Para la gran mayoría, esta realidad es producto de la modernidad como el internet, la telefonía celular, la Inteligencia Artificial (IA) y los avances tecnológicos en general. Sin embargo, la historia del vehículo eléctrico data del Siglo XIX en Europa y Estados Unidos, como parte de la primera revolución industrial.
Según Wikipedia, la aparición del primer vehículo eléctrico se atribuye a diferentes personas. En 1828, el húngaro Ányos Jedlik creó un pequeño coche alimentado por un modelo embrionario de motor eléctrico; en 1834, Thomas Davenport, herrero de Vermont, construyó un vehículo que operaba en una pista electrificada, en 1835, el profesor Sibrandus Stratingh, de Países Bajos, creó un coche eléctrico a pequeña escala, alimentado por baterías no recargables de celdas electroquímicas.
En 1852, empezó la comercialización de autos eléctricos, que se incrementó hacia 1859, gracias a la aparición de las baterías recargables, de plomo y ácido, viables para el almacenamiento de electricidad, y en 1884 el inventor inglés Thomas Parker, inició la primera producción de coches eléctricos usando sus propias baterías recargables de alta capacidad, preocupado por los efectos del humo y la incipiente contaminación en Londres.
Hacia 1920 este tipo de vehículos entraron en declive debido a sus costos de operación, su baja velocidad y el corto alcance, en comparación con los de combustión interna inventados en 1885 o los de vapor desarrollados en 1769.
En este siglo, lo que los ha hecho resurgir, ahora sí con el apoyo de las modernas tecnologías, es la preocupación por los problemas asociados con el uso de hidrocarburos en vehículos, principalmente los daños al medio ambiente. Pero contrario a los antiguos, los modernos autos eléctricos, además de cero emisiones, tienen una alta eficiencia energética, menor mantenimiento (menos cambios de aceite, menos componentes de desgaste, frenos de larga vida por frenado regenerativo), y son silenciosos (menor contaminación auditiva).
Se considera que el transporte en la Ciudad de México aporta el 45% de las emisiones contaminantes, por ello es bueno saber que muchas flotillas de reparto ya están integradas por vehículos eléctricos. El crecimiento en la circulación de estas unidades puede contribuir a la descontaminación en la Ciudad de México y por ello sería importante impulsar la electrificación de taxis, transporte público y todo tipo de vehículos al servicio del gobierno. Eso es algo en lo que vale la pena invertir y no en poner obstáculos en las vías rápidas, como la ciclo pista en calzada de Tlalpan, que complican la circulación vehicular e incrementan la contaminación.