad en cada obra. Incorporar criterios técnicos internacionales no significa copiar modelos ajenos, sino adoptar herramientas que reducen riesgos, prolongan la vida útil de la infraestructura, optimizan costos operativos y, sobre todo, protegen la salud pública.

En el marco del Día Mundial del Agua, el país tiene un recordatorio oportuno: garantizar agua segura no depende solo de invertir, sino de invertir bien.

La nueva Ley General de Aguas marca un cambio de rumbo en la forma de entender la seguridad hídrica, pero su impacto dependerá de las decisiones técnicas que se tomen en los próximos años. Garantizar agua segura implica elegir materiales confiables, evaluar riesgos y adoptar criterios basados en evidencia para cada componente de la infraestructura.

México llega a esta etapa con una oportunidad histórica. Su éxito dependerá, en gran medida, de algo aparentemente sencillo pero decisivo: qué materiales se seleccionan, cómo se evalúan y bajo qué estándares se integran al sistema hídrico.

Asegurar la calidad del agua es, en esencia, hacer efectivo el derecho humano que el país ha elegido proteger.

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Nota del editor: Alvaro Somoza es Senior Manager Water Latam, NSF. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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Opinión Agua

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